Templo de la Concordia
El templo de la Concordia que se encuentra en el Foro fue el principal templo de la ciudad dedicado a la diosa de la Concordia. La historia del templo, aunque no confirmada de modo fehaciente, se remonta al principio de la República, hacia el 367 a.C., para celebrar la pacificación entre patricios y plebeyos, tras la aprobación de las leyes que colocaban en pie de igualdad, al menos desde el punto de vista político, a los plebeyos y los patricios. Momento que marca una etapa importante en la lucha de la plebe por obtener un reconocimiento de sus derechos. Pero existen dudas al respecto. Posteriormente se habla de un altar en bronce dedicado a la Concordia, no lejos del lugar donde más tarde se construyó el templo que lo reemplazó y que, al parecer, fue destruido por un rayo.
El templo fue definitivamente establecido o reedificado en 121 a. C. por orden del Senado. Fue dedicado un 22 de julio. La presencia de materiales más antiguos, puede explicarse por la reutilización de materiales de construcción de un edificio próximo al lugar del nuevo templo, y no es necesariamente una prueba de la existencia de un templo más antiguo. El templo se encontraba en el extremo occidental del Foro, al pie de las pendientes de la colina Capitolina, entre el Tabularium al noreste y el templo de Vespasiano al sudoeste. Tras su construcción, el espacio en torno al templo tomó el nombre de “Area Concordiae” en relación con los prodigios que se decían producidos allí.
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| Reconstrucción |
Dedicado a la Concordia, el templo simboliza la unidad del pueblo romano. En este edificio se celebraron algunas reuniones del Senado romano, sobre todo en tiempos de crisis social, donde se trataba los asuntos de los tribunales El podio del templo de época republicana, que daba a la explanada del Foro, fue utilizado como tribuna de arengas por oradores como Cicerón o Julio César.
Fue destruido y restaurado varias veces a lo largo de su historia. Su última restauración, fue entre los años 7 y 10 d. C. bajo el emperador romano Tiberio, para conmemorar su triunfo sobre los germanos. Los trabajos fueron financiados con una parte del botín traído de Germania. Tiberio lo hizo, por un lado, para reapropiarse del símbolo de las victorias del Senado sobre los reformistas y para celebrar o conmemorar la reconciliación de las dos ramas imperiales las julio-claudias con la elección de Calígula como heredero, esto es, subrayar el regreso a la vez a la concordia civil y a la concordia familiar, «respetando la herencia de Augusto».
Tiberio transformó el interior del templo en un verdadero museo. Hizo colocar numerosas obras de arte, sobre todo pinturas y esculturas griegas.
También, al parecer, fue de nuevo restaurado tras un incendio en el 284, y estaba aún al menos parcialmente en pie a principios del siglo VIII pero ya mostraba signos de fragilidad y amenazaba con derrumbarse, pero en el 1450 fue finalmente demolido y sus mármoles fueron utilizados para la fabricación de cal.
El templo ha desaparecido casi por completo en la actualidad. Toda la parte noreste del edificio está hoy en día cubierta por la escalera moderna que permite el acceso al Capitolio.
Desgraciadamente del templo sólo ha perdurado parte del basamento, los cimientos del podio y el umbral de la cella, así como un fragmento de cornisa que está expuesto en una galería del Tabulario y un capitel corintio adornado por carneros en lugar de volutas que se expone en el Forum Antiquarium. Las ruinas visibles son de la época de Augusto y datan de la reconstrucción de Tiberio.
Este templo principal en el
Foro de Roma parece que ha sido el modelo para templos de la diosa Concordia en
otros lugares del imperio. Una reproducción de este templo se encontró
en Mérida (España).
En origen, el templo debió ser de orden
jónico y forma rectangular tradicional de dimensiones modestas con columnas en
tres lados según una forma períptera (sin pórtico posterior). Se
trata del primer templo de influencia helenística construido en el Foro.
Con la reconstrucción
de Tiberio, el templo fue agrandado y adoptó una forma original al tener
la particularidad de estar adosado en su parte posterior al tabularium, a los
pies del Capitolio, por lo que al no poder crecer en esa dirección su cella era mayor su anchura que su profundidad (de
43,5 metros de ancho por 22,7 metros de profundidad), ocupando incluso el
espacio de la demolida basílica Opimia y permitiendo así adaptarse de este modo
mejor al espacio disponible.
A sus pies edificó
Augusto en 20 a.C., el Miliarium Aureum, alrededor del cual estaban
grababas en bronce las distancias entre Roma y las principales ciudades del Imperio.
El pronaos, más estrecho que
la cella con 25,6 metros de ancho y 14,8 metros de profundidad, es
hexástilo corintio, con seis columnas en la fachada, flanqueadas por dos
ventanas abiertas sobre el muro de la cella que iluminaban el
interior y con tres columnas a los lados. Estas columnas tienen un diámetro
de 1,68 metros y están separadas por un espacio de 2,65 metros.
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| Ubicación |
Se accede al templo desde la
explanada del Foro por una escalera de peldaños muy ancha que permitía acceder
al Area Concordiae, luego, por una segunda escalera
que desembocaba en el pronaos, detrás de la alineación de las columnas en
la fachada. El templo estaba enteramente
cubierto de mármol de Carrara.
La representación del templo
sobre un sestercio en bronce permite describir con precisión la estatuaria que
adornaba el edificio tras su reconstrucción augústea.
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| Sexcerticio romano |
Las victorias ocupan
las acróteras laterales inferiores, recordando que el templo fue
construido con el botín tomado a los germanos tras las victorias de
Tiberio y Druso. Por debajo, el tímpano se muestra vacío de todo bajorrelieve.
Un fragmento de la cornisa en
mármol del templo se ha conservado y está hoy en día expuesto en una galería
del Tabulario. Revela una decoración rica en motivos vegetales (hojas de
acanto), con dentículos y modillones. Cada porción del entablamento está
adornada con molduras. La forma de los modillones recuerda a los motivos de la
cornisa del Erecteion de Atenas.
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| Capitel corintio |
La entrada de la cella se
compone de dos grandes bloques de mármol de Portasanta grabados con
un caduceo, emblema de los embajadores y símbolo de reconciliación. Los
muros de la cella estaban cubiertos por mármoles exóticos
polícromos. El muro del fondo estaba dividido en once vanos por unas filas de
columnas corintias de mármol blanco dobladas de pilastras corintias
adosadas. Los capiteles corintios de las columnas presentan un motivo poco
habitual: las cuatro volutas tradicionales de las esquinas están reemplazadas
por dos pares de carneros. Cada vano contiene un nicho ocupado por las estatuas
alegóricas. El nicho del centro del muro opuesto a la entrada, más ancho que
los otros, debió contener una gran estatua representando a la Concordia
sentada sobre un trono y sosteniendo una cornucopia y una pátera. A uno y
otro lado debían estar acompañándola las estatuas de Salus y Fortuna,
respectivamente, repitiendo así la asociación de la cúspide del frontón.
Templo de Vespasiano y Tito
El Templo de Vespasiano y Tito es
un templo dedicado al culto imperial del emperador Vespasiano, deificado por el
Senado poco después de su muerte. El templo lo empezó Tito en el año
79, pero lo terminó su hermano, también emperador, Domiciano, hacia el año
87.
El templo ocupa el extremo norte del lado
occidental del Foro Romano. Se construyó en un espacio exiguo a lo largo
de una carretera en pendiente que sube hacia el Capitolio, entre
el Templo de la Concordia al norte, el Templo de Saturno al
sur y el Tabularium al oeste. Las escaleras de este último edificio
arrancan inmediatamente al norte del templo. Una puerta de acceso fue tapiada
con la construcción. Es posible que el templo fuese dedicado a la vez a Vespasiano
y a Tito bajo la denominación de Templum Vespasiani et Titi, ya que ambos
fueron deificados por decreto por el Senado, Pero, el hecho de que sólo el
nombre de Vespasiano aparezca sobre la inscripción original hace más que
probable que el templo se dedicara sólo al culto a Vespasiano.
La construcción del templo empezó con Tito
poco después de la muerte de su padre Vespasiano ocurrida el 23 de junio del
79.
Tito comenzó la construcción y
presumiblemente terminó los cimientos, elaborados con cemento de toba, una
plataforma de fundación en opus caementicium y una parte
del podio. A la muerte de Tito, Domiciano continuó los trabajos hasta
el año 87.
Transcurrieron siete años entre la
oficialización de la divinización de Vespasiano y la terminación de los
trabajos, un retraso que puede explicarse, por un lado, por la puesta en marcha
de muchos proyectos, y por otro, por las dificultades de orden técnico. En
efecto, la ubicación del templo necesitó la explanación de una zona accidentada
y un trabajo en un espacio restringido.
El templo fue restaurado por Septimio
Severo y Caracalla. En esta restauración se mantuvieron numerosos
elementos de la época Flavia.
Al igual que el resto de los edificios del
Foro, el templo sufrió numerosas vicisitudes como incendios, expolios,
destrozos… incluso estuvo convertido en fortaleza y llegó a formar parte de uno
de los dos jardines traseros pertenecientes a la iglesia de los Santos Sergio y
Baco, situada entre el templo y el arco de Septimio Severo.
Finalmente en el siglo XVI y debido, a la
desaparición de la diaconía de los Santos Sergio y Baco y a la reorganización
de la plaza del Capitolio (Piazza Campidoglio) se produjo el
enterramiento de las ruinas antiguas situadas al pie del Tabularium,
quedando el templo casi cubierto, de tal forma que la parte visible de las
ruinas no permitía identificar el edificio original como un templo.
Las tres columnas que quedaron visibles
fueron objeto de numerosas teorías e interpretadas como parte de
un pórtico de un templo. Y suscitaron un gran interés entre los artistas
que apreciaban la calidad de la decoración arquitectónica del entablamento y de
los capiteles corintios.
En el siglo XVIII se vivió un
interés renacido por las ruinas de la antigua Roma. Se iniciaron entonces
numerosas excavaciones arqueológicas bajo la autoridad de los papas.
Excavaciones que se prolongaron a lo largo de
los siguientes años con resultados diversos y que dieron pie a numerosas
teorías unas más acertadas que otras.
Hoy en día, solamente pueden verse los altos
cimientos conservados contra uno de los muros del Tabularium, el centro
del podio, una pequeña parte de la cella, y tres columnas
corintias en la esquina sureste del pórtico.
Un gran fragmento
del entablamento está expuesto en una de las galerías
del Tabularium. Otros fragmentos de la decoración arquitectónica se
reutilizaron para reconstruir el entablamento soportado por las tres columnas
enderezadas.
El templo tiene una profundidad de 27,75 a 33
metros dependiendo de si se tiene en cuenta o no la escalera frontal y una
anchura de 21 a 22 metros con una superficie de 582,75 m². Es pseudo-períptero
o próstilo hexástilo de orden corintio, es decir, que
la cella está precedida de un pronaos con seis columnas
corintias en la fachada y flanqueada por dos columnas laterales. La pronaos tiene
una anchura de 19,75 metros y una profundidad de 10,25 metros. Las columnas
tenían 14,19 metros de alto de los que 11,79 metros son de fuste acanalado con
un diámetro en la base de 1,57 metros. El intercolumnio lateral de 3,25 metros
es un poco más estrecho que el de la fachada, de 3,65 metros, una diferencia
que puede ser explicada por el espacio estrecho que no permitía desarrollar el
templo en toda su longitud.
El podio tiene 4,2 metros de
alto. Estaba recubierto de mármol y su base y su cornisa están adornadas con
molduras. La escalera monumental que permitía acceder al pronaos estaba
construida de manera inusual, siendo un lado más alto que el otro. Esta
diferencia de nivel es debida al fuerte desnivel de la calzada que no
podía aplanarse. A la izquierda, la diferencia de nivel entre el suelo
del pronaos y la calle es de sólo un metro y se supera con
cuatro peldaños para 3 metros de profundidad. En la derecha, en cambio, del
lado del templo de la Concordia, la diferencia de nivel es mucho más elevada y
se compensaba con una quincena de escalones por 4,5 metros de profundidad. La
falta de espacio igualmente obligó a que los últimos peldaños llegaran hasta
detrás de las columnas de la fachada y los últimos escalones se insertaban en
los estilóbatos de las columnas.
El entablamento tiene una
altura de 3,012 metros, rematado por un frontón de 6,15 metros de alto y 12,85
metros de ancho con un tímpano de 1,75 metros de alto. Está compuesto por
un arquitrabe a tres bandas adornadas con filas de perlas, con un
friso por encima adornado con relieves. Encima del friso, la cornisa se compone
de líneas de dentellones, de ovas y de modillones. Entre
los dentellones se ha insertado como motivo un doble anillo típico de las
construcciones del reinado de Domiciano.
En origen, el entablamento es
idéntico por todos los lados del templo, con la excepción de la dedicatoria
original colocada en el centro del friso de la fachada. El entablamento fue
modificado con la restauración de tiempos de los Severos pues el arquitrabe y
el friso fueron cubiertos por entero con una placa epigráfica portando una
inscripción dedicatoria. Su transcripción:
DIVO • VESPASIANO • AVGVSTO • S
P Q R • IMPP • CAESS • SEVERVS • ET • ANTONINVS • PII • FELIC • AVGG •
RESTITVER
«Al divino Vespasiano Augusto,
el Senado y el Pueblo romano» «Los emperadores César Severo y
Antonino Pío y afortunados Augustos, restauraron [este templo].»
A los lados del templo, el
friso del entablamento está adornado con motivos complejos: bucráneos (adorno
en forma de osamenta) coronados por
una ínfula, alineados con las columnas laterales, encuadran una serie de
instrumentos utilizados en las ceremonias de sacrificios o como símbolos de los
diferentes colegios religiosos de Roma: el ápex o galerus
(sombrero de los flamines), el aspergillum (para rociar agua), el urceus
(jarra), el culter (cuchillo para el sacrificio), la patera (plato para
sacrificio), el securis o hacha y el malleus
o martillo de sacrificios, …. Se trataba de representar la pietas,
una de las principales virtudes políticas y civiles romanas.
La cella, casi cuadrada,
tiene 19 metros de ancho por 18 metros de profundidad. Es espaciosa y ricamente
decorada. Los muros de travertino quedan disimulados detrás de placas
de mármol. Los muros laterales tienen una pauta de una serie de seis columnas
de 0,4 metros de diámetro recubiertos por mármoles coloreados procedentes de
las provincias orientales del Imperio, separadas por 2,25 metros.
Están realzadas por un podio de 1,35 metros de alto y 0,95 metros de ancho
recubierto de mármol blanco por el dorso y de mármol pavonazzetto por
la cara.
Una estatua de culto colosal
de Vespasiano en mármol se erigió sobre un pedestal colocado en un
edículo de 9 metros de ancho y una profundidad de 3 metros que se apoya contra
el muro del fondo en ladrillo recubierto de mármoles coloreados. Las columnas
del edículo tienen un diámetro de 0,7 metros y los capiteles adornados
por victorias y trofeos. El podio del edículo de 6,85 metros de ancho
y 5,75 metros de largo, al que se podía acceder gracias a dos pequeñas
escaleras laterales, es aún visible en parte hoy en día. Sólo se han recuperado
restos en mármol y travertino de pedestal y la cabeza de la estatua. Los
fragmentos están hoy en día conservados en el Museo Arqueológico
Nacional de Nápoles con los fragmentos de otra estatua colosal
representando a Tito.
Comitium y Curia
La Curia
A pesar de su nombre, que
podría hacer pensar en un edificio de uso religioso, la Curia era
la sede del Senado.
El término curia indicaba en
Roma un lugar de reunión. El edificio debe su nombre a las asambleas de los «curiados»,
los ciudadanos seleccionados a partir del censo, que tenían lugar en el
Comicio.
La Curia Julia es una de las
pocas estructuras romanas que han sobrevivido hasta los tiempos modernos de
manera casi intacta.
Se cree que
todo comenzó durante el reinado de Rómulo cuando las tribus enfrentadas depusieron las armas y se
reunieron en un templo de origen etrusco.
Ese templo, a principios de la monarquía, se usó por los senadores que actuaban
como consejeros del rey y luego los senadores, durante la República, época en
la que el Senado era el mayor poder legislativo, Se cree que Tulio Hostilio,
tercer rey de Roma en el siglo VI a. C., reemplazó la estructura original después de
que el fuego destruyera el antiguo templo, creando la
primera curia de Roma, la Curia
Hostilia. Pero, se sabe relativamente poco de la Curia Hostilia
originaria, lo más destacado era que se encontraba junto al comitium, hoy en
día se encuentra hoy bajo la iglesia de los santos Lucas y Martina.
Esta antigua curia fue ampliada
en el año 80 a. C. por Lucio Cornelio Sila durante su renovación
del comitium para acoger a una asamblea que alcanzaba los 600
senadores. Se trata de la Curia Cornelia, ubicada en casi el mismo espacio
que la anterior.
Dañada, la curia Cornelia, por
un incendio en el 52 a.C., Julio César inició su reconstrucción en el 44 a.C. César trasladando la curia desde su
emplazamiento primigenio a su actual ubicación, dentro de un gran proyecto que
pretendía reorganizar la zona del Comitium y la construcción de un
nuevo foro personal que se alzara sobre las ruinas de la Curia
Hostilia. La nueva curia, la hizo edificar en las proximidades,
modificando su orientación, un nuevo edificio para acoger las
reuniones del Senado, la Curia Julia, una estructura más imponente, que en
la forma de restauraciones sucesivas ha sobrevivido hasta hoy.
La nueva curia adoptó su nombre
cambiando su denominación a Curia Julia. Su asesinato tuvo lugar el mismo año,
pero en otra curia, en la Curia de Pompeyo, situada entre la actual Plaza del
Teatro di Pompeo y el Largo de Torre Argentina.
El trabajo fue terminado en el
29 a. C. por Augusto pero ya en el 94 d. C. en época de Domiciano se llevó a
cabo la primera restauración, a la que siguió una intervención más importante
realizada por Diocleciano tras el desastroso incendio del 238 d. C. De esta
restauración aún pueden verse restos en el interior.
Los dos rasgos principales del
interior de la Curia Julia son su «Altar de la Victoria» y su sorprendente
suelo, un maravilloso pavimento de opus sectile (especie
de mosaico con piezas grandes, planas y de mármol u otros materiales formando
imágenes de dibujos).
Los muros estaban también
revestidos de mármol hasta los dos tercios y decorados con tres nichos
encuadrados de columnillas de alabastro policromado para acoger
estatuas.
El aula estaba dividida en tres
sectores. La sala principal tiene 18
metros de ancho por 21 de largo y 21 de alto, con tres escalones
anchos y bajos a la derecha y a la izquierda, con cinco filas de sillas, donde
estaban situados los trescientos asientos (las sillas curules) de los
senadores. Este gran espacio interior respetaba las proporciones recomendadas
por Vitruvio para las curias. La altura (21 m) era aproximadamente la mitad de
la suma entre la longitud y la anchura. Detrás
de esta sala, una segunda sala estaba probablemente destinada a las reuniones a
puerta cerrada. Y había una tercera sala, llamada chalcidicum o atrium
Minervae añadida en la reconstrucción de la época de Domiciano.
Al fondo, un
pequeño podio sostiene una base adosada al muro. Se supone que esta
base era el pedestal del “Altar de la Victoria” que consistía en una estatua de
oro de la Victoria sosteniéndose sobre un globo y
extendiendo una corona de laurel. Este
altar fue colocado en la Curia por Octavio Augusto para
conmemorar la potencia militar de Roma, y más específicamente su propia
victoria en la batalla de Accio en el año 31 a. C.
Dos puertas encuadraban esta
base y formaban un pequeño patio rodeado de columnas. Allí se encontraba una
estatua de pórfido representando a un hombre con una toga, sin
cabeza ni brazos, que debieron ser las piezas obtenidas de una piedra de color
diferente. La calidad de la ejecución y la riqueza de la piedra hacen pensar
que se trataba de una estatua de un emperador,
posiblemente Trajano o Adriano. En este patio hay hoy en día una
base con la inscripción en honor de Aecio.
Por fuera, el monumento se
presenta como un gran edificio con fachada
de hormigón con cubierta de ladrillo con gruesos
contrafuertes en cada ángulo. Un
edificio con formas austeras, caracterizado por los tímpanos de las fachadas
delantera y trasera.
La fachada delantera presentaba
una parte baja cubierta por lascas marmóreas y una parte superior almohadillada
en estuco con imitación de bloques de mármol blanco. Debajo de las grandes
ventanas se observa una serie de orificios cuadrados, indicios de los puntos de
inserción de las vigas de un pórtico y, a los lados del portal, las huellas
rectangulares dejadas por sepulturas colocadas en la Edad Media, cuando en el
edificio se estableció la iglesia de San Adriano fundada en el siglo VI y todo
el área de tránsito estaba situada en un nivel más alto. Es esto
lo que salvó al edificio del abandono y de la destrucción. Se estableció un
convento en torno a esta iglesia. De este periodo subsisten restos de pinturas
de tema religioso en el primer nicho a la derecha de la entrada. Aunque
entre 1930 y 1936 se despojó al edificio de sus añadidos cristianos para
devolver a la curia el aspecto que aproximadamente pudo tener en época de su
reconstrucción por Diocleciano. De esta época son el tejado, las
elevaciones superiores de los muros laterales y la fachada posterior.
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| Reconstrucción |
La anchura relativamente débil
de los muros, con la excepción de los contrafuertes en los ángulos del
edificio, permite inferir que la cubierta del edificio ería un tejado que
reposaba sobre una estructura de madera.
Un simple tramo de escaleras lleva
a las puertas de bronce. Las puertas actuales son réplicas modernas; las
originales se llevaron a la basílica de San Juan de Letrán en el año
1660.
En las paredes, en especial en
la de entrada, se pueden ver los restos de fragmentos pictóricos de época
bizantina como testimonio del periodo de transformación del edificio en
iglesia. En la Curia, se expone la estatua de pórfido del hombre en toga
y los anaglifos de Trajano, bajorrelieves que conmemoran los beneficios
del emperador.
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| Anaglifos de Trajano |
El comitium
El Comitium fue un espacio público
de reunión a cielo abierto de la Antigua Roma, y tuvo un enorme significado religioso y profético.
La ubicación del Comitium en la esquina noroeste del Foro
Romano se perdió con el desarrollo de la ciudad, pero fue redescubierto y
excavado por los arqueólogos a principios del siglo XX.
El Comitium fue uno
de los espacios políticos más importantes de la Roma republicana. Su nombre
proviene del verbo latino “coire”, que
significa «reunirse». Esto tiene sentido si, de hecho, las teorías sobre el
Comitium como lugar de reunión en el período monárquico son ciertas,
pero sin duda refleja el papel que desempeñó durante la República. La Asamblea
del Curiado romano, de carácter étnico, se reunía aquí, al igual que la más
conocida Asamblea Tribal, que votaba para elegir cuestores y ediles y para
aprobar leyes.
La Curia Hostilia
ocupaba gran parte del límite norte del Comitium. El límite sur del Comitium
era la tribuna de los oradores. Parece ser que existía un podio de piedra aquí desde
principios del siglo V a. C., pero no recibió su nombre actual, los Rostra, hasta
mediados del siglo IV.Si bien esta área del
Foro, que incluye la Curia Hostilia y la Rostra, suele denominarse
colectivamente Comitium, el Comitium propiamente dicho era el espacio de reunión
situado entre la Curia y los Rostra.
El Comitium quedaba enfrente de la
casa de reunión del Senado Romano - la entonces existente Curia
Julia y su predecesora, la Curia Hostilia -. La mayor parte de
las ciudades romanas tenían un Comitium similar para
reuniones públicas o asambleas para elecciones, consejos
y tribunales.
El Comitium, como parte del
Foro, fue el lugar de gran parte de la
actividad política y judicial de la Roma republicana.
Los romanos, con el paso del tiempo,
tendieron a organizar sus necesidades en ubicaciones específicas dentro de la
ciudad, pero el Comitium siguió teniendo importancia para elecciones
formales de algunos magistrados; sin embargo, conforme la importancia de éstos
decayó tras el final de la república y la llegada del Impero, lo mismo ocurrió
con la importancia del Comitium.
El primer uso del Comitium como una
zona de asamblea política, junto con los mismos comienzos de Roma, es algo
borroso que se hunde y difumina en la leyenda.
En el Comitium se ha encontrado
un cippus o pedestal inscrito que se remonta al 450 a. C. Esta
inscripción informa a los ciudadanos de sus deberes cívicos. Los tribunales
romanos se celebraban en el Comitium antes de que se aceptase
cualquier otra ubicación. Con el tiempo, tales juicios se trasladarían a las
basílicas o al foro, excepto para los asuntos más complejos.
El Comitium tenía una serie de
estructuras de madera que serían desmontadas durante la temporada de
inundaciones. Tanto el Foro como el Comitium se usaron para espectáculos
públicos.
Su forma y apariencia
han resultado difíciles de determinar con certeza. Una reconstrucción
popular sugiere que, desde principios
del siglo III a. C., el Comitium era un área circular escalonada y trazada por Rómulo
usando la adivinación.
Comitium cubría un área de aproximadamente
una hectárea, con lados largos que medían aproximadamente 90 metros. Tres veces
al año —el 24 de febrero, el 24 de marzo y el 24 de mayo— el rey, o, después de
la caída de los Tarquinios, el Rex sacrorum republicano, realizaba ceremonias
en el Comitium. El verdadero significado de estas ceremonias era oscuro, como
el hecho de que, una vez terminada la ceremonia, el rex huía apresuradamente
del Comitium como un fugitivo.
Sin embargo,
recientemente, los estudiosos han señalado la evidencia en contra de un
Comitium circular y han defendido una forma más triangular. Dado que su forma
es incierta, no existe un consenso firme sobre cuántas personas podía albergar
el Comitium; las estimaciones varían entre 1000 y 20 000 y, naturalmente,
dependen de cómo se conciba la forma del espacio. Esta tríada — Curia, Comitium
y Rostra — dominaba
el complejo.

La política no era el
único asunto que se trataba en el Comitium. El Comitium albergaba los
tribunales y juicios de Roma. En el lado oriental del Comitium estaba bordeado
por otra plataforma, el tribunal pretoriano, donde los pretores escuchaban los
casos legales y publicaban los edictos pretorianos.
Por ello, el Comitium
era obviamente un espacio que celebraba los derechos y la participación del
pueblo. El Comitium era un lugar donde el gobierno se comunicaba con el pueblo
y viceversa. De hecho, cuando el Senado tomaba una decisión sobre un asunto
determinado, un representante tenía que cruzar el Comitium para subir a
la Rostra e
informar de las decisiones tomadas. Los rostra eran el lugar más prestigioso en
Roma desde el cual hablar.
En un plano
simbólico, pues, el espacio del Comitium era fundamental para la constitución
romana.
Sin embargo el número
de personas que cabían en el Comitium cada vez se fue reduciendo más, frente al
de otros espacios del Foro- Además a medida que la necesidad de más espacio
para los juicios se hizo más apremiante, las basílicas del Foro también
albergaron los tribunales hasta prácticamente absorber esta actividad. Razones
por las que la influencia y el estatus del Comitium fueron quedando en algo más
ceremonial que práctico.
El Comitium quedó reducido de
tamaño dos veces seguidas, primero por Sila y luego por Julio
César que también lo mandó nivelar. Y a mediados del siglo II a. C., la multitud en el Foro superaba
tan ampliamente en número a la del Comitium que los oradores de la República tardía darían la espalda a la
Curia y a las personas que estaban dentro del Comitium y dirigirían
su discurso a la multitud en el Foro utilizando los rostras.
El Comitium estaba
abierto hacia el Foro, en el límite donde estaban los monumentos y las estatuas
que atestiguaban los acontecimientos políticos y el reconocimiento de romanos
famosos.
Cuando creció la población, ya no entraban todos
los romanos en el Comitium.
Durante el período medieval
el Comitium se había convertido en un cementerio cristiano y parte de
la Curia se convirtió en catacumbas. Consecuentemente, más de 400 cuerpos fueron
desenterrados y trasladados durante la excavación. Ninguna gran excavación del
Comitium se emprendió hasta principios del siglo XX (entre 1899 y 1903
descubrieron el Lapis Niger (la «Piedra negra») así como otros
objetos al tiempo que excavaban en el Comitium.
El Comitium estaba pavimentado con
bloques de travertino y se extiendía hasta y alrededor de la Lapis Niger, que, aunque al mismo nivel, está
protegida en, al menos, dos lados por una especie de bordillo. Este pavimento
del Comitium se extiende hasta un punto directamente opuesto al medio
del arco de Severo, y acaba justo detrás del Lapis Niger con un muro frontal
curvado, que está él mismo construido sobre un pavimento de Toba más antiguo.
Más atrás también descansa sobre estructuras más antiguas. Evidentemente,
habían construido sobre parte del Comitium en un período posterior en
algo de la misma manera que la basílica Emilia.


































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