martes, 24 de marzo de 2026

Una semana en Roma. Segundo día. Parte VI. El Foro

 Templo de la Concordia  

El templo de la Concordia que se encuentra en el Foro fue el principal templo de la ciudad dedicado a la diosa de la Concordia. La historia del templo, aunque no confirmada de modo fehaciente, se remonta al principio de la República, hacia el 367 a.C., para celebrar la pacificación entre patricios y plebeyos, tras la aprobación de las leyes que colocaban en pie de igualdad, al menos desde el punto de vista político, a los plebeyos y los patricios. Momento que marca una etapa importante en la lucha de la plebe por obtener un reconocimiento de sus derechos. Pero existen dudas al respecto. Posteriormente se habla de un altar en bronce dedicado a la Concordia, no lejos del lugar donde más tarde se construyó el templo que lo reemplazó y que, al parecer, fue destruido por un rayo. 
El templo fue definitivamente establecido o reedificado en 121 a. C. por orden del Senado. Fue dedicado un 22 de julio. La presencia de materiales más antiguos, puede explicarse por la reutilización de materiales de construcción de un edificio próximo al lugar del nuevo templo, y no es necesariamente una prueba de la existencia de un templo más antiguo. El templo se encontraba en el extremo occidental del Foro, al pie de las pendientes de la colina Capitolina​, entre el Tabularium al noreste y el templo de Vespasiano al sudoeste. Tras su construcción, el espacio en torno al templo tomó el nombre de “Area Concordiae” en relación con los prodigios que se decían producidos allí.
Reconstrucción
Dedicado a la Concordia, el templo simboliza la unidad del pueblo romano. En este edificio se celebraron algunas reuniones del Senado romano, sobre todo en tiempos de crisis social, donde se trataba los asuntos de los tribunales El podio del templo de época republicana, que daba a la explanada del Foro, fue utilizado como tribuna de arengas por oradores como Cicerón o Julio César.
Fue destruido y restaurado varias veces a lo largo de su historia. Su última restauración, fue entre los años 7 y 10 d. C. bajo el emperador romano Tiberio, para conmemorar su triunfo sobre los germanos. Los trabajos fueron financiados con una parte del botín traído de Germania. Tiberio lo hizo, por un lado,​ para reapropiarse del símbolo de las victorias del Senado sobre los reformistas y para celebrar o conmemorar la reconciliación de las dos ramas imperiales las julio-claudias con la elección de Calígula como heredero, esto es, subrayar el regreso a la vez a la concordia civil y a la concordia familiar, «respetando la herencia de Augusto».
Tiberio transformó el interior del templo en un verdadero museo. Hizo colocar numerosas obras de arte, sobre todo pinturas y esculturas griegas.
También, al parecer, fue de nuevo restaurado tras un incendio en el 284, y estaba aún al menos parcialmente en pie a principios del siglo VIII pero ya mostraba signos de fragilidad y amenazaba con derrumbarse, pero en el 1450 fue finalmente demolido y sus mármoles fueron utilizados para la fabricación de cal.
El templo ha desaparecido casi por completo en la actualidad. Toda la parte noreste del edificio está hoy en día cubierta por la escalera moderna que permite el acceso al Capitolio.
Desgraciadamente del templo sólo ha perdurado parte del basamento, los cimientos del podio y el umbral de la cella, así como un fragmento de cornisa que está expuesto en una galería del Tabulario y un capitel corintio adornado por carneros en lugar de volutas que se expone en el Forum Antiquarium. Las ruinas visibles son de la época de Augusto y datan de la reconstrucción de Tiberio.
Este templo principal en el Foro de Roma parece que ha sido el modelo para templos de la diosa Concordia en otros lugares del imperio. Una reproducción de este templo se encontró en Mérida (España).
En origen, el templo debió ser de orden jónico y forma rectangular tradicional de dimensiones modestas con columnas en tres lados según una forma períptera  (sin pórtico posterior). Se trata del primer templo de influencia helenística construido en el Foro.
Con la reconstrucción de Tiberio, el templo fue agrandado y adoptó una forma original al tener la particularidad de estar adosado en su parte posterior al tabularium, a los pies del Capitolio, por lo que al no poder crecer en esa dirección su cella  era mayor su anchura que su profundidad (de 43,5 metros de ancho por 22,7 metros de profundidad​), ocupando incluso el espacio de la demolida basílica Opimia y permitiendo así adaptarse de este modo mejor al espacio disponible​.
A sus pies edificó Augusto en 20 a.C., el Miliarium Aureum, alrededor del cual estaban grababas en bronce las distancias entre Roma y las principales ciudades del Imperio.
El pronaos, más estrecho que la cella con 25,6 metros de ancho y 14,8 metros de profundidad​, es hexástilo corintio, con seis columnas en la fachada, flanqueadas por dos ventanas abiertas sobre el muro de la cella que iluminaban el interior y con tres columnas a los lados. Estas columnas tienen un diámetro de 1,68 metros y están separadas por un espacio de 2,65 metros.
Ubicación
Se accede al templo desde la explanada del Foro por una escalera de peldaños muy ancha que permitía acceder al Area Concordiae, luego, por una segunda escalera que desembocaba en el pronaos, detrás de la alineación de las columnas en la fachada. El templo estaba enteramente cubierto de mármol de Carrara.
La representación del templo sobre un sestercio en bronce permite describir con precisión la estatuaria que adornaba el edificio tras su reconstrucción augústea.
Sexcerticio romano
Se percibe en medio de las columnas del 
pronaos la figura sentada de la Concordia, flanqueada por estatuas de Mercurio llevando el caduceo de la paz y Hércules, «héroe civilizador», guardianes del santuario. La cumbre del frontón está decorada con un grupo de tres estatuas que podrían identificarse con la tríada capitolina compuesta por Júpiter, Juno y Minerva. Podría igualmente tratarse de un grupo de tres diosas ya que la postura recuerda a la de las tres Gracias: Concordia rodeada por  Salus y Fortuna​, o por Ceres y Diana, o Honos y Virtus, o incluso Tiberio y Druso​ según interpretaciones.
Las victorias ocupan las acróteras laterales inferiores, recordando que el templo fue construido con el botín tomado a los germanos tras las victorias de Tiberio y Druso. Por debajo, el tímpano se muestra vacío de todo bajorrelieve.
Un fragmento de la cornisa en mármol del templo se ha conservado y está hoy en día expuesto en una galería del Tabulario. Revela una decoración rica en motivos vegetales (hojas de acanto), con dentículos y modillones. Cada porción del entablamento está adornada con molduras. La forma de los modillones recuerda a los motivos de la cornisa del Erecteion de Atenas.
Capitel corintio
La entrada de la cella se compone de dos grandes bloques de mármol de Portasanta grabados con un caduceo, emblema de los embajadores y símbolo de reconciliación. Los muros de la cella estaban cubiertos por mármoles exóticos polícromos. El muro del fondo estaba dividido en once vanos por unas filas de columnas corintias de mármol blanco dobladas de pilastras corintias adosadas. Los capiteles corintios de las columnas presentan un motivo poco habitual: las cuatro volutas tradicionales de las esquinas están reemplazadas por dos pares de carneros. Cada vano contiene un nicho ocupado por las estatuas alegóricas. El nicho del centro del muro opuesto a la entrada, más ancho que los otros, debió contener una gran estatua representando a la Concordia​ sentada sobre un trono y sosteniendo una cornucopia y una pátera. A uno y otro lado debían estar acompañándola las estatuas de Salus y Fortuna, respectivamente, repitiendo así la asociación de la cúspide del frontón​.

Templo de Vespasiano y Tito

El Templo de Vespasiano y Tito  es un templo dedicado al culto imperial del emperador Vespasiano, deificado por el Senado poco después de su muerte. El templo lo empezó Tito en el año 79, pero lo terminó su hermano, también emperador, Domiciano, hacia el año 87.
El templo ocupa el extremo norte del lado occidental del Foro Romano. Se construyó en un espacio exiguo a lo largo de una carretera en pendiente que sube hacia el Capitolio, entre el Templo de la Concordia al norte, el Templo de Saturno al sur y el Tabularium al oeste. Las escaleras de este último edificio arrancan inmediatamente al norte del templo. Una puerta de acceso fue tapiada con la construcción. Es posible que el templo fuese dedicado a la vez a Vespasiano y a Tito bajo la denominación de Templum Vespasiani et Titi, ya que ambos fueron deificados por decreto por el Senado, Pero, el hecho de que sólo el nombre de Vespasiano aparezca sobre la inscripción original hace más que probable que el templo se dedicara sólo al culto a Vespasiano​.
La construcción del templo empezó con Tito poco después de la muerte de su padre Vespasiano ocurrida el 23 de junio del 79.
Tito comenzó la construcción y presumiblemente terminó los cimientos, elaborados con cemento de toba, una plataforma de fundación en opus caementicium y una parte del podio. ​ A la muerte de Tito, Domiciano continuó los trabajos hasta el año 87.
Transcurrieron siete años entre la oficialización de la divinización de Vespasiano y la terminación de los trabajos, un retraso que puede explicarse, por un lado, por la puesta en marcha de muchos proyectos, y por otro, por las dificultades de orden técnico. En efecto, la ubicación del templo necesitó la explanación de una zona accidentada y un trabajo en un espacio restringido.
El templo fue restaurado por Septimio Severo y Caracalla. En esta restauración se mantuvieron numerosos elementos de la época Flavia.
Al igual que el resto de los edificios del Foro, el templo sufrió numerosas vicisitudes como incendios, expolios, destrozos… incluso estuvo convertido en fortaleza y llegó a formar parte de uno de los dos jardines traseros pertenecientes a la iglesia de los Santos Sergio y Baco, situada entre el templo y el arco de Septimio Severo.
Finalmente en el siglo XVI y debido, a la desaparición de la diaconía de los Santos Sergio y Baco y a la reorganización de la plaza del Capitolio (Piazza Campidoglio) se produjo el enterramiento de las ruinas antiguas situadas al pie del Tabularium, quedando el templo casi cubierto, de tal forma que la parte visible de las ruinas no permitía identificar el edificio original como un templo.
Las tres columnas que quedaron visibles fueron objeto de numerosas teorías e interpretadas como parte de un pórtico de un templo. Y suscitaron un gran interés entre los artistas que apreciaban la calidad de la decoración arquitectónica del entablamento y de los capiteles corintios.
En el siglo XVIII se vivió un interés renacido por las ruinas de la antigua Roma. Se iniciaron entonces numerosas excavaciones arqueológicas bajo la autoridad de los papas.
Excavaciones que se prolongaron a lo largo de los siguientes años con resultados diversos y que dieron pie a numerosas teorías unas más acertadas que otras.
Hoy en día, solamente pueden verse los altos cimientos conservados contra uno de los muros del Tabularium, el centro del podio, una pequeña parte de la cella, y tres columnas corintias en la esquina sureste del pórtico.
Un gran fragmento del entablamento está expuesto en una de las galerías del Tabularium. Otros fragmentos de la decoración arquitectónica se reutilizaron para reconstruir el entablamento soportado por las tres columnas enderezadas.
El templo tiene una profundidad de 27,75 a 33 metros dependiendo de si se tiene en cuenta o no la escalera frontal y una anchura de 21 a 22 metros​ con una superficie de 582,75 m². Es pseudo-períptero o próstilo hexástilo de orden corintio, es decir, que la cella está precedida de un pronaos con seis columnas corintias en la fachada y flanqueada por dos columnas laterales. La pronaos tiene una anchura de 19,75 metros y una profundidad de 10,25 metros. Las columnas tenían 14,19 metros de alto de los que 11,79 metros son de fuste acanalado con un diámetro en la base de 1,57 metros. El intercolumnio lateral de 3,25 metros es un poco más estrecho que el de la fachada, de 3,65 metros, una diferencia que puede ser explicada por el espacio estrecho que no permitía desarrollar el templo en toda su longitud.
El podio tiene 4,2 metros de alto. Estaba recubierto de mármol y su base y su cornisa están adornadas con molduras. La escalera monumental que permitía acceder al 
pronaos estaba construida de manera inusual, siendo un lado más alto que el otro. Esta diferencia de nivel es debida al fuerte desnivel de la calzada que no podía aplanarse. A la izquierda, la diferencia de nivel entre el suelo del pronaos y la calle es de sólo un metro y se supera con cuatro peldaños para 3 metros de profundidad. En la derecha, en cambio, del lado del templo de la Concordia, la diferencia de nivel es mucho más elevada y se compensaba con una quincena de escalones por 4,5 metros de profundidad. La falta de espacio igualmente obligó a que los últimos peldaños llegaran hasta detrás de las columnas de la fachada y los últimos escalones se insertaban en los estilóbatos de las columnas.
El entablamento tiene una altura de 3,012 metros, rematado por un frontón de 6,15 metros de alto y 12,85 metros de ancho con un tímpano de 1,75 metros de alto. Está compuesto por un arquitrabe a tres bandas adornadas con filas de perlas, con un friso por encima adornado con relieves. Encima del friso, la cornisa se compone de líneas de dentellones, de ovas y de modillones. Entre los dentellones se ha insertado como motivo un doble anillo típico de las construcciones del reinado de Domiciano.
En origen, el entablamento es idéntico por todos los lados del templo, con la excepción de la dedicatoria original colocada en el centro del friso de la fachada. El entablamento fue modificado con la restauración de tiempos de los Severos pues el arquitrabe y el friso fueron cubiertos por entero con una placa epigráfica portando una inscripción dedicatoria. Su transcripción:
DIVO • VESPASIANO • AVGVSTO • S P Q R • IMPP • CAESS • SEVERVS • ET • ANTONINVS • PII • FELIC • AVGG • RESTITVER
«Al divino Vespasiano Augusto, el Senado y el Pueblo romano» «Los emperadores César Severo y Antonino Pío y afortunados Augustos, restauraron [este templo].»
A los lados del templo, el friso del entablamento está adornado con motivos complejos: bucráneos (adorno en forma de osamenta)
  coronados por una ínfula, alineados con las columnas laterales, encuadran una serie de instrumentos utilizados en las ceremonias de sacrificios o como símbolos de los diferentes colegios religiosos de Roma: el ápex o galerus (sombrero de los flamines), el aspergillum (para rociar agua),  el urceus (jarra), el culter (cuchillo para el sacrificio), la patera (plato para sacrificio), el securis o hacha y el  malleus o martillo de sacrificios, …. Se trataba de representar la pietas, una de las principales virtudes políticas y civiles romanas.
La cella, casi cuadrada, tiene 19 metros de ancho por 18 metros de profundidad.
Es espaciosa y ricamente decorada. Los muros de travertino quedan disimulados detrás de placas de mármol. Los muros laterales tienen una pauta de una serie de seis columnas de 0,4 metros de diámetro recubiertos por mármoles coloreados procedentes de las provincias orientales del Imperio, separadas por 2,25 metros
​. Están realzadas por un podio de 1,35 metros de alto y 0,95 metros de ancho recubierto de mármol blanco por el dorso y de mármol pavonazzetto por la cara.
Una estatua de culto colosal de Vespasiano en mármol se erigió sobre un pedestal colocado en un edículo de 9 metros de ancho y una profundidad de 3 metros que se apoya contra el muro del fondo en ladrillo​ recubierto de mármoles coloreados. Las columnas del edículo tienen un diámetro de 0,7 metros y los capiteles adornados por victorias y trofeos. El podio del edículo de 6,85 metros de ancho y 5,75 metros de largo, al que se podía acceder gracias a dos pequeñas escaleras laterales, es aún visible en parte hoy en día. Sólo se han recuperado restos en mármol y travertino de pedestal y la cabeza de la estatua. Los fragmentos están hoy en día conservados en el Museo Arqueológico Nacional de 
Nápoles con los fragmentos de otra estatua colosal representando a Tito.

Comitium y Curia

La Curia
A pesar de su nombre, que podría hacer pensar en un edificio de uso religioso, la Curia era la sede del Senado.
El término curia indicaba en Roma un lugar de reunión.
El edificio debe su nombre a las asambleas de los «curiados», los ciudadanos seleccionados a partir del censo, que tenían lugar en el Comicio.
La Curia Julia es una de las pocas estructuras romanas que han sobrevivido hasta los tiempos modernos de manera casi intacta.  
Se cree que todo comenzó durante el reinado de Rómulo cuando las tribus enfrentadas depusieron las armas y se reunieron en un templo de origen etrusco. Ese templo, a principios de la monarquía, se usó por los senadores que actuaban como consejeros del rey y luego los senadores, durante la República, época en la que el Senado era el mayor poder legislativo, Se cree que Tulio Hostilio, tercer rey de Roma en el siglo VI a. C.,  reemplazó la estructura original después de que el fuego destruyera el antiguo templo, creando la primera curia de Roma, la Curia Hostilia. Pero, se sabe relativamente poco de la Curia Hostilia originaria, lo más destacado era que se encontraba junto al comitium, hoy en día se encuentra hoy bajo la iglesia de los santos Lucas y Martina.
Esta antigua curia fue ampliada en el año 80 a. C. por Lucio Cornelio Sila durante su renovación del comitium para acoger a una asamblea que alcanzaba los 600 senadores. Se trata de la Curia Cornelia, ubicada en casi el mismo espacio que la anterior.
Dañada, la curia Cornelia, por un incendio en el 52 a.C., Julio  César inició su reconstrucción en el 44 a.C. César trasladando la curia desde su emplazamiento primigenio a su actual ubicación, dentro de un gran proyecto que pretendía reorganizar la zona del Comitium y la construcción de un nuevo foro personal que se alzara sobre las ruinas de la Curia Hostilia. La nueva curia, la hizo edificar en las proximidades, modificando su orientación, un nuevo edificio para acoger las reuniones del Senado, la Curia Julia, una estructura más imponente, que en la forma de restauraciones sucesivas ha sobrevivido hasta hoy.
La nueva curia adoptó su nombre cambiando su denominación a Curia Julia. Su asesinato tuvo lugar el mismo año, pero en otra curia, en la Curia de Pompeyo, situada entre la actual Plaza del Teatro di Pompeo y el Largo de Torre Argentina.
El trabajo fue terminado en el 29 a. C. por Augusto pero ya en el 94 d. C. en época de Domiciano se llevó a cabo la primera restauración, a la que siguió una intervención más importante realizada por Diocleciano tras el desastroso incendio del 238 d. C. De esta restauración aún pueden verse restos en el interior.
Los dos rasgos principales del interior de la Curia Julia son su «Altar de la Victoria» y su sorprendente suelo, un maravilloso pavimento de opus sectile (especie de mosaico con piezas grandes, planas y de mármol u otros materiales formando imágenes de dibujos). 
Los muros estaban también revestidos de mármol hasta los dos tercios y decorados con tres nichos encuadrados de columnillas de alabastro policromado para acoger estatuas.
El aula estaba dividida en tres sectores. La  sala principal tiene 18 metros de ancho por 21 de largo y 21 de alto, con tres escalones anchos y bajos a la derecha y a la izquierda, con cinco filas de sillas, donde estaban situados los trescientos asientos (las sillas curules)  de los senadores. Este gran espacio interior respetaba las proporciones recomendadas por Vitruvio para las curias. La altura (21 m) era aproximadamente la mitad de la suma entre la longitud y la anchura.  Detrás de esta sala, una segunda sala estaba probablemente destinada a las reuniones a puerta cerrada. Y había una tercera sala, llamada chalcidicum o atrium Minervae  añadida en la reconstrucción de la época de Domiciano.
Al fondo, un pequeño podio sostiene una base adosada al muro. Se supone que esta base era el pedestal del “Altar de la Victoria” que consistía en una estatua de oro de la Victoria sosteniéndose sobre un globo y extendiendo una corona de laurel. Este  altar fue colocado en la Curia por Octavio Augusto para conmemorar la potencia militar de Roma, y más específicamente su propia victoria en la batalla de Accio en el año 31 a. C.
Dos puertas encuadraban esta base y formaban un pequeño patio rodeado de columnas. Allí se encontraba una estatua de pórfido representando a un hombre con una toga, sin cabeza ni brazos, que debieron ser las piezas obtenidas de una piedra de color diferente. La calidad de la ejecución y la riqueza de la piedra hacen pensar que se trataba de una estatua de un emperador, posiblemente Trajano o Adriano. En este patio hay hoy en día una base con la inscripción en honor de Aecio.
Por fuera, el monumento se presenta como un gran edificio con fachada de hormigón con cubierta de ladrillo con gruesos contrafuertes en cada ángulo.  Un edificio con formas austeras, caracterizado por los tímpanos de las fachadas delantera y trasera.
La fachada delantera presentaba una parte baja cubierta por lascas marmóreas y una parte superior almohadillada en estuco con imitación
de bloques de mármol blanco. Debajo de las grandes ventanas se observa una serie de orificios cuadrados, indicios de los puntos de inserción de las vigas de un pórtico y, a los lados del portal, las huellas rectangulares dejadas por sepulturas colocadas en la Edad Media, cuando en el edificio se estableció la iglesia de San Adriano fundada en el siglo VI y todo el área de tránsito estaba situada en un nivel más alto. Es esto lo que salvó al edificio del abandono y de la destrucción. Se estableció un convento en torno a esta iglesia. De este periodo subsisten restos de pinturas de tema religioso en el primer nicho a la derecha de la entrada. Aunque entre 1930 y 1936 se despojó al edificio de sus añadidos cristianos para devolver a la curia el aspecto que aproximadamente pudo tener en época de su reconstrucción por Diocleciano. De esta época son el tejado, las elevaciones superiores de los muros laterales y la fachada posterior.
Reconstrucción
La anchura relativamente débil de los muros, con la excepción de los contrafuertes en los ángulos del edificio, permite inferir que la cubierta del edificio ería un tejado que reposaba sobre una estructura de madera.
Un simple tramo de escaleras lleva a las puertas de bronce. Las puertas actuales son réplicas modernas; las originales se llevaron a la basílica de San Juan de Letrán en el año 1660.
En las paredes, en especial en la de entrada, se pueden ver los restos de fragmentos pictóricos de época bizantina como testimonio del periodo de transformación del edificio en iglesia. En la Curia, se expone la estatua de pórfido del hombre en toga y los anaglifos de Trajano, bajorrelieves que conmemoran los beneficios del emperador.
Anaglifos de Trajano
Entre 2019 y 2020, la Curia Julia fue objeto de una importante restauración de conservación, que permitió su nueva apertura al público como espacio de intercambio, diálogo y encuentro. Las nuevas ventanas ofrecen un importante nivel de seguridad contra el empuje del viento y los cristales proyectan juegos de reflejos y nuevas transparencias sobre el monumento. También se creó un nuevo sistema de impermeabilización de la cubierta y las nuevas cristaleras incorporan sistemas mecanizados para oscurecer la sala interior.

El comitium
El Comitium fue un espacio público de reunión a cielo abierto de la Antigua Roma, y tuvo un enorme significado religioso y profético. La ubicación del Comitium en la esquina noroeste del Foro Romano se perdió con el desarrollo de la ciudad, pero fue redescubierto y excavado por los arqueólogos a principios del siglo XX.
El Comitium fue uno de los espacios políticos más importantes de la Roma republicana. Su nombre proviene del verbo latino “coire”, que significa «reunirse». Esto tiene sentido si, de hecho, las teorías sobre el Comitium como lugar de reunión en el período monárquico son ciertas, pero sin duda refleja el papel que desempeñó durante la República. La Asamblea del Curiado romano, de carácter étnico, se reunía aquí, al igual que la más conocida Asamblea Tribal, que votaba para elegir cuestores y ediles y para aprobar leyes.
La Curia Hostilia ocupaba gran parte del límite norte del Comitium. El límite sur del Comitium era la tribuna de los oradores. Parece ser que existía un podio de piedra aquí desde principios del siglo V a. C., pero no recibió su nombre actual, los Rostra, hasta mediados del siglo IV.
Si bien esta área del Foro, que incluye la Curia Hostilia y la Rostra, suele denominarse colectivamente Comitium, el Comitium propiamente dicho era el espacio de reunión situado entre la Curia y los Rostra.
El Comitium quedaba enfrente de la casa de reunión del Senado Romano - la entonces existente Curia Julia y su predecesora, la Curia Hostilia -. La mayor parte de las ciudades romanas tenían un Comitium similar para reuniones públicas o asambleas para elecciones, consejos y tribunales.
El Comitium, como parte del Foro, fue el lugar de gran parte de la actividad política y judicial de la Roma republicana.
Los romanos, con el paso del tiempo, tendieron a organizar sus necesidades en ubicaciones específicas dentro de la ciudad, pero el Comitium siguió teniendo importancia para elecciones formales de algunos magistrados; sin embargo, conforme la importancia de éstos decayó tras el final de la república y la llegada del Impero, lo mismo ocurrió con la importancia del Comitium.
El primer uso del Comitium como una zona de asamblea política, junto con los mismos comienzos de Roma, es algo borroso que se hunde y difumina en la leyenda.
En el Comitium se ha encontrado un cippus o pedestal inscrito que se remonta al 450 a. C. Esta inscripción informa a los ciudadanos de sus deberes cívicos. Los tribunales romanos se celebraban en el Comitium antes de que se aceptase cualquier otra ubicación. Con el tiempo, tales juicios se trasladarían a las basílicas o al foro, excepto para los asuntos más complejos.
El Comitium tenía una serie de estructuras de madera que serían desmontadas durante la temporada de inundaciones. Tanto el Foro como el Comitium se usaron para espectáculos públicos.
Su forma y apariencia han resultado difíciles de determinar con certeza. Una reconstrucción popular  sugiere que, desde principios del siglo III a. C., el Comitium era un área circular escalonada y trazada por Rómulo usando la adivinación.
Hay autores que, incluso, lo describen con una forma cuadrada y orientada a las cuatro esquinas del cielo.
Comitium cubría un área de aproximadamente una hectárea, con lados largos que medían aproximadamente 90 metros. Tres veces al año —el 24 de febrero, el 24 de marzo y el 24 de mayo— el rey, o, después de la caída de los Tarquinios, el Rex sacrorum republicano, realizaba ceremonias en el Comitium. El verdadero significado de estas ceremonias era oscuro, como el hecho de que, una vez terminada la ceremonia, el rex huía apresuradamente del Comitium como un fugitivo.
Sin embargo, recientemente, los estudiosos han señalado la evidencia en contra de un Comitium circular y han defendido una forma más triangular. Dado que su forma es incierta, no existe un consenso firme sobre cuántas personas podía albergar el Comitium; las estimaciones varían entre 1000 y 20 000 y, naturalmente, dependen de cómo se conciba la forma del espacio. Esta tríada — Curia, Comitium y Rostra — dominaba el complejo.
Otra estructura asociada al Comitium era la Basílica Porcia (su nombre viene de Porcio Catón)  que también cumplía una importante función política. Se encontraba junto a la Curia Hostilia, en el lado oeste. Hasta el siglo II a.C. esa parte del Foro, cerca del Comitium, albergaba tiendas y residencias privadas, pero en el 148 a. C., Marco Porcio Catón (a menudo llamado «Catón el Viejo»), reconvirtió estas estructuras y construyó de la basílica edificio muy valorado por su potencial multifuncionalidad; por ejemplo, cuando llegaba el frío, las basílicas ofrecían un espacio interior para comerciar. La Basílica Porcia pudo especializarse en una función: allí se encontraban los Tribunos de la Plebe. Estos magistrados eran mediadores entre la élite senatorial y el pueblo, y tenían la tarea de garantizar que los magistrados no pudieran usar su poder para violar los derechos de los ciudadanos. Quienes deseaban solicitar la ayuda de los tribunos —uno de los derechos más sagrados de un ciudadano romano— podían acudir a la Basílica Porcia para buscar los estrados de los tribunos y exponer su causa. Y ellos podían dirigirse a la multitud en el Comitium.
La política no era el único asunto que se trataba en el Comitium. El Comitium albergaba los tribunales y juicios de Roma. En el lado oriental del Comitium estaba bordeado por otra plataforma, el tribunal pretoriano, donde los pretores escuchaban los casos legales y publicaban los edictos pretorianos.
Por ello, el Comitium era obviamente un espacio que celebraba los derechos y la participación del pueblo. El Comitium era un lugar donde el gobierno se comunicaba con el pueblo y viceversa. De hecho, cuando el Senado tomaba una decisión sobre un asunto determinado, un representante tenía que cruzar el Comitium para subir a la Rostra e informar de las decisiones tomadas. Los rostra eran el lugar más prestigioso en Roma desde el cual hablar.
En un plano simbólico, pues, el espacio del Comitium era fundamental para la constitución romana.
Sin embargo el número de personas que cabían en el Comitium cada vez se fue reduciendo más, frente al de otros espacios del Foro- Además a medida que la necesidad de más espacio para los juicios se hizo más apremiante, las basílicas del Foro también albergaron los tribunales hasta prácticamente absorber esta actividad. Razones por las que la influencia y el estatus del Comitium fueron quedando en algo más ceremonial que práctico.
El Comitium quedó reducido de tamaño dos veces seguidas, primero por Sila y luego por Julio César que también lo mandó nivelar.  Y a mediados del siglo II a. C., la multitud en el Foro superaba tan ampliamente en número a la del Comitium que los oradores  de la República tardía darían la espalda a la Curia y a las personas que estaban dentro del Comitium y dirigirían su discurso a la multitud en el Foro utilizando los rostras. 
El Comitium estaba abierto hacia el Foro, en el límite donde estaban los monumentos y las estatuas que atestiguaban los acontecimientos políticos y el reconocimiento de romanos famosos.
Cuando creció la población, ya no entraban todos los romanos en el Comitium.
Durante el período medieval el Comitium se había convertido en un cementerio cristiano y parte de la Curia se convirtió en catacumbas. Consecuentemente, más de 400 cuerpos fueron desenterrados y trasladados durante la excavación. Ninguna gran excavación del Comitium se emprendió hasta principios del siglo XX (entre 1899 y 1903 descubrieron el Lapis Niger (la «Piedra negra») así como otros objetos al tiempo que excavaban en el Comitium.
El Comitium estaba pavimentado con bloques de travertino y se extiendía hasta y alrededor de la  Lapis Niger, que, aunque al mismo nivel, está protegida en, al menos, dos lados por una especie de bordillo. Este pavimento del Comitium se extiende hasta un punto directamente opuesto al medio del arco de Severo, y acaba justo detrás del Lapis Niger con un muro frontal curvado, que está él mismo construido sobre un pavimento de Toba más antiguo. Más atrás también descansa sobre estructuras más antiguas. Evidentemente, habían construido sobre parte del Comitium en un período posterior en algo de la misma manera que la basílica Emilia.

 

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