viernes, 8 de mayo de 2026

Una semana en Roma. Cuarto día. Parte I

Basílica de San Pedro del Vaticano
La basílica de San Pedro, cuenta con el mayor espacio interior de una iglesia cristiana en el mundo, presenta 187 m. de longitud, 44,5 m. de altura, y abarca una superficie de 2,3 hectáreas.
Es una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria.
En la tradición católica, la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de san Pedro, primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primero de los pontífices. La tradición y las evidencias históricas y científicas sostienen que la sepultura del Santo está directamente debajo del altar mayor de la basílica. También muchos de los papas han sido enterrados en San Pedro desde la época paleocristiana.
En el sitio de la basílica han existido otras iglesias desde el siglo IV. La construcción del actual edificio, sobre la antigua basílica constantiniana, comenzó el 18 de abril de 1506, por orden del papa Julio II, y finalizó el 18 de noviembre de 1626 y en ella trabajaron algunos de los arquitectos más renombrados de la historia, como: Bramante, Miguel Ángel o Bernini. 
Palacio Episcopal
La basílica de San Pedro es una de las cuatro basílicas papales o basílicas mayores de Roma; las otras son la archibasílica de San Juan de Letrán, la basílica de Santa María la Mayor y la basílica de San Pablo Extramuros.
La basílica de San Pedro no es ni la sede oficial del papa, ni es la primera basílica de Roma, pues este honor lo ostenta la archibasílica de San Juan de Letrán; tampoco es la parroquia de la Ciudad del Vaticano, ya que actualmente es la Capilla Paulina la que funciona como tal. Sin embargo, es la principal iglesia pontificia al celebrarse en ella la mayoría de las ceremonias papales debido a su tamaño, a su proximidad a la residencia papal y a su ubicación dentro de la Ciudad del Vaticano.
Cátedra de S. Pedro
La Cátedra de San Pedro es una silla antigua que se supone fue utilizada por san Pedro, pero que en realidad fue un regalo de Carlos el Calvo, y utilizada por varios papas. Ocupa una posición elevada en el ábside, en un relicario de bronce sostenido por figuras de los Doctores de la Iglesia, e iluminada por una vidriera que representa al Espíritu Santo.
Historia 
Crucifixión de S. Pedro
de Caravaggio
Simón Pedro, después de un ministerio de unos treinta años en Antioquía, viajó a Roma. En el año 64, durante el reinado del emperador Nerón y fue martirizado, al igual que otros muchos cristianos. Fue crucificado cabeza abajo, por petición propia, porque se consideraba indigno de morir de la misma manera en que lo había hecho Cristo. La crucifixión tuvo lugar cerca del obelisco egipcio que había en un extremo del Circo de Nerón. Este obelisco que había sido traído desde la ciudad de Heliópolis por Calígula en el año 37 d. C. actualmente se encuentra en la Plaza de San Pedro, y es venerado como un «testigo» de la muerte del apóstol. Es uno de los varios antiguos obeliscos de Roma. 
Según la tradición, los restos de Pedro fueron enterrados a las afueras del Circo, en la Colina Vaticana. La tumba de Pedro estaba marcada por una roca de color rojo, símbolo de su nombre, que les servía a los cristianos para identificarla y, al mismo tiempo, carecía de sentido para los no cristianos, lo que evitaba posibles represalias. Años más tarde, en este lugar se construyó un santuario o "cella memoriae", que casi 300 años después se convirtió en la antigua basílica de San Pedro.
Necrópolis
En 1939, durante el papado de Pío XII, se realizó una investigación arqueológica en la cripta de la basílica, que permanecía inaccesible desde el siglo IX. De hecho, el área cubierta por la Ciudad del Vaticano había sido un cementerio desde antes de la construcción del Circo de Nerón. Además, allí eran enterradas las víctimas de las ejecuciones del circo, así como numerosos cristianos que optaron por ser enterrados cerca del apóstol.
Tras la excavación, en 1953 se encontró un nicho en el que se podía reconocer una incompleta escritura en griego con el nombre de Pedro y en cuyo interior había algunos huesos envueltos en un paño de púrpura e hilo de oro. Este descubrimiento lo anunció Pío XII convencido de que, con toda probabilidad, los restos eran del cuerpo de san Pedro. Estos restos fueron colocados en el subsuelo, en la posición original que se corresponde exactamente con la vertical del Altar Papal, el baldaquino y la cúpula.
Antigua basílica
Reconstrucción basílica de
Constantino
La antigua basílica fue construida en el lugar donde se encontraba la tumba de Pedro, no lejos del circo de Nerón. Las obras fueron ordenadas por el emperador Constantino a expensas del papa Silvestre I; comenzaron entre el 326 y el 330, y finalizaron 30 años después. Ante el altar mayor de esta iglesia fueron coronados muchos emperadores, como Carlomagno, a quien el papa León III impuso la corona imperial el día de Navidad del año 800.
Plan de reconstrucción
A finales del siglo XV, tras el período del papado de Aviñón, la basílica paleocristiana se encontraba bastante deteriorada y amenazaba con derrumbarse. El primer papa que consideró la reconstrucción o, al menos, hacer cambios radicales, fue Nicolás V en 1452. Encargó el trabajo en el antiguo edificio a Leon Battista Alberti y Bernardo Rossellino, que fue el encargado de diseñar los cambios más importantes. En su proyecto, Rossellino mantuvo el cuerpo longitudinal de cinco naves cubiertas con techos abovedados y renovó el transepto con la construcción de un ábside más amplio al que añadió un coro; esta nueva intersección entre el crucero y el ábside se cubriría con una bóveda. Esta configuración ideada por Rossellino influyó en el posterior proyecto de Bramante. 
Las obras se interrumpieron a la muerte del papa, cuando los muros tan solo alcanzaban a levantarse un metro del suelo. Sin embargo, el papa ordenó la demolición del Coliseo de Roma y, en el momento de su muerte, 2522 carretadas de piedra habían sido transportadas para su uso en el nuevo edificio.
Tumba de Julio II en
San Pietro in Vincoli
Cincuenta años después, en 1505, bajo el pontificado de Julio II, se reiniciaron las obras, con la idea de que el nuevo edificio fuera el marco adecuado para acoger su sepultura; el papa pretendía con la obra «engrandecerse a sí mismo en la imaginación popular».​ Para ello se celebró un concurso, existiendo actualmente varios de los diseños en la Galería de los Uffizi en Florencia. El plan iniciado por Julio II continuó a través de los papados  sucesivos de veinte papas.
Construcción
El papa Julio II se propuso continuar las obras iniciadas por Nicolás V, pero en 1505 decidió la construcción de una nueva basílica ex-novo, acorde con la nueva estética renacentista.
Proyecto de Bramante
La colocación de la primera piedra tuvo lugar el 18 de abril de 1506. ​El propio Julio II eligió esta fecha como la más propicia para comenzar las obras por consejo de sus astrólogos, que previamente habían realizado los cálculos por mandato suyo. El proyecto fue encargado al arquitecto Donato d'Angelo Bramante, llegado poco antes desde Milán, y que se había ganado la confianza del papa por encima del anterior arquitecto, Giuliano da Sangallo. Incluso se encargó del diseño del Patio del Belvedere. El proyecto consistía en un edificio con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado y cubierta por cinco cúpulas, la central de mayor tamaño y apoyada en cuatro grandes pilares, inspirándose en la basílica de San Marcos, y un claro ejemplo de planta centralizada típica del Renacimiento.
La cúpula central, inspirada en la del Panteón de Agripa, se situaba sobre el crucero, y las restantes en los ángulos.
En la construcción de la iglesia también resultó importante la aplicación de los estudios teóricos de distintos arquitectos, y sobre todo, de Leonardo da Vinci, para iglesias de planta centralizada, cuyos resultados están claramente inspirados en la planta octogonal de la catedral de Florencia.
Los trabajos se iniciaron con la demolición de la basílica paleocristiana, lo que fue muy criticado dentro y fuera de la Iglesia por personalidades como Erasmo de Róterdam o Miguel Ángel, que criticó la destrucción de las columnas de la antigua basílica. Por ello Bramante fue apodado «maestro ruinoso», y circuló una publicación satírica, donde presenta al arquitecto fallecido ante san Pedro, que le recrimina la demolición cuando le propone la reconstrucción del cielo. A estos escándalos hubo que sumarle el de la venta de indulgencias para la construcción de la basílica, lo que tuvo un papel importante en el nacimiento de la Reforma Protestante de Martín Lutero.
Con todo esto, Bramante no pudo ver avanzar demasiado la obra, pues murió en 1514, cuando solo se habían edificado poco más que los cuatro grandes pilares que debían sostener la gran cúpula central. El proyecto de Bramante estaba constituido por pilastras gigantescas y una gran cúpula semiesférica sostenida por un tambor de columnas. El espacio generado en el interior era una magnífica manifestación de la imagen renacentista. En cuanto al exterior, no poseía una auténtica fachada, ya que esta era de importancia secundaria.
Proyectos de Rafael y Sangallo
Proyecto de Rafael
Desde 1514 se hizo cargo de la dirección de la obra Rafael Sanzio, con fray Giovanni Giocondo y Antonio da Sangallo el Joven, que continuó dirigiendo las obras, tras la muerte de Rafael en 1520. Todos ellos cambiaron el plan de Bramante, optando por diseños que se inspiraban en la tradicional planta basilical de cruz latina con un cuerpo longitudinal de tres naves. Sangallo presentó en 1546 un costoso modelo de madera, en la actualidad almacenado en la basílica, en el que sintetizaba todas las ideas surgidas con anterioridad.
Proyecto de Miguel Ángel
Tras la muerte de Sangallo en 1546, el papa Paulo III encomendó la dirección de las obras a Miguel Ángel Buonarroti, quien retomó la idea de Bramante de planta en cruz griega. Bajo la dirección de Miguel Ángel se alzaron los muros del ábside, de una imponente grandiosidad. No obstante, la aportación más importante del genio fue la gran cúpula que se encuentra justo sobre el altar mayor y el sitio donde la tradición indica que se localiza la tumba del apóstol san Pedro. Es una estructura que, aunque muy pesada, parece flotar en el aire. La construcción de la cúpula se concluyó veinticuatro años después de la muerte de Miguel Ángel según el diseño definitivo de Domenico Fontana y Giacomo della Porta, que apenas modificaron los planes del maestro. Los mosaicos del interior de la cúpula son de Giuseppe Cesari, y representan las distintas jerarquías de santos en la gloria celestial, estando representado Dios Padre en la linterna central.
Proyecto de Miguel Ángel
La configuración actual de la basílica en forma de cruz latina fue obra de Carlo Maderno, quien durante el pontificado de Paulo V añadió tres crujías nuevas y proyectó la fachada, compuesta de balconadas y recorrida por columnas de orden gigante. La basílica se dio por concluida en 1626 y fue consagrada solemnemente por el papa Urbano VIII, aunque todavía quedaban muchos detalles por terminar.
Gian Lorenzo Bernini, a instancias de Alejandro VII, proyectó la inmensa plaza de San Pedro y la columnata que la rodea. Encima de ella y por todo el perímetro de la plaza se aprecian numerosas estatuas de santos y santas de todas las épocas y lugares. Encima de la fachada de la basílica se encuentran las estatuas de once de los apóstoles (excepto san Pedro), san Juan Bautista y, en el centro, Cristo. Bernini fue también el responsable de acometer los diseños y planos para las torres campanario que debían completar la fachada dejada por Maderno; la única torre completada bajo la dirección de Bernini, tuvo que ser demolida poco después de su elevación ante los evidentes signos de inestabilidad de la estructura. Los relojes que ocupan los extremos de la fachada se incluyeron a finales del siglo XVIII, y son obra de Giuseppe Valadier, quien, asimismo, situó la inmensa campana fundida previamente en uno de los cuerpos laterales, que son todo cuanto puede considerarse como campanario una vez que se determinó no volver a plantear la construcción de torres en la fachada.
Baldaquino
Bernini se ocupó también de gran parte de la decoración interior del templo. Su obra más destacada a este respecto es el espectacular baldaquino, de bronce macizo, sobre el altar mayor de la basílica. El bronce utilizado en la construcción del baldaquino fue extraído de los casetones de la cúpula del Panteón de Agripa de Roma, lo cual dio pie a la frase: «Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini», expresión latina que significa: «Lo que no hicieron los bárbaros, lo han hecho los Barberini», en referencia a Urbano VIII, en cuyo papado se completó. Formado por cuatro columnas torsas con volutas, presenta decoración vegetal, ángeles y telas simuladas; por todas partes aparecen las abejas, símbolo heráldico de los 
Barberini, a cuya familia pertenecía el pontífice Urbano VIII.
Bernini intervino, además, en la decoración del interior del ábside, que proyectó como una fulgurante gloria en torno a un óculo con la paloma del Espíritu Santo, situando debajo un relicario con la Cátedra de San Pedro sostenida por las gigantescas esculturas broncíneas de los Padres de la Iglesia.
También ideó la decoración de los pilares de la cúpula, que concibió como nichos que albergasen las reliquias más nombradas de la basílica; bajo su dirección se colocaron cuatro monumentales esculturas, representando a santa Elena (nº 59 en el plano), san Andrés (nº 55 en el plano), santa Verónica (nº 62 en el plano) y san Longinos (nº 56 en el plano), ocupándose él mismo de la realización de la última.  
El gran arquitecto fue sin duda el favorito de los papas durante el siglo XVII y su huella es omnipresente en el interior del templo. Además de las obras citadas, ideó también la decoración de la Capilla del Santísimo Sacramento (nº 17 en el plano), con un templete flanqueado por ángeles adoradores; el monumento funerario de la condesa Matilde di Canossa (nº 16 en el plano), protectora del papado en el medievo; así como los sepulcros de los papas Urbano VIII (nº 38 en el plano) y Alejandro VII (nº 47 en el plano), ambos piezas clave de la escultura barroca.
Otros muchos artistas trabajaron para la basílica a lo largo de los siglos. Entre ellos son de obligada cita el escultor Alessandro Algardi, autor del célebre relieve La expulsión de Atila (nº 44 en el plano), obra maestra del Barroco, y el maestro del neoclasicismo Antonio Canova, que esculpió la sepultura del papa Clemente XIII (nº 32 en el plano).Algunas obras anteriores a la propia construcción de la basílica sirven hoy para su ornamento. 
Navicella
Entre ellas, son destacables el mosaico representando La tempestad del lago Tiberíades, más conocido como La Navicella (nº 31 en el plano), obra de Giotto (muy retocado posteriormente), situado a los pies del templo; o el monumento funerario del papa Inocencio VIII (nº 82 en el plano), obra de Antonio Pollaiuolo. Con todo, la obra de arte más conocida de cuantas alberga la basílica en su interior es la Piedad (nº 9 en el plano), obra juvenil de Miguel Ángel, una de sus grandes realizaciones, que se venera en la primera capilla de la derecha.
La expulsión de Atila
Arquitectos de lae basílica
  • 1506: Bramante,
  • 1514: Rafael Sanzio,
  • 1520: Antonio da Sangallo el Joven,.
  • 1546: Miguel Ángel
  • 1564: Pirro Ligorio y Jacopo Barozzi da Vignola.
  • 1573: Giacomo della Porta
  • 1603: Carlo Maderno.
  • 1629: Gian Lorenzo Bernini.
Descripción
La basílica de San Pedro es uno de los edificios más grandes del mundo. Tiene 218 m. de largo y 136 m de altura hasta la cúpula; presenta una superficie total de 23 000 . El edificio está conectado con el palacio Apostólico por un corredor a lo largo del pasillo al lado de la Scala Regia, junto a la fachada de la plaza de San Pedro, y dos corredores que lo conectan con la sacristía adyacente. Estos pasos elevados fueron ideados por Miguel Ángel, de modo que su presencia no interrumpe el perímetro de la basílica y permite la existencia de ramificaciones en el templo. El exterior está construido con travertino, y se caracteriza por el uso del orden gigante a partir del cual se establece el ático. Esta configuración es idea de Miguel Ángel y se mantuvo en el cuerpo longitudinal añadido por Carlo Maderno.
El interior de la basílica aloja 45 altares y 11 capillas que guardan obras de arte muy valiosas, entre ellas algunas de la antigua basílica, como la estatua de bronce de San Pedro (nº 71 en el plano), atribuida a Arnolfo di Cambio.
Exterior
La plaza mide 340 x 240 metros, delimitada por un pórtico arquitrabado con cuádruple alineamiento de columnas toscanas (284 de 16 metros de alto), cuyo eje transversal se señala por el obelisco central y las fuentes laterales. Proyectada por Bernini por encargo del papa Alejandro VII, aunque hay que decir que el proyecto original de Bernini no era una plaza ovalada sino trapezoidal, pero la idea no fue muy bien acogida y optó por la ovalada.
Los muros exteriores de la basílica, exceptuando la fachada principal, se componen por superficies planas separadas por pilastras. El primer cuerpo presenta enormes hornacinas en las que se encuentran esculturas de santos de gran tamaño, destinadas por Juan Pablo II a conmemorar a santos y fundadores de la era cristiana; sobre estas se encuentran las grandes ventanas que iluminan el interior del templo. Sobre el entablamento se abren otras ventanas, de menor tamaño.
En la parte alta del porticado hay 140 estatuas de santos de diversas épocas y lugares.
En el interior de la plaza, en cada uno de los dos focos de la elipse, se encuentran dos fuentes, una diseñada por Carlo Maderno y la otra es una copia realizada por Bernini. Entre las dos fuentes  hay un obelisco de 25 metros de alto, la leyenda dice que, en su cúspide, una bola de bronce guardaba los restos de Julio Cesar (posteriormente fue sustituida por reliquia de la cruz de Cristo). A este obelisco se le conoce como “el testigo mudo” dado que, supuestamente, vio morir a San Pedro. A medio camino entre el obelisco y cada una de las fuentes hay un disco de piedra donde se puede leer “centro del colonnato”, si nos colocamos encima de ellos podréis ver como las cuatro filas de columnas se alinean y parece que solo haya una sola fila.
Fachada principal
La fachada principal de la basílica mide 115 m de ancho y 46 m de altura. Fue construida por el arquitecto Carlo Maderno entre 1607 y 1614. Se articula por medio de la utilización de columnas de orden gigante que enmarcan la entrada y el «Balcón de las bendiciones», lugar desde donde se anuncia a los fieles la elección del nuevo papa, y desde donde este imparte la bendición Urbi et Orbi. Tras el balcón se encuentra un gran salón, usado por el papa para audiencias y otros actos, llamado «Aula de las bendiciones». A continuación, se encuentra un altorrelieve  realizado en 1614  y titulado “La entrega de las llaves a San Pedro”. En el entablamento, situado debajo del frontón central, se encuentra grabada la inscripción:
IN HONOREM PRINCIPIS APOST PAVLVS V BVRGHESIVS ROMANVS PONT MAX AN MDCXII PONT VII
En honor del Príncipe de los Apóstoles, Paulo V Borghese, Romano Pontífice Máximo, año 1612, año séptimo de su pontificado”.
La fachada está precedida por dos estatuas de san Pedro​ y san Pablo. En la parte superior de la fachada se sitúa el ático, en el que se abren ocho ventanas decoradas con pilastras. Coronando el ático se ubica una balaustrada donde se sitúan 13 estatuas de 5,7 m.; en el centro aparece Cristo Redentor, Juan el Bautista a su derecha, y once de los doce apóstoles, excepto San Pedro. Las esculturas son, de izquierda a derecha: Judas Tadeo, Mateo, Felipe, Tomás, Santiago el Mayor, Juan el Bautista, Cristo Redentor, Andrés, Juan el Evangelista, Santiago el Menor, Bartolomé, Simón y Matías.
A cada lado hay dos relojes realizados en 1785 por Giuseppe Valadier. Bajo el reloj de la izquierda se encuentran las campanas de la basílica.
La fachada está construida en travertino blanco y ocre, aunque con algunas tonalidades verdes y rojas en la Loggia della Bendizione y fue restaurada con motivo del jubileo del año 2000.
La basílica cuenta con seis campanas, la más grande de ellas con un peso de más de 8.000 kilos y un diámetro superior a los dos metros.
Cuando suenan las seis campanas al unísono se llama “plenum”. Esto sucede en las fiestas más importantes del año litúrgico: Pascua de Resurrección, Navidad, Epifanía y Pentecostés. Además, suenan en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio. Desde el cónclave de 2005, las campanas de san Pedro tienen un papel importante puesto que su sonido es diferente en función del resultado de las votaciones. Esta medida se aplicó para eliminar cualquier duda sobre el color del humo que precede al anuncio «Habemus Papam».
Pórtico
El pórtico se encuentra situado entre los cinco arcos que se abren en la fachada y las puertas del templo. La entrada está flanqueada por dos estatuas ecuestres: Carlomagno (nº 2 en el plano) y Constantino de Bernini (nº 8 en el plano) en 1670, situada a la derecha ante la entrada del palacio Apostólico por la Scala Regia. La bóveda está decorada e incluye las esculturas de treinta y dos papas, situadas a los lados de las lunetas, que contienen relieves en los que se representan episodios de la vida de San Pedro.
Estatua de Carlomagno
En la pared por encima de la entrada principal de la basílica se encuentra una parte del mosaico llamado La Navicella (nº 1 en el plano), obra de Giotto y que se encontraba en la antigua basílica de San Pedro, colocada en 1674.​
A la derecha del Pórtico hay un ascensor que sube a la base de la Cúpula.
Puertas
El acceso a la basílica desde el pórtico se realiza a través de cinco puertas, de izquierda a derecha son: «Puerta de la Muerte», «Puerta del Bien y del Mal», «Puerta de Filarete», «Puerta de los Sacramentos» y «Puerta Santa».
Puerta de la Muerte (nº 3 en el plano)
Puerta de la Muerte
La «Puerta de la Muerte»  fue encargada por Juan XXIII y realizada en 1963. Toma su nombre por ser esta la puerta de salida de los cortejos fúnebres de los papas. Se presentan cuatro paneles: en el primero hay una representación de la Deposición de Cristo y la Asunción de María. En el segundo se representan los símbolos de la Eucaristía, el pan y el vino. En el tercer cuadro aparece el tema de la muerte, representando el asesinato de Abel, la muerte de José, el martirio de san Pedro, la muerte de Juan XXIII,  la muerte en el exilio de Gregorio VII y seis animales en el acto de la muerte.
Puerta del Bien y del Mal (nº 4 en el plano) 
La «Puerta del Bien y del Mal» realizada entre 1970 y 1977.
Puerta de Filarete (nº 5 en el plano)
Puerta de Filarete
La «Puerta de Filarete» o «puerta central» fue mandada construir por el papa Eugenio IV a Antonio Averulino Filarete, que la realizó entre 1439 y 1445. Está hecha de bronce y dividida en dos hojas, cada una de las cuales presenta tres cuadros superpuestos.
 En los cuadros en la parte superior se representan a la izquierda a Cristo entronizado y a la derecha a la Virgen entronizada; en los paneles centrales están representados san Pedro entregando las llaves al papa Eugenio IV y san Pablo con una espada y un jarrón de flores. Los cuadros inferiores presentan el martirio de los dos santos: a la izquierda la decapitación de San Pablo, y a la derecha la crucifixión de San Pedro. Los paneles están enmarcados por medallones con los perfiles de los emperadores, y entre ellos frisos con episodios del pontificado de Eugenio IV. En la parte interna se encuentra la inusual firma del autor.
Puerta de los Sacramentos (nº 6 en el plano)
La «Puerta de los Sacramentos» fue construida e inaugurada por Pablo VI el 12 de septiembre de 1965. En ella aparece un ángel anunciando los siete sacramentos.
Puerta Santa (nº 7 en el plano)
Puerta Santa
La puerta de la derecha es la «Puerta Santa» ​ realizada en bronce en 1950 y donada al papa Pío XII por los católicos suizos para el jubileo de ese año. En dos placas existentes a ambos lados de la puerta se encuentran el escudo de Pío XII y la bula de Bonifacio VIII que convocó el primer jubileo en 1300. En el entablamento del arco sobre la puerta aparece la inscripción: PAVLVS V PONT MAX AÑO XIII. Justo encima de la puerta se encuentra la inscripción: GREGORIVS XIII PONT MAX. Entre estas dos inscripciones se encuentran las placas que recuerdan su reciente apertura.
Esta puerta permanece cerrada y tapada con cemento por su parte interior. Solamente el papa puede abrirla y cerrarla en los Años Santos, permaneciendo todo ese año abierta para el acceso de los fieles que pueden ganar indulgencias. En noviembre de 2015, el muro que la mantenía sellada fue derribado cuidadosamente, extrayendo de su interior un cofre con las llaves de la puerta y otros documentos, como preparativo para el inicio del Jubileo de la Misericordia.
Nave central
El espacio interior está dividido en tres naves separadas por grandes pilares. La nave central mide 187 metros de largo y 45 metros de altura; está cubierta por una gran bóveda de cañón. El suelo de mármol presenta elementos de la antigua basílica, como el disco de pórfido rojo egipcio sobre el que se arrodilló Carlomagno el día de su coronación. La nave presenta una superficie de diez mil metros cuadrados de mosaicos, fruto del trabajo de muchos artistas, principalmente de los siglos XVII y XVIII,
de artistas como  Pietro da Cortona.
En los arcos se encuentran estatuas de las virtudes. En los pilares se abren hornacinas en las que se encuentran las esculturas de 39 santos fundadores.
Entre ellos los pilares de la derecha, están las estatuas de Santa Teresa de Jesús (nº 92 en el plano) entre otras y en los pilares de la izquierda: San Ignacio de Loyola (nº 78 en el plano) o San Francisco de Paula (nº 70 en el plano), entre otras.
En el perímetro de la nave aparece, situado en el entablamento bajo la bóveda, con letras de dos metros de altura la inscripción: "Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. • Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos".
Nave de la epístola
Es la nave situada a la derecha. La primera capilla aloja la Piedad, (nº 9 en el plano) de Miguel Ángel.  Avanzando por la nave se encuentran las capillas con monumentos funerarios de papas y personajes.
Bajo el altar de la capilla de San Sebastián (nº 13 en el plano),  se conservan, desde su beatificación en 2011, los restos de san Juan Pablo II, tras una losa de mármol.
Y cerca se encuentra el monumento a Matilde de Canossa (nº 16 en el plano), hecho por Gian Lorenzo Bernini.
Monumento de Clemente XIII
de Antonio Canova
La Capilla del Santísimo Sacramento​ (nº 17 en el plano) está protegida por una puerta diseñada por Francesco Borromini. En esta capilla se conserva el Santísimo Sacramento
y a su entrada hay dos monumentos: el de Gregorio XIII (nº 18 en el plano), y el de Gregorio XIV (nº 19 en el plano). A partir de aquí comienza la girola que rodea el espacio alrededor de la cúpula.
También hay que destacar los sepulcros de los papas Urbano VIII (nº 38 en el plano) y Alejandro VII (nº 47 en el plano), ambos piezas clave de la escultura barroca.
Junto al ciborio (baldaquino que preside un altar) de bronce y lapislázuli que preside el altar, hay dos ángeles adoradores, y unas grandes lámparas de aceite ardiendo permanentemente.
Nave del evangelio
Es la nave situada a la izquierda. La primera capilla es la «Capilla del Bautismo» (nº 93 en el plano) decorada con mosaicos. A continuación al igual que en la nave de la epístola se suceden las capillas donde se encuentran los monumentos funerarios que contienen tumbas de papas y personajes.
Monumento de Paulo III
A continuación se encuentra la «Capilla de la Presentación» (nº 87 en el plano) En sus paredes se encuentran los monumentos a Juan XXIII (nº 86 en el plano) y a Benedicto XV (nº 88 en el plano) realizados en el siglo XX.
Por último, se encuentra la Capilla del Coro (nº 81 en el plano), presidida por el Altar de la Inmaculada Concepción (nº 80 en el plano). En el altar se ubican las reliquias de San Francisco y San Antonio. La capilla es gemela a la Capilla del Santísimo Sacramento, situada en el lado de la epístola, por lo que presenta la misma configuración. En el último pilar antes de pasar a la girola se ubican los monumentos a León XI (nº 77 en el plano) y a Inocencio XI (nº 76 en el plano).
Girola
La girola o deambulatorio es el espacio que rodea los cuatro pilares que sostienen la cúpula y es el corazón de la iglesia tal y como la había diseñado Miguel Ángel.
Capilla del Coro
En el pilar que corresponde con la nave de la epístola se encuentra el Altar de san Jerónimo (nº 20 en el plano), con la tumba del papa Juan XXIII. En el espacio entre la Capilla del Sacramento y el crucero acoge la Capilla Gregoriana​ (nº 21 en el plano) cerrada por una bóveda que en el exterior conforma una de las dos cúpulas menores. ​
Una vez cruzado el transepto aparece el Altar de la Navicella (nº 31 en el plano) y, enfrente, el monumento a Clemente XIII (nº 32 en el plano), de Antonio Canova . Seguidamente se encuentran los altares del Arcángel San Miguel (nº 33 en el plano) de Santa Petronila (nº 34 en el plano) y de «San Pedro y la resurrección de Tabitha» (nº 36 en el plano).​ En el muro oeste se encuentra el monumento a Clemente X (nº 35 en el plano) obra de finales del siglo XVII.
En el lado sur de la girola se encuentra, en la columna de la cúpula, un altar presidido por un mosaico que reproduce el célebre cuadro de La Transfiguración (nº 69 en el plano) de Rafael. La capilla adyacente, similar a la Gregoriana, es la «Capilla Clementina» (nº 75 en el plano)  en ella se encuentran los monumentos funerarios de Gregorio Magno (nº 73 en el plano) y de Pío VII (nº 74 en el plano), de Bertel Thorvaldsen, el único artista no católico que trabajó en la basílica. A continuación se ubica el Altar de la Mentira (nº 68 en el plano) adornado con un mosaico del siglo XVIII; frente a este se halla el monumento a Pío VIII​ (nº 67 en el plano), con una puerta que conduce a la Sacristía Mayor de la basílica.​
Monumento de Alejandro VII
de Bernini
Al otro lado del transepto se encuentra el monumento funerario al papa Alejandro VII (nº 47 en el plano) una notable obra de  Bernini que muestra al papa absorto en oración, con la muerte, representada por un esqueleto sosteniendo un reloj de arena, por encima de una puerta que simboliza la entrada a la otra vida. Enfrente, se sitúa el «Altar del Sagrado Corazón de Jesús» (nº 48 en el plano) con mosaicos de 1930. A continuación está la «Capilla de Nuestra Señora del Pilar» (nº 46 en el plano) donde se encuentran los altares dedicados a la Virgen del Pilar (nº 45 en el plano) y a León I el Magno (nº 44 en el plano) con un magnífico retablo barroco de mármol sobre la expulsión de Atila realizado entre 1645-1653. Por último, antes del presbiterio, se encuentra el «Altar de San Pedro curando a un paralítico» (nº 43 en el plano) del siglo XVIII, y la tumba del papa Alejandro VIII (nº 42 en el plano). ​
Órgano
Consola interior
El órgano de la basílica se encuentra entre la girola y el presbiterio y fue construido en 1962. Presenta dos cuerpos que se ubican en los brazos de la girola que parten del presbiterio, respectivamente apodados «Cornu Epistulae» y «Cornu Evangelii». Estos dos cuerpos se corresponden con dos órganos construidos a principios del siglo XX. Se utilizan dos consolas de transmisión eléctrica; una se sitúa entre las butacas del coro cantor durante las celebraciones en el interior, mientras que otra se ubica en la plaza para las celebraciones del exterior.
Transepto
El transepto norte se extiende hacia el palacio Apostólico Vaticano y fue diseñado y construido por Miguel Ángel, que amplió el deambulatorio que habían diseñado sus antecesores, de modo que ganó algunos nichos para altares coronados por grandes ventanas. 
En el transepto norte, existen tres altares dedicados a san Wenceslao (nº 27 en el plano), san Erasmo (nº 29 en el plano) y, en el centro, el de los santos mártires Proceso y Martiniano (nº 28 en el plano). El transepto sur es similar al anterior, encontrándose los altares dedicados a san José​ en el centro (nº 51 en el plano), y los de la Crucifixión de San Pedro (nº 52 en el plano)​ y el de santo Tomás (nº 50 en el plano).
A lo largo del transepto, en los nichos de los pilares, se sitúan esculturas de santos y santas fundadores de congregaciones y órdenes religiosas como San José de Calasanz (nº 30 en el plano), y san Juan de Dios (nº 54 en el plano), san Pedro Nolasco (nº 53 en el plano), san Pablo de la Cruz (nº 58 en el plano)…
En el perímetro del transepto izquierdo aparece, en el entablamento bajo la bóveda con letras de dos metros de altura, una inscripción y por su parte en el transepto derecho se encuentra otra inscripción.
Presbiterio
El presbiterio presenta una estructura similar a la de los extremos del transepto. Está dominado por la Cátedra de San Pedro (nº 39 en el plano) situada en el centro. Es un monumental relicario obra de  Bernini, conteniendo una silla de época paleocristiana que según la tradición era la utilizada por San Pedro; la silla se apoya en las esculturas de los cuatro Padres de la Iglesia. El conjunto aparece iluminado por una vidriera con una paloma, simbolizando el Espíritu Santo.
A la izquierda de la cátedra se encuentra el monumento a Paulo III (nº 40 en el plano) realizado por Della Porta. Por su parte, a la derecha se encuentra la tumba de Urbano VIII (nº 38 en el plano) realizada por Bernini; el monumento está dominado por una estatua del Papa en el acto de bendecir; flanquean el sarcófago figuras alegóricas de la Caridad y la Justicia, y en el centro un esqueleto escribe el epitafio. En las columnas y en los pilares de la cúpula se sitúan esculturas de santos como:
santo Domingo de Guzmán (nº 37 en el plano)  o San Francisco de Asís (nº 41 en el plano).
En el perímetro del presbiterio aparece, también, una inscripción en latín y griego.
Altar Papal
Altar
El Altar Papal (nº 64 en el plano) se encuentra en el crucero, situado bajo la cúpula, y está enmarcado por el monumental baldaquino de San Pedro obra de Gian Lorenzo Bernini, construido entre 1624 y 1633. Realizado en bronce extraído del Panteón, presenta una altura de 30 m. Está sostenido por cuatro columnas salomónicas, a imitación del Templo de Salomón, debiendo a él su nombre. ​ De las primigenias columnas, de unos 3 m. de altura, que se encontraban frente al altar en la antigua iglesia constantiniana, ocho se reutilizaron en la decoración de los pilares de la cúpula de Miguel Ángel (dos en cada pilar, en los balcones sobre las estatuas que miran al baldaquino) y dos en la Capilla del Santísimo Sacramento. De las dos restantes una se perdió y la última se encuentra en el Tesoro de la basílica (en la llamada Sala de la Columna, junto a la Sacristía), y es conocida como colonna degli ossessi («de los poseídos»), pues, siempre según la tradición, es aquella en que Jesús se apoyó al predicar a los doce años, y se creía en la Edad Media que tenía poder para expulsar a los demonios durante los exorcismos.
En el centro, a la sombra del baldaquino, rodeado por el inmenso espacio bajo la cúpula, se encuentra el altar papal, un bloque de mármol blanco en forma de paralelepípedo, y sobre él un crucifijo de bronce y un juego de siete candeleros, en el cual solamente el papa puede celebrar la Eucaristía en ocasiones solemnes. Fue colocado verticalmente sobre la tumba de san Pedro y consagrado el 5 de junio de 1594 por el papa Clemente VIII. Este altar es conocido como «Altar de la Confesión», al estar situado sobre el lugar conocido como «Confessio», la tumba del Apóstol que con su martirio confesó su fe. ​
En los pilares que sustentan la cúpula se presentan cuatro esculturas mirando al altar, encargadas por Urbano VIII, son: San Longinos de Gian Lorenzo Bernini, Santa Elena  de Andrea Bolgi, Santa Verónica  de Francesco Mochi, y San Andrés de François Duquesnoy. 
Sobre cada una de las estatuas existe un balcón cerrado por sendas rejas tras las que se encuentran diversos relicarios: en el de San Longinos se encuentra la reliquia de la Lanza Sagrada; en el de Santa Elena se encuentra parte de la Vera Cruz; en el de Santa Verónica se conserva la tela con el rostro de Cristo impreso; y en el de San Andrés, hermano de San Pedro, se conservaba el cráneo de este apóstol, aunque luego Pablo VI lo regaló a los ortodoxos como gesto de buena voluntad En la parte alta de cada pilar hay cuatro mosaicos que representan a los evangelistas con su respectiva representación iconográfica.
En la parte superior de los pilares que sustentan la cúpula, en el entablamento, respectivamente sobre santa Verónica, santa Elena, san Longinos y san Andrés, se encuentra la inscripción:“Aquí se esparce por el mundo la única y verdadera fe, aquí nace la unidad del sacerdocio”.
Cúpula
La cúpula de la basílica de San Pedro se eleva a una altura total de 136,57 m desde el suelo hasta la parte superior de la cruz externa. Es la cúpula más alta del mundo. Su diámetro interno es de 41,47 m, ligeramente menor que dos de las tres enormes cúpulas que la precedieron: la del Panteón de Agripa, de 43,3 m; y la de la catedral de Florencia, de 44 m. Los arquitectos de San Pedro se basaron en estas dos cúpulas para buscar la manera de construir la que se concibió como la mayor cúpula de la cristiandad. Entre 1547 y 1590 su construcción estuvo a cargo de Miguel Ángel Buonarroti, quien después falleció y ocupó su lugar su discípulo Giacomo Della Porta y Carlo Maderno la remató en 1614.
El perímetro interior de la cúpula presenta la inscripción en latín con letras de 2 m. de altura: Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia. A ti te daré las llaves del reino de los cielos”. 
Y bajo la linterna se encuentra la inscripción:Para la gloria de San Pedro, Sixto V, papa, en el año 1590 y el quinto año de su pontificado”.
La cúpula de la Basílica de San Pedro ha servido de inspiración para otros proyectos posteriores, como la Catedral de San Pablo de Londres y el Capitolio de Washington.
Sacristía
La Sacristía mayor es un edificio externo a la basílica, situado en el lado sur, que se conecta con el templo a través de dos corredores sobre arcos que acceden a la basílica atravesando la tumba de Pío VIII y la Capilla del Coro (nº 81 en el plano).
En 1715 se realizó un concurso para construir una sacristía. El ganador fue un proyecto de Filippo Juvara, cuya maqueta en madera se conserva en los depósitos de la basílica, pero cuyo elevado coste impidió su ejecución.
Sacristía
En 1776, el papa Pío VI encargó a Carlo Marchionni la ejecución del actual edificio, cuya construcción se completó en 1784. La obra concluida fue duramente criticada, hasta tal punto que Marchionni se vio obligado a abandonar la ciudad.
La sacristía presenta planta octogonal y está cubierta por una cúpula. Se encuentra flanqueada por varios edificios, entre los que se encuentran la Sacristía de los canónigos y beneficiarios, la Sala Capitular y el Tesoro.
Grutas vaticanas
Confessio
Las Grutas vaticanas se formaron por la diferencia de cota entre la nueva y la antigua basílica. Tienen forma de iglesia subterránea de tres naves. Se han utilizado como lugar de enterramiento de muchos papas. El acceso se realiza por una escalera doble rodeada por una elegante balaustrada sobre la que se queman 99 lámparas votivas; esta escalera parte desde la parte frontal del Altar Papal. La escalera finaliza ante la 
confessio de San Pedro. Ante el mosaico de Cristo Pantocrátor se encuentra el cofre que guarda los palios. Tras este cofre se encuentran los restos de mármol de la tumba de San Pedro construida por el emperador Constantino. En la parte inferior se encuentra la bola de bronce, llamada «cataracta» o «billicus confessionis», que servía de acceso, desde la construcción de la primera basílica, a la tumba de Pedro.
En las grutas vaticanas también podemos encontrar las tumbas de algunos papas que lo eligieron como lugar de enterramiento, entre ellos Benedicto XVI (Joseph Alois Ratzinger, fallecido en diciembre de 2022)
Arciprestes de la basílica
El arcipreste de la basílica de San Pedro es el jefe ejecutivo del culto y el cuidado pastoral de la basílica, y siempre es un cardenal. Algunos de los arciprestes más destacados de la basílica fueron los que más tarde llegarían a ser  papas.
 
En la actualidad ocupa el cargo el cardenal Mauro Gambetti, desde el 22 de febrero de 2021.
Curiosidades
  • Está diseñada con tal grado de perspectiva que, salvo que tengamos la referencia de alguna persona que se encuentre cerca, no tendremos una idea adecuada del tamaño de alguna de las estatuas que hay en su interior. Por poner un ejemplo, en los medallones de las pilastras que sujetan la cúpula, hay unos mosaicos con los cuatro evangelistas, bien, pues la pluma de San Marcos mide 1,5 m. 
  • Tumba de María Sobieska
    Las líneas de bronce (31 placas) que se ven en el suelo de la nave central desde su comienzo  indican las longitudes de otras grandes iglesias del mundo (se puede leer el nombre y la longitud de cada una de ellas en las líneas) en comparación con la basílica vaticana y al mismo tiempo, también nos permite apreciar la inmensa escala del templo
  • La Pietá
    Justo a la derecha de la entrada (en la llamada Nave de la Epístola), en una capilla, no podemos perdernos la Pietá de Miguel Ángel. Esta escultura, realizada por el maestro florentino cuando solo tenía 24 años, es la única firmada por él (la firma se encuentra en la banda que cubre el pecho de la Virgen). Se encuentra detrás de un cristal de seguridad debido a un acto vandálico que le destrozó la nariz, parte de la cara, el brazo izquierdo y el codo.
  • Señal de S, Pablo de Londres
    Justo en la capilla del otro lado de la nave (la de la izquierda o Nave del Evangelio) contiene otra talla se trata de la tumba de María Sobieska, esposa de Jacobo Estuardo. Ella y la reina Cristina de Suecia son las dos únicas mujeres enterradas en San Pedro (la tumba de la reina Cristina está en la capilla del ala de la derecha, junto a la Pietá).
  • En la nave central cerca del Baldaquino de Bernini, nos encontraremos con una pequeña estatua en bronce de San Pedro (nº 71 en el plano) perteneciente a la primera basílica y donde se suelen formar colas para besarle el pie, que está bastante desgastado por esta costumbre.