miércoles, 8 de julio de 2026

Una semana en Roma. Quinto día. Parte II

Y llegamos a la sala VIII la gran sala de Rafael donde encontramos una extraordinaria muestra de su obra. La primera de ellas es la Coronación de la Virgen (llamada Retablo Oddi), se trata de un lienzo al óleo, transportado, de 272 x 165 cm y pintado por encargo de Maddalena degli Oddi,  para el altar de la capilla de la familia degli Oddi en la iglesia de San Francesco al Prato en Perugia, estuvo en esa iglesia hasta el año 1797  en que fue requisada por los franceses y trasladada a París, donde se transportó de la tabla a la tela. Devuelto después de 1815, ya no regresó a su sede original y entró a formar parte de la nueva Pinacoteca Vaticana según los deseos de Pío VII.
Coronación de
 la Virgen
(Retablo Oddi)
La tabla, según estudios, se debió realizar en dos fases. En la primera se ejecutó la mitad superior, a la que corresponde la Coronación propiamente dicha. Esta zona superior muestra a las figuras con un aspecto más convencional,  son más estáticas y más afines o cercanas a los modos de Perugino.
Posteriormente se llevaría a cabo la escena de los apóstoles en torno al sarcófago abierto y florecido. Los apóstoles de la mitad terrenal muestran además de una mayor solidez en su planta, un estudio de las fisonomías más esmerado adoptando un mayor dinamismo y variedad gestual atribuible a la influencia de Masaccio tras un viaje de Rafael a Florencia en el que pudo visitar la capilla Brancacci en la iglesia de Santa María del Carmen.
En la parte alta de la composición, entre ángeles músicos, Jesucristo corona a la Virgen, mientras que, en la parte inferior, los Apóstoles mirando hacia arriba con devoción rodean un sarcófago con flores rojas y blancas que suplantan al cuerpo de la Virgen que ya ha sido elevada a los cielos. Entre los apóstoles, en el centro, se encuentra Santo Tomás, que tiene en sus manos el cinturón rojo de la Virgen que ésta le ha dejado como regalo.
Los dos planos, el celestial y el terrenal, quedan separados por una fina línea de nubes blancas.
La anunciación   La adiración delos Reyes Magos 
 y La Presentación en el templo                       
La pintura, obra juvenil fechada generalmente entre 1502 y 1504, siempre ha sido indicada como la obra de Rafael más cercana al estilo de su maestro Perugino.La predela se trata de  una tabla al temple engrosado, de 39 x 190 cm aprox. que ilustra tres episodios de la infancia de Cristo: la Anunciación, la Adoración de los Reyes Magos y la Presentación al Templo.
En “La anunciación”, transferida también a lienzo, Rafael pinta con gran belleza a las dos figuras, la de María y el ángel, iluminadas por una luz potente que remarca las vestimentas coloridas. El suelo embaldosado, las columnas, las bóvedas de cañón y los arcos de medio punto forman una perfecta arquitectura. El fondo, al abrirse en un paisaje, aumenta la sensación de profundidad. Arriba, a la izquierda, Dios.
La “Adoración de los Reyes Magos”  también es un óleo sobre lienzo que forma parte de la predela de la Coronación de la Virgen y que mide 27 X 50 cm. destacando  por su intenso colorido y el uso de arquitectura clásica.  Representa una escena dentro de la historia que hace referencia a estos personajes que aparecen en el evangelio de San Mateo, pero no en el de San Lucas. La historia de los Reyes Magos ha tenido siempre una gran atracción para las narraciones artísticas.
La "Presentación en el templo" es una delicada pintura al óleo creada al igual que las otras dos como predela de la
  Coronación de la Virgen por el maestro renacentista italiano Raphael. Esta pequeña obra /27 X50 cm) destaca por su meticuloso dominio de la perspectiva y la composición, características fundamentales del estilo temprano del artista. En ella, Rafael representa el clásico episodio bíblico narrado en el Evangelio de San Lucas, donde María y José llevan al niño Jesús al templo para presentarlo y cumplir con los ritos de purificación.También tenemos en esta sala la Predela Baglioni que son tres tablillas al temple engrosado (con acabado más pastoso por tener más aglutinantes grasos) y cada panel de 18 x 44 cm. que representan la Esperanza, Caridad  y Fe,  acompañadas a los lados de amorcillos que muestran los respectivos atributos en sus manos (unas tablillas con los monogramas griegos CPX e IHS, alusivos al Cristo, objeto de fe, para la primera; actitud de confianza para la Esperanza; un brasero con llamas y una jofaina llena de monedas para la Caridad). 
Detalle
Es muy probable que la Caridad, que se muestra sosteniendo a dos niños pequeños (uno de ellos alimentándose de su pecho) y coronada por el fuego divino, ocupase la posición central, con la Esperanza a la izquierda representada por una figura femenina con alas, que levanta las manos hacia una visión celestial y la Fe a la derecha representada por una mujer sosteniendo un cáliz y una hostia sagrada.
Las Virtudes teologales constituyen los compartimientos de predela del retablo Baglioni, hoy desgajado en partes y en el que se representa el Descendimiento de Cristo que fue pintado para la capilla de familia Baglioni en la iglesia de San Francisco al Prato en Perusa y actualmente conservada en la Galería Borghese de Roma. El retablo, realizado en 1507, fue encargado a Rafael por Atalanta Baglioni en memoria del hijo Grifone, asesinado en 1500 en un conflicto familiar por el control de Perusa.
Otra de sus obras que aquí se nos muestra es la Virgen de Foligno tabla de 308 x 198 cm que, después trasportada a lienzo al óleo. Es un cuadro exvoto que fue encargado en 1511 por Segismundo de' Conti para el altar mayor de la iglesia de Santa María de Aracoeli en Roma. De aquí pasó, en 1565, a la iglesia de Santa Ana en el Monasterio de las Condesas en Foligno y, tras regresar de Francia, donde había sido trasladada en 1797 a raíz del Tratado de Tolentino, entró a formar parte de la Pinacoteca Vaticana (1816).
Virgen de Foligno
Rafael divide el lienzo en dos mundos. El superior, celestial, con la Virgen y el Niño envueltos en un disco solar y nubes; el inferior, terrenal, donde se reúnen varios santos y el donante.
La Virgen y el Niño Jesús, sostenidos por una nube de ángeles y enmarcados por un gran halo naranja, dominan el grupo de santos por debajo de ellos, entre los cuales se encuentra el donante arrodillado. Esta zona celestial aparece distanciada de la que aparece debajo por una mayor modulación cromática y luminosidad.
El comitente Segismundo de' Conti, ilustre humanista de Foligno, se halla representado a la derecha, rezando de rodillas. San Jerónimo, en hábito cardenalicio, lo presenta a la Virgen, sentada en gloria con el Niño; a la izquierda, San Juan Bautista, vestido con pieles, indica la visión celeste, frente a la cual se arrodilla San Francisco, protector de los Menores, y a cuya iglesia estaba destinado el cuadro.
Esta obra fue encargada por Segismundo de' Conti para agradecer a la Virgen por haber salvado la casa de Foligno, tras caer sobre ella un rayo. El episodio se recuerda con la atmósfera tormentosa del paisaje en el fondo, y el destello del relámpago (o explosión) que golpea el Palacio (visible a la izquierda), ilustrando con ello el suceso al que pretendía aludir.
El angelito, un pequeño “putti”, en el centro de la composición sujeta una placa sin inscripción, destinada probablemente a recordar el voto atendido por la Virgen.
Estas figuras adoptan la forma de semicírculo, completando así, con el de la zona superior, un círculo. La forma circular se repite en la aureola de la Virgen y el arco iris que aparece en el paisaje.
La fuerte caracterización de las figuras, la plenitud volumétrica de los putti y el refinado claroscuro distingue a esta tabla como una obra del artista en su madurez y constituye un hito de la pintura occidental por su hábil composición y la diferenciación entre los planos celeste y terrenal.
El cuadro se puede fechar entre el año 1511 y el 1512, en el período en que Rafael estaba trabajando en la Estancia de Heliodoro en el Vaticano (aposento de Julio II)
Para concluir esta sala nos fijaremos en la Transfiguración obra encargada por el cardenal Julio de' Medici (futuro papa Clemente VII) para la catedral de San Justo de Narbonne cuando fue nombrado obispo de la ciudad en 1515. En realidad encargó dos cuadros del mismo tamaño: la Transfiguración, a Rafael, y la Resurrección de Lázaro (actualmente en la National Gallery de Londres), a Sebastián del Piombo.
La Transfiguración
La Transfiguración no fue enviada a Francia, ya que tras la muerte de Rafael (1520), el cardenal se quedó con ella, regalándola más tarde a la iglesia de San Pedro en Montorio, lugar donde fue colocada en el altar mayor. En 1797 fue llevada a París, como muchas obras, y devuelta en 1816 tras la caída de Napoleón; fue entonces cuando entró a formar parte de la Pinacoteca de Pío VII.
La obra es una tabla al temple engrosado de 410 x 279 cm en la que se describen dos episodios narrados uno detrás del otro en el Evangelio de Mateo y donde hay una clara separación entre la parte superior con la esfera celestial y la inferior: la esfera terrenal.
Apóstoles: Pedro, Santiago y Juan
Arriba aparece Cristo sobre el monte Tabor, cuando se transfigura en gloria divina, de ahí esa luz tan blanca que lo rodea y destaca entre toda la composición. Lo acompañan en los laterales los profetas Moisés y Elías. Justo por debajo de Jesús, hay tres de sus discípulos, los Pedro, Santiago y Juan que cubren sus rostros, deslumbrados por la divinidad. Y que parecen incluso asustados ante tal transformación que han debido ver con sus propios ojos.
Las dos figuras que aparecen arrodilladas a la izquierda son los mártires San Agapito y San Felicísimo, cuya festividad coincide con la fiesta de la transfiguración, el 6 de agosto.
Detalle
En la parte inferior, la escena es mucho más oscura, con los Apóstoles, situados a la derecha, que intentan curar a un niño poseído por algún demonio (o podría hacer referencia a un ataque de epilepsia) que aparece a la izquierda. Por mucho que lo intentan, no tienen la capacidad suficiente para curar a ese niño. Será Jesús, por supuesto, quien obrará el milagro cuando regresa del monte Tabor. Sobresale la figura de la mujer arrodillada, que parece más una escultura clásica que un ser humano.
La composición agitada y expresiva del episodio inferior contrasta con la paz superior, sirviendo como contraste entre la naturaleza divina y las limitaciones humanas.
La estructura general de la obra es piramidal ascendente (característica del Renacimiento), hay simetría y la tensión se dirige principalmente hacia el foco de luz, o sea hacia Jesús ascendiendo en el monte Tabor.
Detalle
Y como es habitual en las obras religiosas de estos siglos se plasma en ella la jerarquización  eclesiástica religiosa: Jesús en la parte superior, los discípulos en el medio y el pueblo en la parte inferior, método que ha dividido la fe y mantenido su preponderancia hasta nuestros días.
Si nos fijamos en las torsiones y las posturas retorcidas de algunos de los personajes, entre ellos el dramatismo y la tensión del niño poseído y sus acompañantes o en el claroscuro utilizado por Rafael en la parte inferior podríamos deducir que estamos ante una obra preludio de dos movimientos artísticos que se producirán con posterioridad a la figura de Rafael: el Manierismo y el Barroco
El cuadro es el último realizado por Rafael y puede considerarse como el testamento espiritual del artista. La obra estaba en su estudio y fue colocada junto a su lecho de muerte tras su fallecimiento prematuro a los 37 años. La obra según Giorgio Vasari, es "la más celebrada, la más bella y la más divina".
Ya en la sala IX nos encontramos con este cuadro de da Vinci, San Jerónimo. Realizada al temple y óleo sobre tabla de 103 × 74 cm. Obra inacabada de Leonardo, posiblemente debido a su marcha a Milán, fue realizada en Florencia. Y aunque está inacabado  se ve la composición al completo. Representa a  San Jerónimo, teólogo, biblista, erudito y traductor, que tradujo los Evangelios del griego al latín, y el Antiguo Testamento desde el hebreo.
S. Jerónimo
Este enigmático lienzo del gran genio del Renacimiento ofrece una interpretación original del santo eremita y Doctor de la Iglesia, en consonancia con la iconografía del Quattrocento toscano, y aporta valiosas claves sobre el proceso creativo del artista.
La representación de san Jerónimo entre rocas,  rompe con la tradición de representar a San Jerónimo como un padre de la iglesia elegante.
Leonardo lo pinta como un ermitaño demacrado, enflaquecido y arrodillado en el desierto, a la entrada de una oscura caverna con una piedra en la mano derecha, preparándose para golpearse el pecho en señal de penitencia, con lo que hace crecer el misterio de la escena; el dramatismo se provoca por la anatomía del cuerpo y la expresión de la cara del santo. El león que se aprecia insinuado en primer término en la parte derecha representa un de los atributos de san Jerónimo.
El cuadro destaca por su profundo, esquemático y oscuro paisaje de rocas escarpadas contra la que se recorta la figura del santo. Este escenario tan abrupto aporta a la pintura emoción y cierto misterio.
En su conjunto, ofrece un aspecto prácticamente monocromo. La claridad de la figura del santo y del león perfilado en el primer plano contrasta con la oscuridad del fondo.
Aunque se desconoce su procedencia exacta, la atribución a Leonardo nunca ha sido cuestionada. La obra, aún en estado de boceto (solo tiene la primera capa de color del fondo) y con distintos grados de acabado, revela una extraordinaria calidad del dibujo, la maestría anatómica de Da Vinci y una magistral técnica pictórica, especialmente en el uso de veladuras en las zonas de claroscuro. Por sus similitudes con la Adoración de los Magos (Florencia, Galería de los Uffizi), se considera realizada entre 1481 y 1482.
Según la tradición, fue descubierta por el cardenal Joseph Fesch —tío de Napoleón— dividida en dos partes. Una de ellas servía como fondo de un cofre y la otra se utilizaba como la parte superior del tamborete (banqueta) de un zapatero.
La tabla se encuentra actualmente recompuesta, tras haber estado fragmentada en cinco piezas. Tras la muerte del cardenal, la pintura fue subastada y vendida varias veces, hasta que en 1856 fue adquirida por Pío IX (1846-1878) para la Pinacoteca Vaticana.
En esta sala también  nos encontramos esta bonita tabla al óleo de 107 X 84 cm. de Giovanni Bellini, el Dolor por el Cristo muerto, 
Dolor por el Cristo muerto
La pintura constituía el cimacio (elemento superior) del célebre retablo que Giovanni Bellini pintó en Pesaro para el altar mayor de la iglesia de San Francisco alrededor de 1475. El retablo (actualmente en los Museos Cívicos de Pésaro) representa la Coronación de la Virgen encuadrada en una compleja serie de compartimientos. En el Dolor se reúnen en torno al cuerpo de Cristo muerto las tres figuras de María Magdalena, Nicodemo y José de Arimatea. El rostro de los personajes transmite un sufrimiento silencioso e íntimo, diseñado para inspirar compasión y fomentar la meditación religiosa del devoto.
Bellini utiliza un punto de vista muy bajo, obligando al espectador a mirar la escena desde abajo, lo que le otorga una solemnidad monumental a la composición, enfatizada por la luz lateral que reciben, que  se caracteriza por el tono absorto y doliente de la representación y por la íntima relación emocional que une a los protagonistas.
En la sala X vamos a destacar una obra de Tiziano y otra de Veronese. La de Tiziano se trata de Virgen con el Niño y Santos en la gloria. También llamada Virgen de San Nicolás dei Frari. Se trata de un lienzo al óleo, transportado, de 388 x 270 cm.
Virgen con el Niño
y Santos en la gloria
El gran retablo de la Virgen con el Niño y Santos en la gloria fue pintado entre 1522 y 1526 para el altar mayor de la iglesia de San Nicolás della Lattuga en Campo dei Frari en Venecia, más conocida como San Nicolás dei Frari. Doscientos años más tarde el papa Clemente XIV
  adquirió la obra para el Palacio pontificio del Quirinal, y desde 1820 ingresó a formar parte de la Pinacoteca del papa Pío VII.
La pintura, originalmente cimbreada (es decir, curvada en la parte superior, donde está representada la paloma del Espíritu Santo), presenta a la Virgen con el Niño y ángeles en las nubes, y en la parte inferior a Santa Catalina de Alejandría, San Nicolás de Bari, San Pedro, San Antonio de Padua, San Francisco de Asís y San Sebastián. Se trata de una obra de la primera madurez del artista que, llega a superar a los maestros Giovanni Bellini y de Giorgione, y se revela como una personalidad autónoma y con pleno prestigio.
Visión de Santa Elena
La de Veronese, Paolo Caliari llamado el Veronese por su nacimiento, se trata de la Visión de Santa Elena. Es una tela al óleo, de166 x 134 cm., en ella Santa Elena, madre del emperador romano Constantino, está representada dormida, sentada, con la cabeza reclinada sobre su mano izquierda y vistiendo ropas del siglo XVI, con una capa y un velo asegurado por su corona.
A la derecha del lienzo,  en la parte inferior, simbólicamente, un ángel alado, de espaldas, le muestra la cruz.
La historia sagrada le atribuye la visión o, para ser más precisos, el sueño, que la llevó a encontrar la verdadera Cruz (Veracruz) materializada (por así decirlo) y sostenida por un amorcillo alado. La iconografía no es la que se encuentra tradicionalmente en el ambiente véneto, donde la Santa generalmente está representada de pie cerca de la cruz. La pintura, fechada aproximadamente en 1580, forma parte de la producción madura del gran pintor véneto.
En la sala XI me llamó la atención La Virgen de las cerezas, conocida formalmente como Descanso en la huida a Egipto, de Federico Fiori, llamado el Barocci, que es un  óleo sobre lienzo de 133 x 110 cm. y que representa a la Sagrada Familia en un momento de descanso durante la “Huida a Egipto”. 
Virgen de las cerezas
Fue pintado por este pintor nacido en Urbino como Rafael Sanzio, para un amigo coleccionista de arte de Perusa. La refinada obra de este pintor se inspira en composiciones expresando el tema religioso con gestos inmediatos y sencillez armoniosa, transportando la esfera divina a un contexto más humano, según los nuevos cánones de la Contrarreforma.
En ella, San José le ofrece una rama de cerezas al Niño Jesús, mientras la Virgen recoge agua en un entorno cotidiano y luminoso.
Al sustituir la palmera,  de la narración evangélica, que ofreció protección y reposo a la Virgen y al Niño Jesús, por el cerezo transforma el milagro en un momento de íntima dulzura familiar. Y al mismo tiempo alude simbólicamente a la sangre de la pasión de Cristo y a la dulzura del ParaísoLa Virgen, en un gesto de afectuosa ternura maternal, acoge al Niño, que tiende la mano hacia las cerezas ofrecidas por San José. El asno de la derecha sitúa la escena en un contexto cotidiano, mientras que un paisaje luminoso se extiende al fondo. Junto a la Virgen, un recipiente con agua alude a la Eucaristía, enriqueciendo el valor teológico de la obra.
A La Virgen de las Cerezas podemos considerarla como una gran obra del  Renacimiento italiano tardío. Las sutiles veladuras y las transiciones tonales graduales confieren a las telas una suavidad casi táctil, mientras que el rojo del vestido de María armoniza con el azul del manto, emblema de pureza; toques de amarillo y rosa en el drapeado completan la armonía de colores.
A la muerte de su amigo la obra pasó a los Jesuitas de Perusa donde permaneció hasta 1773. Con la supresión de la Orden llegó a Roma, al Palacio del Quirinale, desde donde en 1790 se trasladó a la antigua Pinacoteca Vaticana. Sucesivamente pasó a los Palacios Apostólicos, y regresó establemente a la Pinacoteca Vaticana en tiempos de S. Pío XI  en el año 1935.
El Descendimiento
Y en la sala XII no podemos pasar sin ver la obra de Caravaggio, El Descendimiento de la cruz. Esta obra barroca es conocida también como el Santo Entierro, Entierro de Cristo, Deposición de la cruz o Preparación de Cristo muerto sobre la piedra de unción.
Es considerada una de sus obras maestras y fue encargada para la capilla de familia en Santa María en Vallicella (Iglesia Nueva) en Roma. En 1797 fue incluida en el grupo de obras trasladadas a París y tras ser devuelta en 1817 pasó a formar parte de la Pinacoteca de Pío VII.
El Descendimiento de la cruz está realizado al óleo sobre lienzo y tiene unas dimensiones de 300 centímetros de alto por 203 de ancho.
Caravaggio no representa en realidad la Sepultura ni el Descendimiento de la manera tradicional, ya que el Cristo no está descrito al ser bajado a la tumba.
Detalle
San Juan y Nicodemo sostienen con esfuerzo el cuerpo de Cristo muerto. El evangelista por la parte superior y el segundo por las rodillas colocan el cuerpo de Jesucristo sobre la Piedra de la Unción, es decir, la piedra tumbal con la que se cerrará el sepulcro. Nicodemo tiene girada la cabeza y observa al espectador consiguiendo que éste
  partícipe de la escena.
Una mano de San Juan toca la herida que hay en el costado, ya que es él, Juan, el único que nombra en su libro la existencia de la laceración con una lanza.
Detalle
El Cristo muerto concentra toda la luz del cuadro, ya que es el protagonista del mismo. Su expresión es totalmente serena, como si se quisiera enfatizar la incapacidad del Cristo muerto para sentir el dolor, además se puede ver la carencia de arañazos en su piel y los estigmas de pies y manos están limpios. Es un cristo que se asemeja al de la Piedad de Miguel Ángel, por quien Caravaggio sentía gran admiración, por su tamaño desproporcionado y la tensión muscular claramente manifiesta en tórax y glúteo que no corresponde a un cadáver. En este sentido, debemos observar el brazo colgante de Cristo que recuerda mucho al de Cristo en la Piedad  de Miguel Ángel.
Alrededor del cuerpo de Cristo se colocan la Virgen en posición de misericordia (brazos en cruz), abrazando toda la escena. Lleva un manto azul característico de su condición y es la primera vez que es representada con un rostro avejentado, en concordancia con la edad que tendría a la muerte de su hijo. No como es habitual que es representada con una idealización y perfección incierta.
Detalle
A la derecha de la Madre de Cristo está María Magdalena con la vista baja observando la escena. Una de sus manos la tiene apoyada en la cabeza con un pañuelo para recoger las lágrimas por la desolación de la escena. Por último se encuentra María de Cleofás, que alza sus manos y mirada al cielo, que es donde va a ir el Cristo Muerto y que ahora está a sus pies, en un gesto de altísima tensión dramática y que de alguna forma rompe la contención dolorosa de los demás miembros del grupo que aparecen abatidos y resignados.
Hay un fuerte claroscuro en esta obra, con la luz cayendo sobre rostros y manos mientras que el resto está dominado por la oscuridad y compacta los personajes en la parte derecha del cuadro dejando la parte superior izquierda totalmente oscurecida y  libre.
Es una obra afectada, dramática y teatral por la expresión de sus personajes y la luz empleada por el autor para enfatizar y dirigir la atención del observador.
Caravaggio, cuyo nombre era Michelangelo Merisi  fue el protagonista de una verdadera revolución artística en lo que se refiere a la manera de tratar los temas, al uso del color y de la luz y, sin duda alguna, fue la personalidad más importante de la corriente "realista" de la pintura del siglo XV.
También en esta sala encontramos la Crucifixión de San Pedro del pintor barroco Guido Reni. 
Se trata de un óleo sobre lienzo, de 305 x 171 cm y que fue encargada por el Cardenal Pietro Aldobrandini para San Pablo alle Tre Fontan (San Pablo de las Tres Fuentes).
Crucifixión
de S. Pedro
Y el objetivo con el que el cardenal encomendó esta obra a Reni, fue que transmitiera la idea de dar la vida por la fe, conmoviendo y convenciendo con ello a los fieles.
Esta obra marcó el primer éxito romano de Guido Reni, quien la realizó entre 1604-1605. Trasladada al Palacio Pontificio del Quirinal fue llevada, como tantas otras, a París en 1797 y, tras ser devuelta, entró a formar parte de la Pinacoteca de Pío VII desde 1819.
Recién llegado a Roma, el artista boloñés fue partidario de las novedades revolucionarias de la pintura de Caravaggio, que desde el comienzo habían influido de manera determinante en la vida artística de la ciudad pero las traduce en su estilo idealizado y clasicista.
Dicha influencia es evidente en la Crucifixión de San Pedro, que representa al apóstol siendo clavado en la cruz cabeza abajo. La obra muestra a tres verdugos levantando y asegurando a Pedro a la cruz. El apóstol es retratado como un anciano sereno que acepta su martirio con nobleza y prefiere no mostrar su rostro, casi como queriendo respetar su sufrimiento, contrastando con el esfuerzo físico de sus ejecutores.
Detalle
Los rostros de los tres esbirros son inexpresivos, los cuerpos son elegantes y musculosos, y las posturas plásticas. Dos intervienen activamente en la crucifixión, mientras que un tercero, posiblemente una figura de mayor edad, parece estar sujetando o asistiendo al santo. Un hombre está sujetando los pies del santo a la cruz, mientras que otro sostiene su cuerpo. El hombre que sostiene el cuerpo del santo es musculoso y está con el torso desnudo, vistiendo solo una sencilla prenda alrededor de la cintura. El hombre que sujeta los pies lleva una gorra roja y una camisa holgada. El fondo es oscuro y algo indistinto, con una sugerencia de paisaje y un cielo nublado. 
Detalle
Para acentuar el dramatismo de la composición coloca la cruz en el centro de la escena: así, la cruz constituye un eje de simetría, en torno al cual el pintor distribuye ordenadamente los cuatro personajes  y que, al igual que Caravaggio, sirviéndose de la luz y el claroscuro hace que las figuras emerjan de ese fondo oscuro, infundiéndoles vida y, al mismo tiempo, expresividad.
Otro punto de composición es el ángulo recto que forman los brazos de san Pedro.
Y en cuanto al color del cuadro, se trata de un colorido muy vivo, dotado de excelentes texturas. Las piernas de san Pedro, lívidas por la poca irrigación sanguínea, son el punto central de la pintura. El juego de los colores blanco y rojo da vigor al ambiente triste.
El estilo general es barroco, caracterizado por una iluminación dramática y una intensa emoción.
El mismo tema fue ya tocado por Caravaggio en el cuadro para la iglesia romana de Santa María del Popolo. Y en ambas obras aparecen cuatro figuras, pero las composiciones en una y otra son bien diferentes.
Detalle
En esta obra, Reni experimentó brevemente con el tenebrismo y el realismo de Caravaggio, pero suavizando la crudeza y atenuando la alta tensión dramática con una elegancia más clásica y espiritual. Fue tal el impacto de esta pintura que el propio Caravaggio se sintió eclipsado y se dice que Caravaggio se enfureció tanto por este "plagio", que amenazó a Reni con pelear con sus puños en lugar de pinceles, por su brillante reinterpretación.
Otra de las obras que también me llamó la atención el Martirio de San Erasmo de Nicolas Poussin, se trata de un lienzo al óleo de 320 x 186 cm.
El Martirio de San Erasmo es el primer encargo público de Nicolás Poussin, pintor representante del clasicismo francés, en Roma, ciudad a la que el pintor francés se había trasladado en 1624.
Martirio de
 S. Erasmo
Realizada para el altar del transepto derecho de la Basílica de San Pedro, en el que se guardaban las reliquias del Santo, la pintura permaneció en ese lugar hasta el siglo XVIII, cuando fue reemplazada por una pareja en mosaico y trasladada al palacio pontificio del Quirinal.
Al igual que muchas otras fue llevada a París y, tras su devolución, entró a formar parte de la Pinacoteca Vaticana de Pío VII.
El retablo del altar, inicialmente encargado a Pietro de Cortona, pasó en 1628 a Poussin, quien lo realizó antes de acabar el año siguiente, siguiendo los dibujos preparatorios ya elaborados por Cortona.
La pintura representa a Erasmo, obispo de Formia (Antioquía), mientras sufre el martirio, por evisceración durante las persecuciones de Diocleciano en 303 d.C.
Detalle
El pintor representa al mártir en primer plano. A su lado un sacerdote que señala la estatua de Hércules (el ídolo pagano que Erasmo se había negado a adorar sufriendo por ello el martirio en la plaza pública), un soldado romano a caballo encargado de la ejecución, el verdugo que saca el intestino haciéndolo enrollar alrededor de un cabestrante de marinero, un fragmento de arquitectura clásica y ángeles que bajan hacia la víctima con la palma y la corona, símbolos del martirio.
La luz resalta la escena, tratada con un aire clásico, con gran contraste con el color de las vestiduras bajo el cuerpo del santo.
La composición de la pintura se basa en líneas diagonales que convergen en la figura que representa san Erasmo. Dicha composición se transformó en un verdadero prototipo para las representaciones relativas a episodios de martirio y debido a la naturaleza de su muerte, es considerado el santo patrón de los dolores y enfermedades abdominales. Además, por la asociación de la herramienta utilizada en su suplicio (el torno) con los aparejos de los barcos, se le venera como el patrón de los marineros.
Aquel día las salas XIII, XIV y XV estaban cerradas por lo que no pudimos visitarlas. Al parecer en la sala XIII se exponíam los modelos preparatorios en creta mixta con paja en armazón de hierro y mimbre para las figuras de bronce de la Cátedra de San Pedro deLorenzo Bernini.
Adán y Eva en el
Paraíso Terrena
l
No puedo dejar pasar el consejo de visitar la sala XVI donde un cuadro llamó poderosamente mi atención se trata de Adán y Eva en el Paraíso Terrenal del pintor austríaco Johan Wenzel Peter.
Es un enorme lienzo al óleo, 336 x 247 cm., donde Wenzel  Peter pintor animalista especializado en este singular  género reprodujo con extraordinario naturalismo animales de especies muy variadas,  en sus gestos estáticos o de lucha.
El Paraíso Terrenal es la prueba de su virtuosismo, ya que el artista reúne, alrededor de las figuras de Adán y Eva, a los de más de doscientos animales de todo el mundo, reproducidos no sólo con habilidad pictórica, sino también con conocimientos profundos y precisión científica.
En 1831 Gregorio XVI adquirió veinte obras del pintor austriaco Wenzel Peter para adornar la Sala del Consistorio en el Apartamento Papal de representación.

viernes, 3 de julio de 2026

Una semana en Roma. Quinto día. Parte I

Día intenso en cuanto a esperar, fueron cuatro horas, y hacer cola para entrar en los museos vaticanos,pero al final lo conseguimos y la verdad se nos olvidaron esas cuatro horas de esper porque lo que allí se puede ver es impresionante y no deja indiferente a nadie. Te puede pasar horas y horas contemplando aquello y además parece no tener fin nunca.
Y sin más preámbulos comezaré a describíos una pequeña parte de lo que pudimos ver porque describir "todo" es poco menos que imposible. Como sería muy largo de detallar en una sola entrada, esta visita la dividiré en partes, más que nada para que no se haga pesada su lectura.
En la Ciudad del Vaticano, es posible admirar los diversos museos que se encuentran en ella. Entre los museos que forman parte de este complejo tenemos: el Museo Chiaramonti, el Museo Gregoriano Profano, el Museo Gregoriano Etrusco y el Museo Gregoriano Egipcio, el Museo Pio Cristiano y el Museo Pio Clementino, el Museo Misionero-Etnológico, el Museo de la Biblioteca del Vaticano, la Galerías Superiores y la Colección de Arte Religioso Moderno…más de veintiocho, museos, recintos, estancias, salas… y en todos ellos una extraordinaria cantidad de obras de arte antiguo, medieval, renacentista y moderno. 
Pero, entre todas ellas encontramos la obra maestra mundialmente famosa de Miguel Ángel, la Capilla Sixtina, una de las obras de arte más importantes conservadas y que merece la pena conocer de primera mano.
En esta entrada tengo intención de mostraos una pequeña parte de lo que a mí más me llamó la atención e impresionó y como fue tanto, intentaré hacer la entrada en varias partes e intentaré describir, aunque sea brevemente, la mayoría de las estancias, por lo menos las que yo visité, porque tengo que reconocer que no las visité todas. Dedicaré una atención especial a la Pinacoteca, a las estancias de Rafael y, como no, a la Capilla Sixtina, pero porque tradicionalmente son las que estudiábamos y tengo un ligero conocimiento de ellas.
 
Museos Vaticanos
Patio de la Pigna
Los Museos Vaticanos son las galerías y el conjunto de estancias de valor artístico propiedad de la Iglesia y accesibles al público, ubicados en la Ciudad del Vaticano. .
Muestran obras de una extensa colección de la Iglesia católica y el papado a lo largo de los siglos, aproximadamente 70.000 piezas que están expuestas en una superficie que cubre más de 40.000 metros cuadrados, incluidas varias de las esculturas romanas más conocidas y las obras maestras del arte renacentista más importantes del mundo.
Su base fundacional fue la colección privada de Julio II, que fue elegido papa en el año 1503; más tarde otros papas han ido aumentando las extensas colecciones de que constan estos museos. Este conjunto museístico se compone de diferentes edificios de museos temáticos, edificios pontificios, galerías, monumentos y jardines. A este conjunto de edificios también pertenece la Biblioteca Vaticana, una de las mejores bibliotecas del mundo.
Biblioteca Vaticana

Como se ha dicho anteriormente el origen de los museos vaticanos se configuró a partir de las obras de arte que de manera privada tenía el papa Julio II: el Apolo de Belvedere, la Venus Feliz, el Río Nilo, el Río Tíber, la Ariadna dormida y el grupo de Laocoonte y sus hijos, escultura encontrada en la Domus Aurea de Nerón y adquirida por el papa Julio II por consejo de Miguel Ángel y de Giuliano da Sangallo.
Se construyeron edificios con pasadizos y galerías para unirlos con otros, anteriormente edificados, y se fueron desarrollando y ampliando hasta formar los actuales museos.
El Martirio de San Sebastián
de Pinturicchio
Los fondos de arte también fueron creciendo gracias a las donaciones de las grandes familias italianas que tenían entre sus miembros cardenales que llegaban al pontificado. Las colecciones de obras de arte, también, se enriquecieron y aumentaron gracias a todos los tesoros de las catacumbas romanas, así como de todas las excavaciones arqueológicas realizadas en suelo romano, ya que en esta zona sufrió martirio san Pedro, y Constantino I el Grande, después de su conversión al cristianismo, hizo construir una basílica hacia el año 326.
A fines del 1400, el papa Alejandro VI Borgia estableció su residencia en una de las alas reservadas del Palacio Apostólico. La decoración de esta parte del Palacio fue encargada a Pinturicchio, quien compuso una maravillosa serie de frescos para adornar las diferentes salas.
Pero la gran etapa constructiva del Vaticano se inició en 1447 con el papa Nicolás V que encargó al arquitecto Bernardo Rossellino el diseño de la nueva basílica de San Pedro y al pintor Fra Angélico la decoración de la capilla Nicolina.
Capilla Nicolina
Fra Angélico
 Sixto IV, en 1471, hizo construir una nueva capilla, la Sixtina, con la decoración pictórica de diversos artistas, entre ellos Sandro Botticelli y Pietro Perugino y posteriormente decorada por Miguel Ángel por voluntad de Julio II.
Escalera de Bramante
A principios del 1500, el Papa Julio II fundó los Museos del Vaticano y en 1771, el Papa Clemente XIV abrió sus puertas al público. En el antiguo palacio de Inocencio VIII, se construyó como acceso a las plantas superiores, una rampa helicoidal diseñada por Donato Bramante, que la realizó en la época de Julio II (hacia el 1505).
El papa Benedicto XIV en el año 1740, reorganizó las nuevas salas de los museos Sacro y Profano así como el gabinete de Medallas. Y se crearon después los museos Pio-Clementino, por los papas Clemente XIV y su sucesor Pío VI entre los años 1769 y 1799.
Pío VII, en 1800 encargó a Antonio Canova la organización del museo que lleva su nombre: Museo Chiaramonti, creando la primera sección de la pinacoteca. En 1837 fue cuando Gregorio XVI inauguró el Museo Gregoriano Etrusco y poco después fundó el Museo Gregoriano Egipcio (1839). Se fundó también en el Palacio de Letrán el Museo Gregoriano Profano (1844).
Escalera de doble hélice de
 acceso a los Museos Vaticanos
construida en 1932 por
Giuseppe
 Momo, inspirada en la
escalera de Bramante
A partir de 1870 se reorganizó la exposición de las obras de arte y  Pío XI en 1932 abrió la Pinacoteca, en la que expuso cuadros sustraídos por Napoleón y devueltos a raíz del Congreso de Viena (1815) y otras obras de la colección del Vaticano.
Tras numerosas reorganizaciones, traslados y renovaciones tomo una distribución cercana a la actual. En esta reorganización se puede también incluir la creación del Museo Histórico, que posteriormente sería dividido en 1985, teniendo su sede en el Palacio de Letrán
El recorrido se extiende por siete kilómetros de salas, corredores y jardines, además, incluye varios museos como la Pinacoteca del Vaticano, la colección de arte religioso moderno, el Museo Gregoriano Egipcio y Etrusco, el Museo Pio Clementino entre otros.
Los Museos del Vaticano además incluyen Galerías, Capillas como la Capilla Sixtina y la Capilla Niccolina, y otras salas y habitaciones que no nos podemos perder.
En febrero del año 2000 se inauguró la entrada monumental, en el fuerte norte de las murallas vaticanas, cerca de la antigua entrada realizada en 1932 por Giuseppe Momo con una escalera de caracol en rampa, cuya balaustrada fue diseñada por Antonio Maraini y que actualmente sirve de salida del museo.
Como podéis comprender no os voy a detallar una por una cada una de las sedes sino que os haré una breve descripción de las que he  considerado más interesantes, siempre con la premisa de que es una opinión personal y como siempre digo todas son interesantes y dignas de ser contempladas con el mayor interés y admiración.

Biblioteca Vaticana
Fue fundada por Nicolás V (1447-1455) comprando  un gran número de manuscritos, pero  fue el papa Sixto V, en 1587, quien encargó la construcción de su nuevo edificio.
La biblioteca custodia unos 75 000 manuscritos y más de 1.100.000 libros, de los cuales 8000 son incunables.

Museo Sacro o Cristiano
En este Museo Sacro se exponen obras de arte menor medieval. Este museo fue un proyecto del papa Benedicto XIV (1740-1758), según reza en una inscripción que se puede leer en la entrada.
Está situado en el extremo meridional del «corredor» que delimita al oeste con el Patio del Belvedere. El acto mismo que aprobaba su institución fue precedido por la adquisición de colecciones privadas,
El Museo está centrado en la exposición de restos arqueológicos provenientes de las catacumbas, para iluminar sobre el patrimonio de fe y cultura de los cristianos de los primeros siglos basándose en los objetos hallados.
Sala de los papiros
Los materiales se montaron según criterios de carácter eminentemente clasificatorio, dentro de armarios específicamente concebidos para su exposición. Con la expansión de la colección el Museo gradualmente fue ocupando las estancias adyacentes como la Sala de los Papiros, destinada a exponer los papiros latinos de la iglesia de Rávena antaño expuestos a lo largo de las paredes y sustituidos hoy por reproducciones fotográficas exactas. En las vitrinas delante de las ventanas se expone una preciosa selección de terracotas de Gian Lorenzo Bernini (Las dos versiones de la Caridad, respectivamente con cuatro y dos amorcillos) y de Alessandro Algardi (Bautismo de Cristo).

Museo Profano
Benedicto XIV dispuso de una nueva sala para la colección de arte profano, con el objetivo de reunir las obras menores de la Antigüedad, tal como había hecho con las de arte sacro. La colección consta de importantes pinturas romanas del siglo I  y unos frescos con relatos de la Odisea.

Gabinete de Medallas
Medalla Juan Pablo II
Esta colección procede de la Biblioteca Vaticana y contiene más de 100.000 piezas, divididas entre las monedas romanas y las pontificias, siendo una de las más extensas que se conocen dentro de su especialidad.

Museo Pío-Clementino
Fue el primer museo vaticano, fundado por el papa Clemente XIV en 1771. Originalmente contenía obras del Renacimiento y antigüedades clásicas. Tras la muerte de Clemente XIV, el museo y su colección fueron ampliados por el papa Pío VI (1775-1799).
Fue en el año 1797 cuando las obras maestras del museo fueron llevadas a París. Estas regresarían al museo entre las fechas 4 de enero y 11 de agosto de 1816, según la orden del Congreso de Viena, ya durante el papado de Pío VII.
Grupo Laocoonte
Tras la muerte de Pío VI, se le dio su nombre actual, por haber aumentado considerablemente el número de obras de arte que este museo contenía.
Este museo muestra esculturas romanas y griegas en las doce salas que dispone, así como en el Patio Octógono. El origen de buena parte de las esculturas se debe a la colección privada del papa Julio II, que hasta final del siglo XVIII se mantuvo en los jardines del palacio de Belvedere.
Obras representativasde este museo
  • Torso Belvedere.
    Original
    Laocoonte y sus hijos, copia romana en mármol del siglo  I  de un original griego del siglo II a. C.
  • Apolo de Belvedere, copia romana del siglo II de un original griego del 330 a. C. aproximadamente.
  • Apoxiomeno, copia romana de un original griego del escultor Lisipo, del 320 a. C. aproximadamente.
  • Apolo Sauroktonos, copia de un original de Praxíteles del año 350 a. C. aproximadamente.
  • Torso de Belvedere, original del siglo I a. C. del escultor Apolonio.
  • Sarcófago de Helena de Constantinopla, del siglo IV.
  • Sarcófago de Constantina, hija de Constantino I el Grande.
  • Sarcófago de Sabinus.
Museo Chiaramonti
Toma el nombre de su fundador , el papa Pío VII (1800-1823), que le encargó al escultor Antonio Canova la organización y la reforma del mismo. Se encuentra dividido en tres galerías:
  • Galería Chiaramonti, en el corredor de Bramante, donde se exponen numerosas esculturas y sarcófagos.
  • Galería Lapidaria, que consta de una colección de más de tres mil piezas, con gran variedad de epígrafes.
  • Galería del Braccio Nuovo, donde se presentan importantes obras de escultura antigua.
Ganímedes 
con Zeus
Obras representativas de este museo
  • Doríforo, copia romana del bronce griego del escultor Policleto del siglo V a. C.
  • Augusto de Prima Porta, copia en mármol del año 20 de una anterior en bronce y oro.
  • Heracles con el pequeño Télefo, copia romana en mármol de un original griego del siglo IV a. C.
  • Ganimedes con Zeus transformado en águila, en mármol de la época del imperio romano
Museo Gregoriano Etrusco
En 1837, fue fundado el museo etrusco, por el papa Gregorio XVI. El museo contiene material del siglo IX  a. C. hasta el siglo I, y abarca desde la edad de hierro hasta material encontrado en las ciudades etruscas.
Urna etrusca en forma de 
cabaña
La historia milenaria de los etruscos está contada por medio de cerámicas, y objetos de bronce, oro y plata que demuestran que esta era una civilización particularmente artística. También cuenta con una colección de vasos griegos, que fueron encontrados en cementerios etruscos.
Este museo, compuesto de 22 salas, se encuentra localizado dentro del Palacio de Inocencio VIII  y en un edificio contiguo de la época de Pío IV, donde se pueden observar frescos. 

Museo Gregoriano Egipcio
Este museo también fue fundado por Gregorio XVI en 1839. Las piezas que aquí se encuentran provienen de Egipto, de Roma y de Villa Adriana de Tívoli, proviniendo algunas de ellas de colecciones privadas,  como la cedida a Pío XII y que consiste en bronces egipcios de los siglos X al IV a. C., así como el famoso Libro de los muertos.
El museo ocupa nueve salas divididas por un semicírculo abierto hacia una terraza que cuenta con numerosas esculturas. En dos de estas salas se encuentran objetos encontrados en la antigua Mesopotamia y en el Levante mediterráneo.

Museo Gregoriano Profano
El Museo Gregoriano Profano, fue fundado en 1844 por el papa Gregorio XVI en el Palacio de Letrán, sus  obras fueron posteriormente transferidas, bajo el pontificado de Juan XXIII (1958-1963), hacia su actual ubicación dentro del Vaticano.
Contiene estatuas, bajorrelieves, esculturas y mosaicos de la era romana. Fue ampliado en el siglo XIX con la adición del Museo Cristiano Pío, que contiene antiguas esculturas, especialmente sarcófagos, ordenados por la temática, con inscripciones con contenido cristiano.

Museo Misionero Etnológico
Biombo de tres hojas
de Java
Fue fundado en el año 1927 por el papa Pío XI  y si situó en principio en el Palacio de Letrán, al lado de la basílica de San Juan de Letrán, hasta el año 1963, cuando el papa Juan XXIII lo trasladó al Vaticano.
Ha estado reestructurado en cuatro secciones y con subdivisiones dedicadas a las prácticas religiosas de cada estado de Asia, Oceanía, África y América. Se cifra en unas 80.000 piezas la colección de este museo.

Pinacoteca Vaticana
Aquí si me detendré un poco más  porque me pareció impresionante el número y la importancia artística de las obras que aquí se muestran, por supuesto sin excluir el resto.
Después de la invasión de Roma por las tropas de Napoleón, un importante número de obras de arte fueron trasladadas al Museo del Louvre de París. En el año 1815, se estableció una cláusula en el Congreso de Viena en la que se acordaba el retorno de estas obras, con la exigencia al papa Pío VII de exponerlas públicamente, ya que durante el siglo XVIII, solo se habían organizado exposiciones puntuales.
Pinacoteca vaticana
Las obras, una vez recuperadas, fueron expuestas primero en los departamentos Borgia, pero a causa de las malas condiciones en que se encontraban se procedió a trasladarlas nuevamente. Pío X hizo acondicionar los establos de Belvedere, que también resultaron poco adecuados por las condiciones térmicas desfavorables; esto y el aumento constante del número de obras para exponer hizo que el papa Pío XI, encargase la construcción de un nuevo edificio el año 1932.
Son cerca de quinientas las obras, en concreto 460,  que se exhiben en la Pinacoteca Vaticana. Las pinturas están expuestas en dieciocho salas, ordenadas cronológicamente y por escuelas desde los llamados Primitivos (siglos XII-XIII) hasta el siglo XIX. La colección incluye algunas obras maestras de los mayores artistas de la historia de la pintura italiana, y con una representación de las mejores escuelas italianas: la sienesa  (Perugino), la florentina (Giotto di Bondone, Beato Angélico o Leonardo da Vinci), la veneciana (Giovanni Bellini, Tiziano), la boloñesa (Guido Reni), la de Urbino (con Melozzo da Forlì)… y pintores como: Rafael, Veronés, Caravaggio o Crespi.
Obras más representativas por salas:
En la sala I encontramos este Juicio Final de Nicoló y Giovanni.
Esta tabla redonda con una base rectangular procede del Oratorio de San Gregorio Nazianzeno en Roma. La representación del Juicio Final se desarrolla en cinco franjas superpuestas, cada una de las cuales cuenta con una inscripción explicativa en latín: comenzando desde arriba, en la primera aparece Cristo entre querubines y ángeles; en la segunda, Cristo frente a un altar entre dos ángeles y los doce Apóstoles. En la tercera, más compleja, se hallan tres representaciones: a la izquierda, San Pablo que guía a los Elegidos; en el centro, la Virgen y San Esteban que interceden por los Santos inocentes; a la derecha, tres Obras de Misericordia (Vestir a los desnudos, Visitar a los presos, Dar de beber a los que tienen sed). 
En la cuarta franja se ilustra la Resurrección de los Muertos (a la izquierda, peces y animales feroces escupen los miembros de los cuerpos devorados; a la derecha, dos ángeles despiertan a los muertos en las tumbas al son de las trompetas apocalípticas). Por último, en la base de la tabla, encontramos el Infierno y la Jerusalén Celeste con la Virgen Orante entre los Elegidos. Frente a los muros se hallan retratadas las donadoras (identificadas por una frase): la abadesa Constanza y la monja Benedicta. La obra está firmada por Nicolaus y Johannes. Mayores controversias radican en torno al problema sobre su datación, que antiguamente oscilaba entre finales del siglo XI y la segunda mitad del XII, siendo esta última la más probable en nuestros días.
También en la sala I nos encontramos con el Martirio de san Esteban del florentino y discípulo de Giotto, Bernardo Daddi. Son ocho tablillas al temple de 26,5 x 30 cm cada panel y que  formaban la predela de un políptico aún no identificado. Destacan por su elegante transición del estilo de Giotto al gótico.
Tablilla del Martirio de
San Esteban
Las pinturas describen el martirio de San Esteban y la historia del hallazgo de sus reliquias según una narración medieval (la Leyenda Áurea de Jacobo de Vorágine); empiezan con la Lapidación del Santo, sigue La aparición en sueño de San Gamaliel (maestro de San Pablo) a San Luciano, durante la cual le revela el lugar de la sepultura de su propio cuerpo junto con los de Abibo, su hijo, Nicodemo y San Esteban; San Luciano cuenta a Juan la visión que ha tenido, Patriarca de Jerusalén, que hace buscar los cuerpos; el Hallazgo de los cuerpos de los Santos Luciano, Abibo, Nicodemo y Esteban en el lugar indicado por Gamaliel; el Traslado de los cuerpos de los Santos a Jerusalén, ciudad en la que el de San Esteban curó milagrosamente a Eudoxia, hija del Emperador Teodosio, poseída por un espíritu maligno; el Segundo traslado a Roma; la Reunión del cuerpo de San Esteban con el de San Lorenzo en Roma y por último, los Necesitados que imploran milagros en la tumba de los Santos Lorenzo y Esteban.
De la sala II yo destacaría dos obras: El Tríptico Stefaneschi de Giotto di Bondone y El redentor bendiciendo de Simone Martini.
El tríptico Stefaneschi es una tabla al temple de  178 x 89 cm (en el panel central), 168 x 83 cm aprox. (en los paneles laterales); y 45cm.aprox. x 83 cm aprox. (en cada sección de la predela).
Tríptico Stefaneschi
El tríptico (pintado en tres compartimentos) debe su nombre al cardenal Stefaneschi, quien lo mandó realizar para la antigua Basílica de San Pedro. Está pintado en ambos lados, ya que tenía que ser visto tanto por el sacerdote como por los fieles y dentro de una estructura gótica con un fondo dorado propio del arte medieval, a pesar de que el naturalismo de las figuras ya se acerca al Renacimiento. En el lado delantero se encuentran representados Cristo en el trono con Ángeles y el cardenal Stefaneschi, entre la Crucifixión de San Pedro a la izquierda y el Martirio de San Pablo a la derecha; en la predela ubicada debajo, la Virgen con el Niño en el trono entre dos ángeles y los doce apóstoles. En el lado trasero se encuentran San Pedro en el trono con el cardenal Stefaneschi, quien sujeta entre las manos el modelo del tríptico, y el papa Celestino I en la tabla central; y en las laterales, Santiago y San Pablo a la izquierda, San Juan Evangelista y San Andrés a la derecha; de la predela queda sólo un compartimento con tres Santos. Este cuadro fue realizado por Giotto con la colaboración de su taller.
El Redentor bendiciendo
de Simone Martini
Por
su parte El redentor bendiciendo es también una tabla al temple, de 38,3 x 28,5 cm.
Esta tabla de pequeño tamaño era tal vez la parte alta de un políptico perdido.
El Cristo está representado de medio cuerpo, de frente, con la mano derecha levantada en un gesto de bendición y la izquierda apoyada en un libro. La obra es de un alto nivel cualitativo, sigue el modelo bizantino pero expresado en un lenguaje plenamente sienés, por la elegancia del dibujo y el color refinado.
En la sala III vimos dos obras interesantísimas de Fra Angélico son: Historias de San Nicolás de Bari y  La Virgen con el Niño entre Santo Domingo y Catalina de Alejandría.
Tablilla I de Historias de S.
Nicolás de Bari
Historias de San Nicolás de Bari son dos tablillas de madera al temple de los tres compartimentos de la predela de un gran tríptico, cada panel tiene 35 x 61,5 cm.
Realizado en 1437 por Beato Angélico, por encargo del obispo Guidalotti, para la Capilla de San Nicolás en la Iglesia de Santo Domingo de Perusa. Las otras partes del retablo, despedazado en el siglo XIX, se conservan en la Galería Nacional de Umbría en Perusa.
Tablilla II de Historias de S.
Nicolás de Bari
En los tres compartimentos de la predela se describen los hechos de la vida de San Nicolás, patrón de la capilla. En el primero de los paneles vaticanos están representados tres episodios de la juventud: el Nacimiento de San Nicolás, su Vocación y la Limosna a las tres niñas pobres; en el segundo se describen el Encuentro de San Nicolás con el Mensajero imperial, la Salvación de un cargamento de trigo destinado a la ciudad de Mira, y por último, Salvación milagrosa de una nave del naufragio.
Virgen con el Niño
entre Santo Domingo y 
Catalina de Alejandría
La segunda de sus obras,  La Virgen con el Niño entre Santo Domingo y Catalina de Alejandría es también una tabla  al temple de 24,4 x 18,7 cm.
Se carece de noticias acerca de la procedencia originaria y del encargo de esta tablilla atribuida, casi por unanimidad, a Fra Angélico, quien la realizó probablemente hacia 1435. La pintura, que debido a su reducido tamaño estaba seguramente destinada a la devoción privada, representa a la Virgen que juega con el Niño, basándose en una iconografía muy difundida en Toscana a partir del siglo XIII: en la mano tiene una rosa, símbolo de sabiduría, mientras que en primer plano se arrodillan Santo Domingo, fundador de la Orden a la que pertenecía Fra Angélico, y Santa Catalina de Alejandría.
Entre las pinturas de la sala IV me ha parecido interesante la obra Ángel que toca el laúd de Melozzo degli Ambrosi llamado Melozzo da Forlì. Esta obra es un fragmento de fresco desprendido, de 93,5 x 117 cm.
Ángel tocando el laúd
Los demás fragmentos con apóstoles y ángeles músicos, hasta un total de catorce, están expuestos también en esta sala IV, y junto con la figura de Cristo (actualmente en el palacio del Quirinal), formaban parte de la antigua decoración del ábside de la iglesia de los Santos Apóstoles en Roma, en la que se representa la Ascensión de Cristo. El fresco, destruido en 1711, fue pintado por Melozzo da Forlì hacia el año 1480, poco después de los trabajos de renovación de la iglesia acordes a los deseos del cardenal Julián della Rovere, futuro papa Julio II. Este ángel presenta un magnífico dibujo de la perspectiva, con un acusado escorzo. Muestra un trazo puro de la cara, recortada sobre los cabellos. El fondo es azul y el resto de la gama de colores recuerda a su maestro Piero della Francesca.
Las solemnes y monumentales figuras, fuertemente escorzadas de sus figuras, testimonian la madurez plena del artista, y su maestría en el uso de la perspectiva.
En la sala V vemos Los milagros de san Vicente Ferrer de Ercole de'Roberti, una tabla al temple de 30 x 215 cm.
Se trata de la predela del retablo del altar de la Capilla Griffoni en San Petronio de Bolonia en 1473. El panel central se conserva en la National Gallery de Londres; los laterales, en la Pinacoteca de Brera, en Milán. En dicha predela se ilustran, en diversas escenas, los Milagros de San Vicente Ferrer, santo español canonizado en 1458 cuyo culto y veneración se había propagado por Italia, especialmente en Bolonia, durante el último cuarto del Quattrocento, razón por la cual se representó en muchas pinturas.
Milagros de S. Vicente Ferrer
Los episodios representados son: la Curación de una mujer lisiada, la Resurrección de una judía rica, la Salvación de un niño en una casa incendiada, la Resurrección de un niño asesinado por la madre embarazada y enloquecida y la Curación de un herido.
Figuras, arquitecturas complejas y paisajes se mezclan en un espacio único en el que cada uno de los episodios, narrados simultáneamente, se subsiguen con ritmo insistente y donde se puede observar la influencia miniaturista del último gótico.
Ercole de' Roberti es uno de los mayores exponentes de la gran escuela ferraresa del siglo XV, de la que de' Roberti fue uno de sus mayores exponentes.
Políptico de Montelparo
En la sala VI admiré esta preciosa obra titulado, Coronación de la Virgen, Descendimiento de Cristo y Santos y  conocido por el lugar de proveniencia como “políptico de Montelparo”, es una tabla al temple, de 291 x 280 cm. y, al parecer, fue realizada para la iglesia conventual de San Agustín y luego trasladada a la iglesia de San Miguel Arcángel "in Castello" de Montelparo, tras el terremoto de 1703. El cuadro fue adquirido por Gregorio XVI en 1844.
El autor es Niccolò di Liberatore, llamado “l'Alunno”, artista que ejercía en Umbria y Las Marcas en la segunda mitad del siglo XV. La compleja composición, articulada dentro de un riquísimo marco gótico, testimonia la evidente influencia de la cultura véneta. En el centro del políptico se hallan representados la Coronación de la Virgen y el Descendimiento de Cristo flanqueados por numerosas figuras de Santos.
Ya en la sala VII nos encontramos con el gran Pietro Vannucci llamado el Perugino. De toda la muestra de sus obras que aquí encontramos me gustaron sobremanera los tres paneles de San Benedicto; Santa Flavia; San Plácido que formaban parte de la predela de un políptico encargado al Perugino para el altar mayor de la Iglesia de San Pedro en Perusa, y quien lo comenzó en 1496. La obra es una tabla al temple engrosado que después de cien años fue desmontada cuando la iglesia fue reestructurada.
San Benedicto; Santa Flavia; San Plácido
El panel central representaba la Ascensión con los doce Apóstoles, la Virgen y Ángeles; sobre éste se hallaba Dios en gloria, mientras que en la predela se encontraban: la Adoración de los Reyes Magos, el Bautismo de Cristo, la Resurrección y dos paneles con los Santos protectores de Perusa. Por último, en las bases de las columnas al lado de la Ascensión, se hallaban ubicados seis paneles con Santos benedictinos entre los que se encuentran aquellos actualmente conservados en el Vaticano: San Benedicto, fundador de la orden a la que pertenecían los monjes que encargaron la obra; Santa Flavia y el hermano Plácido, discípulo de San Benedicto, martirizados en Mesina durante una incursión de los Sarracenos. Las figuras, que evocan tipos ideales, comunes en la producción del Perugino, han sido realizadas con colores refinados y minuciosos detalles. El rostro de la santa y de san Plácido son tratados con un cierto idealismo y con la mirada dirigida hacia el cielo, parecen pedir clemencia ante sus próximos martirios. Estos tipos de facciones influyeron en gran manera en Rafael, que trabajó de aprendiz con el Perugino.
Virgen con el Niño
También me pareció muy interesante el cuadro, que en realidad es una parte de un retablo y nombrado como  Virgen con el Niño y Santos Lorenzo, Ludovico de Tolosa, Herculano y Constancio, del Perugino. El retablo, (retablo de los Decenviros) firmado por el artista y encargado por los Decenviros de Perusa para la capilla del Palacio Público, fue realizado entre finales de 1495 y 1496.
Originariamente, la obra estaba compuesta de dos elementos: el cimacio (parte alta), con la representación de Cristo en el sepulcro (actualmente en la Galería Nacional de Umbria en Perusa), y la tabla vaticana (nuestro cuadro) una tabla al temple engrosado, de 193 x 165 cm.
En esta última, en la parte central de una arquitectura de arcadas, la Virgen con el Niño en sus rodillas se halla sentada en un trono monumental, y al lado de éste se ubican los Santos Lorenzo, Ludovico de Tolosa, Herculano y Constancio, protectores de la ciudad.
El equilibrio de la composición, el evidente escenario de perspectivas, la armonía con las que se armonizan las figuras con el paisaje y la gracia de los personajes realizados con trazos de belleza ideal, son elementos que caracterizan toda la producción del Perugino, consagrando su gran fama ya reconocida por sus contemporáneos.