A partir de aquí os iré describiendo aquellos monumentos que
más me llamaron la atención, de la mayoría de ellos, solamente se conservan
pequeños restos, por lo que no es mucho lo que físicamente se puede admirar,
pero, lo que significaron, en todos los sentidos, social, político, religioso…,
para mí, todavía está presente en esos restos y es precisamente eso, lo que me
ha llevado a intentar trasmitíos a través del blog esa admiración.
Empezaremos por el principio, esto es, el lugar
en el que se encuentran la mayoría de
ellos, es decir os hablaré la Vía Sacra. Solo decíos que caminar por la Vía Sacra
es como caminar por la Quinta Avenida de Manhattan y no poder dejar de
contemplar y admirar todo lo que allí existe.
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| Recreación |
Vía Sacra
La Via Sacra fué la calzada
principal de la Antigua Roma que atravesaba todo el Foro Romano desde la parte superior de la colina del Capitolio hasta El Coliseo o
Anfiteatro Flavio, pasando por el Arco de Tito y es precisamente éste el que
nos va a servir de referencia. Ya que una vez que nos encontramos en los
alrededores del arco de Tito, podremos comprobar que estamos en un altozano,
entre las colinas del Celio y el Palatino, hacia la espalda bajaríamos hacia el
Anfiteatro Flavio (o Coliseo) y hacia el frente se nos abre la vía sacra y todo
el foro romano antiguo que llega hasta la colina del Capitolio. Por lo tanto va
a ser el Arco de Tito quien, digamos, preside la entrada de la vía
sacra en el foro.
Hay mucho debate sobre el
verdadero trayecto de su recorrido, así como sobre el origen de su
nombre. El apelativo de Vía Sacra puede referirse a varios aspectos.
Lo que es incuestionable es
que la calle tuvo siempre un importante papel ceremonial para la
investidura del poder de la ciudad. La calzada formaba parte de la ruta
tradicional de las ceremonias sagradas, así como de la celebración de
los triunfos romanos que comenzaban en las afueras de la ciudad y
seguían a través del Foro Romano.
En ella también, en sus
basílicas, en sus templos, se reunían multitud de personas para charlar,
cerrar negocios u obtener justicia.
Esta calle proporcionó un
escenario para muchos hechos importantes en la historia de Roma.
Y aquí como en todo lo que
se vive alrededor de Roma la leyenda tiene su teoría y nos dice que la calzada
asumió su epíteto de Sacra porque aquí Rómulo y Tito Tacio santificaron el
pacto tras el rapto de las Sabinas con sacrificios a los dioses.
Todo ello, junto con el
estudio de los restos arqueológicos contribuye a afirmar que su origen, muy
antiguo, podría remontarse a la fundación de Roma. Y es que en su trazado
parece discernirse el trazado de un decumanus (este-oeste) que junto con
el cardo (norte-sur) son los ejes tradicionales de toda fundación de cualquier
ciudad romana.
La calle a partir del siglo
V a.C. contó con estructuras, desagües y alcantarillado que la protegían de la
lluvia, incluso fue pavimentada y durante el reinado de Nerón fue
alineada con columnatas.
Y a lo largo de su recorrido
se encuentran algunos de los mayores y más importantes edificios y monumentos
del Foro.
Arco de Tito
El primero con el que nos
cruzamos fue con el Arco de Tito, sobre la Vía
Sacra, y dominando el valle del Foro se alza este arco de triunfo, simplemente
impresionante. El triunfo, para los
romanos, era más que una victoria era un camino, un desfile, un pasar
recibiendo el reconocimiento y la ovación de todo tu pueblo.
El arco fue
construido poco después de la muerte de Tito, para homenajear su victoria en
Judea, que daría a Roma el dominio de la provincia y un enorme botín. Con el
cual, entre otras cosas, pudo afrontarse la construcción del Coliseo,
inaugurado por el propio Tito. Su arco es uno de los monumentos más impresionantes del foro. Un
testigo vivo de la gloria y poder del imperio romano.
Tras la muerte
de Tito, en septiembre del año 81 d.C. su hermano Domiciano, a petición
del senado y del pueblo, construyó un arco de triunfo en memoria de su
predecesor y su triunfo en Judea: el
Arco de Tito.
Así lo indican
sus inscripciones y su decoración, que aun casi dos milenios después puede
apreciarse en gran parte. Sobre todo en el interior de la bóveda del arco,
donde relieves escenifican momentos de la guerra contra los judíos, el saqueo
del templo y el triunfo de Tito. Es muy llamativa una escena donde las tropas
romanas cargan el Menorà, la lámpara de siete brazos. O el relieve en el
lateral de una cuadriga dirigida por la misma diosa Victoria.
El Arco de
Tito pasó a formar parte de la Via Sacra,
y en cada victoria, los futuros emperadores lo atravesarían en su entrada
triunfal a Roma.
El arco
también ha proporcionado el modelo general para muchos arcos
triunfales y es el que inspiró el Arco de
Triunfo en París.
El arco,
recubierto por mármol de Pentélico,
está compuesto por un solo arco. Las medidas son: 15,4 m de alto, 13,5 m de ancho y 4,75 m
de profundidad. El arco interior tiene 8,3 metros de altura, y 5,36 de
ancho.
Cada fachada
está ornamentada por dos pares de columnas adosadas en los dos pilares del arco.
Sus fustes están estriados y sus capiteles pertenecen
al orden compuesto con sus volutas y hojas de acanto. Las
columnas se colocan sobre los pedestales cuadrados y enmarcan
pequeños nichos rectangulares tallados en los pilares. Las columnas no acanaladas
son el resultado de una restauración del siglo XIX.
La parte
superior, el ático, tiene 4,40 m de alto. Sobre este ático se encuentra la
inscripción grabada que se conserva solamente en el lado oriental. La cumbre
del arco estaba adornada por un grupo estatuario en bronce con una cuadriga tirada
por elefantes en la que se encontraba el emperador deificado. La inscripción
que figura en la cara oriental está realizada en mayúsculas cuadradas y dice:
“El senado y el pueblo romano [lo dedican] al divino Tito Vespasiano Augusto,
hijo del divino Vespasiano”. Las
inscripciones principales solía estar adornada por letras hechas quizás
de plata, oro o algún otro metal.
El lado
opuesto del arco recibió nuevas inscripciones después de que fue restaurado
durante el pontificado del Papa Pío VII en 1821. La restauración se
hizo intencionadamente en travertino para diferenciar la construcción
original de las partes restauradas.
La inscripción
pontificia dice: “(Este) monumento, emblema de la religión y del arte, se había
debilitado por su antigüedad: Pío VII, sumo pontífice, ordenó que se reforzara
y preservara imitando el modelo del antiguo ejemplar en el año 24 de su sagrado
mandato”.
El arco se
apoya en un podio sobre el que se encuentra el cuerpo formado por una bóveda
de cañón. Los relieves se concentran en las enjutas superiores
de la izquierda y la derecha del arco, donde aparecen las Victorias como
mujeres aladas, que se dirigen a la clave, que destaca sobre el resto del arco.
Entre las enjutas está la clave, en la que se alza una mujer, Virtus, la
deidad romana que personificaba la valentía, el coraje militar, la
excelencia y la fuerza moral, en el lado este y una figura masculina, Honos, el dios
romano que personificaba el honor, la justicia y la virtud militar, y a menudo
asociado con la valentía (Virtus), en el occidental.
Los relieves
del Arco rememoran las victorias de Tito
contra los judíos y las figuras que lo adornan se mueven entre lo real y
lo divino.
En una de las
escenas representadas aparece un personaje con yelmo (la diosa Roma); en otra
escena aparece una "victoria", que es una figura femenina con alas
que coloca la corona de laureles al emperador.
El entablamento está
formado por un arquitrabe a tres bandas, un friso adornado
por un largo altorrelieve que representa una procesión triunfal de
las legiones romanas en Jerusalén, que debió rodear todo el arco pero de
la que solo queda la sección del lado oriental.
Y una cornisa sostiene el ático.
En el extremo
izquierdo de la sección conservada, una figura alargada sobre una camilla
llevada por tres hombres ha sido identificada como una personificación
del río Jordán El resto del cortejo se compone de diversas personalidades
civiles y militares y de animales que se llevan al sacrificio.
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| Interior del arco |
Sobre el pilar
meridional, el bajorrelieve muestra los despojos tomados
del Tabernáculo del Segundo templo de Jerusalén antes de su
destrucción. Los soldados portan un candelabro de siete brazos, la Menorá,
dorado, que se convierte en el centro de atención y está tallado en un relieve
profundo. Otros objetos sagrados que se llevan en la procesión triunfal son las
Trompetas de Oro, las cacerolas de fuego para la eliminación de la ceniza del
altar, y la Mesa del Pan de la proposición. Esta última era una mesa de madera
recubierta de oro donde se colocaban doce panes santos remplazados cada siete
días y que solo los sacerdotes podían comer. Los portadores del botín pasaban
bajo un arco representado en el extremo de la derecha del relieve, rematado por
una doble cuadriga. Estos elementos probablemente eran originariamente
coloreados en dorado, con el fondo en azul.
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| Relieve interior |
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| Menorá |
Las esculturas
de las caras exteriores de los dos grandes pilares se perdieron cuando el Arco
de Tito fue incorporado a murallas defensivas medievales.
La Menorá de
siete brazos y las trompetas están representadas con gran claridad y
se convirtieron en símbolo de la diáspora judía. Hasta que el
moderno Estado de Israel fue fundado en 1948, los judíos rehusaron
caminar bajo él debido a una prohibición rabínica y en concreto la Menorá del
Arco de Tito sirvió como modelo para la Menorá usada en el emblema, no en la bandera, del estado de Israel.
El Palatino
A la izquierda del arco de Tito iniciamos el
camino que nos conduciría al monte Palatino la más céntrica de
las siete colinas de Roma, y la de menor elevación: apenas 50 m2
sobre el Foro Romano, quedando entre éste y el Circo Máximo.
El Palatino es una de las zonas más antiguas
de Roma donde actualmente se encuentran las ruinas de los templos y de los
palacios de los emperadores romanos que vivían ahí. A pesar que hoy en día tan
solo quedan algunas partes de las antiguas estructuras, a través de ellas
podemos apreciar e imaginarnos el estilo de vida que tenían en ese entonces.
Es una de las áreas más antiguas de Roma y
según la leyenda, era el lugar donde estaba la cueva, conocida como el
Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo y que era el
hogar de Luperca, la loba que los amamantó, también donde Rómulo fundó Roma,
y donde fijó su morada.
Los reyes de Roma tenían su residencia en el
Palatino, que fue completamente rodeado por las murallas de Servio
Tulio (578 a. C.-534 a. C.). Durante la República romana,
el Palatino estaba habitado por todas las clases sociales. En los últimos
siglos de la República, el Palatino fue progresivamente ocupado por las clases
más acomodadas, y albergó las mansiones y villas de
los patricios y équites más influyentes.
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| Plano del Estadio Platino |
El emperador Augusto, que había
nacido en una villa situada en la ladera noreste, comenzó la transformación del
Palatino en residencia exclusiva de los emperadores romanos en
32 a. C. con la llamada Domus Augusti emplazada junto a
la Casa Romuli, supuesta vivienda original de Rómulo, el fundador de
Roma. Para afianzar esto construyó varios templos, expandió la vivienda
original y adquirió todas las
residencias privadas del Palatino, convirtiendo la colina original en la
residencia y sede de la familia imperial.
Esta villa es hoy en día conocida
como Casa de Livia, pues fue allí donde se retiraría a vivir su
viuda Livia Drusila tras de la muerte de Augusto en 14 d. C. No
se conservan restos de esta residencia inicial, puesto que fue demolida
por Nerón y Domiciano para expandir la llamada Domus
Augustana (no relacionada con Octavio Augusto) y la Domus Flavia.
Durante el Principado, fue la residencia
oficial de los primeros emperadores de Roma por lo cual pronto se
convirtió exclusivamente en la sede imperial. De hecho, el
origen etimológico de la palabra ‘palacio’ en español y otros idiomas
(palazzo en italiano, palace en inglés, palais en
francés, "palast" en alemán) proviene a través
del latín ("palatium") del nombre de esta colina.
Lo más resaltable de toda la zona son la
Domus Augustana nombre que recibe la parte residencial del palacio de
Domiciano. Su nombre no está directamente relacionado con el
emperador Augusto sino que probablemente hace referencia al
significado romano posterior de Augusto como "emperador".
Su sucesor, el emperador Tiberio,
prefirió trasladar su residencia cerca de la villa que había sido de su padre e
hizo construir el llamado Palacio de Tiberio, origen de la Domus Tiberiana,
que miraba al Foro. Como Tiberio pasaba
largas temporadas en sus residencias fuera de Roma, el Palacio de Tiberio
pronto comenzó a ser empleado principalmente como sede de la burocracia
imperial y de los archivos de la administración del emperador.
Los restos de la Domus
Tiberiana ocupan un área de aproximadamente 150 metros por 120 metros, y
está ocupada por la plataforma de los Jardines Farnesio, que fueron
edificados en 1550 por orden del cardenal Alejandro Farnesio. Los únicos
restos visibles del complejo son los de las
imponentes estructuras de soporte porticadas en la ladera norte de la colina.
En el nivel del foro se encuentran las ruinas de un complejo de vestíbulos,
iniciado por Domiciano y completado por Adriano, detrás del Templo de
Cástor y Pólux. Desde aquí había una rampa de acceso que subía por la ladera de
la colina hasta la Domus Tiberiana en la cima.
Los sucesivos emperadores realizaron
numerosas construcciones y reformas en la zona, añadiendo estancias y
modificando otras de las que hoy en día tan solo quedan los restos de los
suelos y muros.
El Palatino siguió siendo habitado por los
emperadores de Roma durante el siglo III. Sin embargo, a partir del
reinado de Diocleciano los emperadores de Roma empezaron a preferir
establecer su corte en ciudades secundarias, y el Palatino, aunque todavía
nominalmente era la residencia oficial del emperador, dejó de ser ocupado, con
la excepción de la Domus Augustana, donde los emperadores mantuvieron una
residencia para sus estancias en Roma.
Con la caída del Imperio en el 476 comenzó el
declive del Palatino como zona de residencia imperial hasta su abandono completo a raíz de la
interrupción del suministro de agua al Palatino tras la destrucción parcial del
acueducto del Aqua Claudia (que abastecía al Palatino) durante
el sitio de Roma en 537-538.
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| Domus de Augusto |
Algunas de las estructuras imperiales fueron
recicladas como lugares de culto como la basílica de San Anastasio, la iglesia
de Santa Lucía in Septisolio o la capilla de San Sebastián,
incluso se construyó un monasterio llamado de Santa María in Pallara. Pero
a partir del siglo X el Palatino fue abandonado por completp hasta el
Renacimiento, siglo XV, cuando la colina comenzó a ser empleada por la
aristocracia, las grandes familias: los Barberini, los Ronconi o
los Magnani, como zona de esparcimiento. Se plantaron viñas y jardines en
las ruinas. El cardenal Alejandro Farnesio hizo allanar los restos de
la Domus Tiberiana, sobre los cuales ordenó plantar los grandes jardines
Farnesio, aún situados en ese lugar. Tras los jardines de los Farnese, se
extiende hacia el oeste la parte más antigua de la Colina que nos hará llegar
hasta los mismos orígenes de la ciudad: la zona de la gruta Lupercal, el templo
de la Magna Mater, Cibeles, la cabaña de Rómulo, la casa de Livia.
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| Domus Flavia |
un museo al aire libre.
Una vez
visitada la zona, nos reincorporamos a la Vía Sacra y nos fuimos a visitar la Basílica de Majencio.
Basílica de Majencio
La Basílica de Majencio o de Constantino y a veces también conocida como o Basílica Nova. Fue comenzada por el emperador romano Majencio a principios del siglo IV y terminada por Constantino I, vencedor de Majencio. Este monumento es el último y más grande edificio de la época imperial construido en esta parte de Roma. Es probablemente, en volumen, la sala más grande construida en la Antigüedad.
La Basílica de Majencio o de Constantino y a veces también conocida como o Basílica Nova. Fue comenzada por el emperador romano Majencio a principios del siglo IV y terminada por Constantino I, vencedor de Majencio. Este monumento es el último y más grande edificio de la época imperial construido en esta parte de Roma. Es probablemente, en volumen, la sala más grande construida en la Antigüedad.
Esta basílica civil no forma parte
del Foro Romano en sentido estricto, pese a que actualmente se
encuentra en la zona arqueológica que lo incluye, esta basílica
civil fue construida junto a la vía Sacra, entre el Foro Romano
propiamente dicho y el templo de Venus y Roma, construido por Adriano
sobre los restos del Domus Aurea de Nerón.y cerca del Coliseo.
La basílica romana deriva de las
construcciones levantadas como tribunales regios por las cortes helenísticas,
lo que quiere decir que originariamente no fue en modo alguno un edificio con
función religiosa, como lo será a partir del periodo paleocristiano.
En la Antigua Roma, la basílica era uno
de los edificios romanos más importantes. Su función era múltiple, sirviendo
como bolsas de comercio, sala de reuniones, de administración, y también
frecuentemente como salas de tribunales de justicia. Contribuía a ello su
particular estructura espacial, caracterizada por su amplitud (que sobre todo
en la nave central formaba un gran salón), y por la división en naves o
pasillos, que posibilitaba la multifuncionalidad simultánea del edificio.
La función predominante de esta basílica en
concreto fue albergar la actividad judicial. Bajo Constantino y sus sucesores,
este tipo de edificio fue elegido como base para el diseño de grandes lugares
de culto cristiano, porque su estructura no tenía connotaciones paganas y
permitía reunir amplias congregaciones. Es por eso que el término basílica
acabó convirtiéndose en sinónimo de una gran iglesia o catedral.
La construcción comenzó bajo el
emperador Majencio, pero no fue terminada hasta después de
que Constantino derrotara a Majencio en la batalla del puente
Milvio. Constantino no sólo terminó la edificación, sino que también la
modificó. El edificio se erigió cerca del templo de Venus y Roma, cuya
reconstrucción fue una de las intervenciones urbanísticas de Majencio.
Todo lo que queda hoy de la basílica es la
nave septentrional con sus tres bóvedas de cañón hechas
en hormigón. El resto ha sido destruido con posteridad debido, sobre todo,
a terremotos. La única columna que sobrevivió, la llevó el papa Paulo
V a la plaza de Santa María la Mayor en 1613, para erigir
la columna de la Paz, donde se encuentra aún hoy en día.
Su estructura ha sido admirada por grandes
arquitectos y copiada para la nave de la basílica de San
Pedro del Vaticano y en los siglos XIX y XX, inspiró
la arquitectura de numerosas estaciones, en Europa y en los Estados Unidos.
El edificio tiene planta basilical,
rectangular, elevada sobre una plataforma rectangular de hormigón, con
unas dimensiones de 100 metros de largo por 65 metros de ancho. Está dividida
en tres naves, siguiendo la orientación este-oeste. Su forma y su planta fueron
copiadas en la era cristiana para construir las primeras iglesias,
que se construyeron con planta rectangular de tres naves.
La nave central era más larga y más alta, con
80 por 25 m, que las laterales. Estaba cubierta por tres enormes bóvedas
de arista en opus caementicium, o hormigón romano que
es un material de construcción, compuesto por una mezcla de mortero (cal y
puzolana) y piedras (caementa). Estaban suspendidas a 35-39 metros sobre el
suelo y apoyadas, cada una, sobre cuatro grandes pilares de mármol
blanco de 14,5 metros de alto, cada una adosada a su terminación. Se
levantó un entablamento de mármol, de lo que quedan sólo restos de
los bloques parcialmente insertos en los muros.
Las naves laterales medían 16 metros de ancho
por 24,5 m de alto y estaban divididas a su vez, en tres secciones, comunicadas
entre sí y también hacia la nave central. Sus tres secciones están separadas y
articuladas por ocho columnas monolíticas de mármol, de 14,5 metros de altura y
5,4 metros de circunferencia las más grandes de la antigua Roma. Las naves
estaban cubiertas por tres bóvedas de cañones semicirculares,
transversales al eje axial del edificio, es decir, perpendiculares a la nave
central y sirviendo, en realidad, de contrarresto al empuje de las bóvedas
centrales.
Las bóvedas de estas naves laterales estaban
aligeradas ,ediamte casetones octogonales, aún visibles en la
parte que sobrevive, que es la nave lateral septentrional.
El eje longitudinal de la nave central se
subrayaba por medio de un ábside que remataba el muro occidental, mientras que
la entrada principal del proyecto se encontraba en el lado este de cara
al Coliseo, y era un nártex columnado que estaba precedida por una
escalinata.
El ingreso daba acceso a un vestíbulo de 8
metros de profundidad que bordeaba toda esta fachada oriental. En esta sala
cinco entradas permitían el acceso a la basílica: tres a la nave central y una
en cada una de las laterales.
Esta entrada, nártex, sobre el lado corto y
el ábside en el lado opuesto, son dos elementos que cobrarán carta de
naturaleza, convirtiéndose en dos partes consustanciales a la disposición que
fue luego típica de las primeras basílicas cristianas.
En el ábside que estaba precedido por
dos columnas se colocó una estatua colosal, acrolito construido
parte en mármol, las extremidades, y parte en madera y bronce dorado de 12 m de
alto, el cuerpo. La estatua representaba a Majencio y luego fue
reformada con los rasgos de Constantino I. Algunas partes marmóreas que
sobreviven fueron descubiertas en el año 1487 y se encuentran ahora en el patio
del palacio de los Conservadores en el Campidoglio, en
los Museos Capitolinos. Sólo la cabeza medía 2,60 m. y el pie 2 m.
Tras su victoria sobre Majencio, Constantino
I encontró la basílica inacabada, y decidió reemprender la obra, pero
modificando el proyecto inicial. Creó un nuevo eje norte-sur. Por el lado
norte, construyó un segundo ábside, tan grande como el primero, con 15 metros
de ancho. Estaba cubierto por una bóveda de horno y en las paredes
había nichos que albergaban estatuas sobre dos órdenes. Los nichos estaban
encuadrados por edículos constituidos por pequeñas columnas que se apoyaban
en ménsulas que salían de la pared. Sobre el fondo del ábside estaba
realizado un podio en mampostería destinado a albergar el tribunal de
los jueces.
Y en el lado sur, el que daba a la vía
Sacra, abrió una segunda entrada. Esta entrada meridional fue descubierta
durante las excavaciones del siglo XIX. Está constituida por un porche
saliente (próstilo) con cuatro columnas (tetrástilo), con fustes
en pórfido. Se accedía a esta entrada por una escalinata, construida para
superar el desnivel.
El color del edificio antes de quedar
destruido era blanco. El edificio estaba dotado también por numerosos enlaces
verticales: en el interior estaba inserta una escalera de caracol, de la que
hoy quedan cinco peldaños; otra debía encontrarse en el opuesto ángulo
sudoriental.
Los materiales utilizados para la edificación
de esta basílica fueron el hormigón, el ladrillo y
el mármol.
El gran grosor de sus muros, de hasta 6
metros, y la enorme envergadura del edificio hicieron que fuera, en aquel
momento, la estructura más grande construida y uno de los monumentos más
destacados de Roma.
En lugar de tener columnas que soportaran el
tejado, todo el edificio fue construido usando arcos.
Las bóvedas de arista que cubrían
la nave central repartían el peso puntualmente a sendos contrafuertes. El
espacio entre estos contrafuertes se aprovechó cubriéndose con bóvedas de
cañón y acotándose con un muro sin función portante. De esta forma las
fuerzas laterales que generaban las bóvedas de arista eran soportadas por las
naves laterales. Por lo que la
estructura de la basílica de Majencio es muraria es decir, los muros son los
que soportan el peso de la estructura, y las grandes columnas de mármol tienen
una función estrictamente decorativa, la prueba es que han caído, y aún se
conservan las ménsulas, o parte de ellas.
Como los muros contrafuertes estaban
sobredimensionados, se practicaron en ellos huecos y puertas que permitían el
paso por las naves laterales mientras la nave central estaba ocupada en otras
actividades.
Por otra parte, los contrafuertes eran tan
sumamente grandes que sobresalían por encima de las naves laterales, sirviendo
así de refuerzo a la parte alta de la nave central, más alta que las laterales.
Para aligerar esta parte de los contrafuertes, el arquitecto perforó su grosor
por medio de un arco de servicio, dando como resultado un antecedente
del arbotante medieval.
Otra particularidad es el tejado de la
estructura, se construyó con un techo con casetones, disminuyendo el peso
general de la estructura y minimizando las fuerzas horizontales ejercidas sobre
los arcos exteriores. La iluminación, generosa y rutilante, procedía de las
ventanas de las naves laterales, y de las ventanas semicirculares abiertas en
la nave central, de mayor altura que las laterales.
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| Reconstrucción ideal de la basílica de Majencio |
En su interior, había estatuas. Una de
ellas, ya mencionada, es la estatua colosal de Constantino en el
ábside de la testera. Constantino también hizo que se pusieran
inmensos mosaicos en mármoles polícromos. Finalmente, el tejado
estaba cubierto con tejas de bronce doradas.
En la actualidad sólo se conserva una parte
de la Basílica de Majencio, concretamente una de las naves laterales, la del
ala norte, que conserva sus tres tramos cubiertos con bóvedas de cañón
transversales y el ábside abierto por Constantino, sobresaliendo en lo alto restos
de los grandes contrafuertes de apoyo. Proporcionalmente se trata por tanto de
una pequeña porción de lo que fue el enorme edificio, pero aun así basta y
sobra para asombrarse de la escala arquitectónica y la grandiosa monumentalidad
de esta obra única.














































































