sábado, 10 de enero de 2026

Una semana en Roma. Primer día. Parte V. Campidoglio (3)

Planta de la Pinacoteca

En la segunda planta del Palacio de los Conservadores se encuentra la pinacoteca. La Pinacoteca Capitolina es la colección pública más antigua de pinturas de Roma y fue creada en el Campidoglio entre 1748 y 1750, con la compra de cuadros del Cinquecento y del Seicento, entre los cuales había auténticas obras de arte de Tiziano, Tintoretto, Caravaggio o Rubens y alberga una interesante colección de arte renacentista distribuida en nueve salas.
Entre ellas yo destacaría las siguientes:
Bautismo de Cristo
de Tiziano
En la sala III denominada “Venecia y su territorio: el Quinientos”, está el “Battesimo di Cristo”,
“El bautismo de Cristo”, producción pictórica de Tiziano en su etapa temprana (24 años). Fue una de sus primeras obras. Está realizada al óleo sobre tabla, donde se muestra el característico sfumato y el color veneciano. Representa a Jesús siendo bautizado por San Juan en el Jordán,  siguiendo la narración bíblica: Jesús en el centro, Juan el Bautista a su lado, y ángeles en la parte superior, de forma que se conecta lo terrenal con lo divino.
Es una escena clave del Renacimiento veneciano donde Tiziano ya muestra su maestría en el color y la composición emotiva.  El comitente era Giovanni Ram, un mercante español que vivía en Venecia. Representado abajo a la derecha, mientras asiste a la escena sagrada, que se abre sobre un refinado paisaje, (el blanco y el rojo de los vestidos abajo a la izquierda concentran su atención y fijan las distancias).  En ella revela ya el acentuado gusto por el paisaje real, en el que flotan las cabecitas con alas típicas del barroco. Las figuras se recortan sobre el fondo, bañadas en una luz crepuscular. 
Rapto de Eueopa de
Veronese
En esta misma sala también encontramos la obra el “Ratto d’Europa” el Rapto de Europa, de Paolo Caliari, conocido como Veronese y donde combina una refinada elegancia formal con un uso del color desenvuelto e innovado.
 Los ricos colores (azules, rosas) y las telas lujosas reflejan la opulencia de la Venecia renacentista y la aristocracia local. Representa el mito de la joven princesa fenicia Europa, raptada por Zeus, en forma de toro blanco, llevándola por mar hacia la tierra que tomará su nombre. La composición se hace mediante sucesivos planos de perspectiva que representan tres momentos y lugares distintos, en rasgos cada vez más pequeños: En el primer plano Europa sentada sobre el blanco toro coronado de flores que besa amorosamente los pies de la joven. Las amigas preparan el atavío de Europa y los Cupidos desde lo alto derraman flores.  En un segundo plano, el toro cabalga hacia la playa acompañado de un Cupido y al fondo distinguimos al toro ya inmerso en el mar y Europa con el brazo en alto como pidiendo ayuda.
Magdalena penitente
de Tintoretto
En este cuadro ya podemos considerar a Veronés como representante del manierismo, ya sea por su tratamiento del tema, sus figuras en movimiento y composiciones complejas fusionando lo clásico con lo contemporáneo. Otra obra a destacar de esta sala sería la “Maddalena  penitente” de Domenico Robusti (Tintoretto hijo), es una pintura icónica que muestra a la santa en éxtasis penitencial, con una ejecución dramática y uso del claroscuro característicos de la escuela veneciana, captura el arrepentimiento y la espiritualidad de María Magdalena, siendo un ejemplo notable del arte veneciano. La obra Magdalena penitente es interesante por la verosimilitud de un gesto auténtico de misticismo espiritual muy humano y realista.
En la sala IV  se encuentran los lienzos realizados por los artistas de diferentes  procedencias geográficas y culturales, pero activos en Roma durante el seiscientos. La ciudad era un atractivo para los pintores de toda Europa, atraídos por las oportunidades y para poder estudiar “muy cerca”  las grandes obras del pasado. Entre las obras que aquí se muestran me ha gustado “Adorazione del vitello d'oro”, la “Adoración del becerro de oro” de  François Perrier (conocido como "Le Bourguignon"). Es un gran óleo sobre lienzo  (aproximadamente 142 x 220 cm), que representa el episodio bíblico del Éxodo 32.
Adoración del becerro
de oro de  François Perrier
La obra representa la historia bíblica del Libro del Éxodo, capítulo 32, mostrando el momento en que los israelitas, liderados por Aarón, construyen y adoran un becerro de oro mientras Moisés recibe las Tablas de la Ley en el Monte Sinaí. La pintura es una poderosa descripción visual de este episodio de fracaso, deseo de riquezas e idolatría del pueblo judío y que nos trasmite de una manera vívida la depravación moral del pasaje bíblico. 
Es una pintura barroca del siglo XVII, en la que destaca la maestría en la composición, su gran dinamismo y el uso del color, amén de su riqueza en detalles y dramatismo.
Es elogiable el realismo con el que se representa el caos y la pasión del momento, con cuerpos en tensión y gestos exagerados.
Muestra un estilo naturalista y clásico en el que resaltan su claroscuro, creando atmósferas intensas y destacando los elementos clave de la escena y la fuerza de  las figuras musculosas. 
La obra es un excelente ejemplo del talento de este pintor  para fusionar la fuerza narrativa barroca con un rigor compositivo clásico.
“Anima beata” 
de Guido Reni 
En la sala VI encontramos este cuadro de Guido Reni “Anima beata” o en castellano “Alma bendita” que  es una de las últimas y más espirituales obras maestras de Guido Reni, pintada entre 1640-1642 (año de su muerte), y que precisamente por su cercanía a la muerte, se interpreta a menudo como un presentimiento del fin, la culminación de la carrera de Reni, se diría un testamento de su fe personal y un resumen de su poética artística, despojada de adornos para ir a lo esencial.
Es un óleo sobre lienzo de  252 x 153 cm., que representa una figura juvenil y alada, casi desnuda, que se apoya sobre un globo terráqueo, elevando su mirada y brazos al cielo en un gesto de entrega y oración, simbolizando el testamento espiritual del artista recibiendo a luz divina de unos putti en la parte superior, con un gesto de abandono, resignación y oración que muestra su pureza de estilo y una profunda religiosidad,
La obra se enmarca en el Barroco, que es un periodo que buscaba conmover al espectador a través de la emoción, la luz y el drama, pero Reni se mantiene dentro de un clasicismo sereno. Para ello hace un uso magistral del claroscuro para modelar el rostro y el cuerpo, resaltando la palidez celestial y la pureza con colores suaves y luminosos que transmiten serenidad con pinceladas suaves, acabados pulidos y una sensación de ingravidez,
característicos de su estilo.
Por otro lado dibuja un rostro idealizado, de gran belleza, con los ojos alzados y una expresión de éxtasis, devoción y paz profunda que representa el triunfo del alma pura sobre el mundo terrenal, y cuya recompensa es la santidad. Es la imagen de la inocencia y la gracia divina. La expresión del rostro es clave: es un momento de unión mística con Dios, de abandono total en lo divino.
En pocas palabras la obra de Reni representa el ideal de pureza y ascensión espiritual.
En la sala VII denominada Sala de Santa Petronilla - La grande pintura del seiscientos en Roma. Aquí encontramos algunas de las obras pictóricas más significativas del museo. Entre ellas voy a destacar:
San Juan Bautista de Caravaggio, también conocida como “Joven con un cordero” es una de las obras más importantes del museo. Pintada en 1602 para una familia noble romana, los banqueros Mattei.
Se trata de una pintura barroca que revolucionó la iconografía religiosa, en claro contraste con el arte idealizado de la Contrarreforma,  al representar a un Bautista humano y terrenal.  Caravaggio se negaba a idealizar sus figuras, prefiriendo la verdad cruda de sus modelos encontrados en la calle, lo que generó críticas y admiraciónDe hecho la obra, se hizo popular entre los jóvenes artistas aunque chocaba con las expectativas de la Iglesia de la Contrarreforma que era partidaria de un arte más recatado.
Caravaggio rompe con la tradición idealizada y presenta a un Bautista joven, casi diríase pagano, con un cuerpo natural y una mirada invitante, casi pícara reflejando la vida en las calles de Roma. 
S. Juan Bautista
En la obra destacan la sensualidad y un realismo impactante con el uso dramático de luces  y sombras (claroscuro) iluminando al joven y al cordero contra un fondo oscuro, creando, de esa forma, un foco emocional intenso y un sentido de intimidad.
Caravaggio simboliza la inocencia a través del cordero, la futura pasión de Cristo a través de la tela roja, y a pesar de ser una figura profética, Juan Bautista, es representado como un adolescente desnudo, semirreclinado rodeando con el brazo el cuello del cordero  y con una sonrisa implícita en el rostro. La libertad del pintor al realizar este encargo no eclesiástico es evidente.
Para llevarlo a cabo empleó como  modelo al mismo joven con el que había trabajado en su obra “El amor victorioso”, su discípulo Francesco Boneri, apodado Cecco.
El encanto de este cuadro yace en su suavidad, en el uso de la luz, la tela aterciopelada, la carne, las plantas y otros elementos presentes.
Es identificable como Juan Bautista únicamente por los símbolos cristianos que le rodean, como el cordero —víctima del sacrificio— y las uvas —su jugo rojo es similar a la sangre derramada por Cristo en su Pasión, y además, las uvas, en sí, son fuente de vida.
La Buenaventura  de Caravaggio, realizado al óleo sobre lienzo. Existen dos versiones, la primera de 1594 y actualmente en los Museos Capitolinos  y la segunda de 1595, que se conserva actualmente en el Museo del Louvre, con el título de La diseuse de bonne aventure (La adivina).
La Buenaventura
La buenaventura
 es una pieza con temática de “género” (escenas de la vida cotidiana que pretenden aleccionar al observador), que hasta entonces sólo era cultivada por los flamencos. Al parecer Caravaggio observó esta escena en la calle y decidió pintarla para demostrar que el arte encuentra la inspiración en cualquier parte, y  no sólo copiando modelos clásicos. Captura el momento exacto del engaño, mostrando la mirada seductora de la gitana y la distracción ingenua del joven, con una fuerte carga de sutileza psicológica. 
El cuadro muestra   a dos figuras de medio cuerpo situadas en un lugar indeterminado, ya que no se intuye ningún elemento que pueda indicar dónde está teniendo lugar la acción. La luz que incide en los personajes procede de lado izquierdo. Nos muestra a un joven vestido de forma elegante y distinguida con sombrero de plumas que parece embelesado contemplando la cara de una joven (posiblemente gitana), a la que se la reconoce como tal por su piel cobriza, cabello oscuro cubierto con turbante y vestimenta humilde pero limpia con capa sujeta en uno de sus hombros, además de por estar realizando la actividad que da título al cuadro y que mientras, le lee la palma de la mano, le está quitando de una forma disimulada el anillo.
Detalle
La gitana acaricia delicadamente la mano del joven, quien bajo el influjo seductor de su mirada se distrae, víctima de la engañadora y de su propia ingenuidad.
A este embelesamiento masculino, la chica contrapone una mirada astuta y silenciosa y es precisamente este aspecto, el de las diferentes miradas, el que centra la atención del espectador, ya que nos permite introducirnos en la mente de los personajes, en lo que están pensando, en lugar de fijarnos en sus manos.
Se trata pues de una clase de escena de género alegórica sobre el fraude, la adulación y la ingenuidad, próxima a la literatura y al teatro de su tiempo, que inauguró el Barroco pictórico. 
Es una de las primeras obras y fundamental donde Caravaggio muestra su  lenguaje, en aquel momento revolucionario, que transformó el arte renacentista utilizando modelos comunes de la vida real y una iluminación que, aunque aún no es el pleno tenebrismo extremo de obras posteriores, ya muestra un uso magistral de la luz naturalista para definir volúmenes y texturas, como el satén del joven y el lino de la gitana, resalta las figuras contra un fondo neutro y  con esa luz lateral resalta los rostros y las manos, creando dramatismo y enfocando la atención en la interacción crucial del robo del anillo.
Rómulo y Remo de Rubens
Ritrovamento di Romolo e Remo  Hallazgo de Rómulo y Remo de Rubens, es un óleo sobre lienzo realizado, entre 1615 y 1616, por el pintor flamenco Pedro Pablo Rubens. Sus dimensiones son de 210 × 212 cm y está considerada como una de las obras más importantes del pintor. Representa  el momento en el que el pastor Fausto,  que acude a su derecha, encuentra en la orilla del Tíber a los dos gemelos Rómulo y Remo amamantados por la loba, Luperca; a la izquierda se encuentran un viejo musculoso, personificación del mismo río Tíber y Rea Silva, la madre de los gemelos. El campo está dominado al centro por una gran higuera colonizada por unos pájaros carpinteros, que quizás simbolizan la providencia divina o simplemente enriquecen el ambiente naturalista, suavizando el entorno aparentemente salvaje.
El artista, de regreso a su patria después de una larga estancia en el extranjero (Italia y España), realizó esta pintura como un homenaje a la historia de Roma, donde había vivido y trabajado durante unos años.
Detalle
Rubens pintó el Ritrovamento di Romolo e Remo en el momento más álgido de su carrera y como se puede ver es un ejemplo fundamental del estilo barroco de Rubens. Estilo, en el que se mezclan un refinado uso del color, derivado de la pintura veneciana y un profundo  conocimiento del arte clásico.
Rubens emplea magistralmente una composición piramidal, atrayendo la mirada hacia las figuras centrales y creando una sensación de estabilidad dentro del dinamismo propia de la escena.
La interacción de la luz y la sombra esculpe las formas, realzando su volumen e impacto emocional.
Su técnica demuestra un dominio extraordinario del color, el movimiento y la sensualidad.
El artista utiliza tonos ricos y cálidos – marrones terrosos, ocres y rojos para crear una experiencia visual sumamente vistosa. También utiliza tonos contrastantes para aumentar el dramatismo.
Detalle
La aplicación gruesa de pintura, lo que se llama impasto es evidente en áreas como el pelaje del lobo y la musculatura de las figuras, añadiendo textura e profundidad. El trazo de pincel de Rubens es enérgico y expresivo, transmitiendo una sensación de vitalidad e inmediatez. No rehúye la representación de la corporeidad; los cuerpos son robustos y se representan de forma realista, reflejando su estudio de la escultura clásica.
Rubens era conocido por imbuir sus obras con capas de significado, invitando a los espectadores a participar en la contemplación intelectual junto con la apreciación estética. De ahí que muchos interpreten el tema (nacimiento de un imperio, destino trágico, fratricidio,…), o los personajes (niños, dioses, pájaros, lobo…) como símbolos de preocupaciones contemporáneas de su tiempo.
Enterramiento y gloria de Santa Petronila de Guercino. Se trata de un óleo sobre lienzo pintado hacia 1621 – 1623, destinado a la Basílica de San Pedro,  posiblemente fue encargada por el cardenal Ludovisi para una capilla dedicada a la santa y que contiene sus reliquias. Posteriormente fue trasladada al Palacio del Quirinal, dedonde fue requisada por las tropas de Napoleón y llevada al Louvre de París; traída de vuelta a Italia por Antonio Canova y colocada en los Museos Capitolinos en 1818.La narración del cuadro se basa en la historia (muy cuestionada) de Santa Petronila, una de las primeras mártires del cristianismo, su nombre significa “pequeña roca” por lo que es considerada como la hija de San Pedro, cuyo nombre significa “roca”. Era muy hermosa de cuerpo y facciones, aunque de débil salud, padeciendo pertinaces fiebres que le hacían permanecer habitualmente en cama, sufriendo como Cristo.
San Pedro sólo curó a su hija, cuando consideró que había alcanzado un alto grado de santidad, momento en que un prefecto romano, llamado Flavio, se enamoró de ella y la pidió en matrimonio, a lo que la santa accedió por chantaje. Sin embargo, cuando el cortejo nupcial fue a buscar a la novia, para trasladarla a la casa de su prometido, las doncellas la encontraron muerta. Petronila había fallecido, tras haber permanecido tres días en ayuno y oración y después de haber recibido en comunión el Cuerpo de Cristo, siendo enterrada en las catacumbas de Domitila de donde fue trasladada posteriormente al Vaticano, siendo la intercesora de los peregrinos y los viajeros.
Detalle inferior
Guercino crea una potente historia contrarreformista dividiendo el cuadro en dos episodios: en la parte inferior de la composición se representa el entierro de Santa Petronila, que, con una corona de flores, es sepultada ante un grupo de personas, entre las cuales destacan en la parte delantera los dos enterradores que descienden el cuerpo de la santa y otro personaje detrás con un con un pañuelo en la mano, supuestamente Flavio que llora la pérdida de su amada. 
En la parte superior, una radiante Santa Petronila, arrodillada sobre una nube, es recibida por un bellísimo Cristo, que rodeado de ángeles, abre sus brazos para acoger a la santa, mientras que un pequeño ángel desciende sobre ella para imponerle una corona.
Detalle superior
Guercino Lo hace a través de lo que podríamos llamar un “zigzagueo pictórico” contraponiendo los dos mundos con una solvencia magnífica, mucho más caravaggiesco  en la parte baja, especialmente en su realismo y su ambiente popular; mucho más clasicista en la alta, más irreal; todo bajo su azul vivo y profundo tan característico de los pintores barrocos.
Ya en la sala siguiente dedicada a Pietro da Cortona  me gustaría resaltar una obra suya entre las varias que se encuentran en esta sala, la obra es:
El rapto de las sabinas obra de Cortona.  Es un cuadro que representa el episodio mítico del mismo nombre que se refiere a los orígenes fundacionales y míticos de Roma, cuando los romanos raptaron a las mujeres sabinas para asegurar la descendencia. Fue realizado entre 1629 y 1630, aproximadamente y está realizado en óleo sobre tela. Tiene un tamaño de 280 cm X 426 cm. casi 12 m
de cuadro y fue encargado por una rica familia porque quería destacar la antigüedad de su familia, recientemente instalada en Roma.
Detalle.
Grupo 3
Es una obra maestra del barroco, llena de movimiento, tensión y drama, con una rica paleta de colores y ejecutada con gran maestría escénica y emocional, reflejando el dramatismo del rapto. 
Rapto de las sabinas 
de Cortona
La escena se desarrolla ante una arquitectura antigua, con el obelisco y un templo a la derecha (reconocible por su frontón triangular) que es el templo de Neptuno (reflejado en la parte superior izquierda con su atributo, el tridente). A sus pies vemos un jarrón que bien podría ser un símbolo que representase (el agua), ya que la escena no se desarrolla cerca del mar.
Su presencia hace referencia a la estrategia de Rómulo que aprovechó la celebración de un festival (Consualia) para atraer a los sabinos y mientras tanto raptar a sus mujeres e hijas, con el fin de asegurar la descendencia de Roma, la nueva ciudad.
Los elementos arquitectónicos quedan  semiocultos por una masa de vegetación con los mismos matices cromáticos. Al fondo se entrevé un cielo muy tormentoso y turbulento que se adecúa a la escena que tiene lugar en el cuadro, acentuando el drama.
Detalle.
 Grupo 1
En un primer plano encontramos tres grupos formados por dos  personajes (un romano y una sabina),  con poses que hacen que el conjunto parezca una representación teatral.
En la pareja del extremo derecho, basado en El rapto de Proserpina” de Bernini, la mujer con un gesto de desesperación expresa su miedo y su deseo de huir. La  expresión de la sabina de la pareja del extremo izquierdo tiene denota un aire de fatalidad al ser separada del niño de su derecha (probablemente su hijo), pero no hace ningún gesto de repulsa. La sabina del centro intenta deshacerse de su agresor con la mano izquierda mientras mira a su compañera de la derecha.
Los trajes se inspiran en los de la época clásica, con las armaduras de los soldados y los vestidos de las mujeres realizados con todo lujo de detalles.
Detalle.
Grupo 2
Cortona combina elementos manieristas (cuerpos superpuestos diseño en espiral, figuras contorsionadas) con el dramatismo barroco (gestos enfáticos, movimiento, contrastes de luz), en una composición claramente asimétrica y desequilibrada, donde las figuras forman líneas diagonales (las dos parejas de la derecha) y serpenteadas (la pareja de la izquierda) con lo que, por un lado se trasmite el frenesí, y por otro se puede mirar desde varios puntos de vista con una sensación ligeramente ascendente desde fuera del cuadro hasta el fondo. Sensación a la que contribuye  el uso de tonos dorados y ocres, uso roto con toques de colores fríos (como el azul del vestido), y los contrastes lumínicos con los que genera profundidad y emoción, típicos del barroco. 
Retrato de Juan de Córdoba de Velázquez, también en la sala VII y entre los dos cuadros de Caravaggio, el San Juan Bautista y la Buenaventura, nos encontramos con el retrato de Juan de Córdoba de Velázquez.  Sería realizado hacia 1650 en Roma,  en su segundo viaje a Italia, retratando a uno de sus mejores amigos y confidentes, quien le sirvió de nexo para acceder a colecciones y personalidades de la corte papal, incluyendo al Papa Inocencio X, a quien también retrató y además le ayudaría a conseguir las pinturas y esculturas que le había encargado el rey Felipe IV.
Retrato de Juan de
Córdoba
De Córdoba no solo le ayudó en sus pesquisas para el encargo del rey, sino que llegó a convertirse en la mano derecha del pintor, su amigo y confidente, jugando un importante papel en su vida, que se prolongó más allá de la estancia del artista sevillano en Italia.
El retrato es un óleo sobre lienzo de 67 x 50 cm, donde Velázquez pinta a Córdoba con gran realismo, una de las señas de identidad de la pintura de Velázquez, dotándole de dignidad y reflejando su personalidad y estatus a pesar de las convenciones sociales de la época, destacando la mirada y el gesto del retratado. 
Se desconocía la identidad del protagonista del retrato hasta que recientemente, tras casi tres siglos de dudas y conjeturas -incluso se especuló con un posible autorretrato de juventud-, una investigadora, Francesca Curti, ha despejado la incógnita identificando a Juan de Córdoba y pudiendo además fijar la fecha de ejecución, hacia 1650. La obra es fundamental para entender las redes de influencia y las tramas políticas y personales que Velázquez tejió en Roma, más allá de lo artístico.
A continuación nos encontramos con el llamado “Museo Nuevo” al que se accede a través de un túnel en el sótano que conecta ambos edificios a través del Tabularium, archivo central de la antigua Roma, situado tras el Palacio Senatorio, a ambos lados del túnel hay paneles e inscripciones de tumbas antiguas y unas excelentes vistas del Foro.
El Palacio se denomina Nuevo porque fue construido “ex novo”, sobre la base del proyecto de Michelangelo, por encargo del Papa Pablo III alrededor de mitad del siglo XVI, para completar el diseño de la plaza capitolina, añadido a los preexistentes Palacio Senatorio y Palacio de los Conservadores, frente al que se construyó. El palacio cerraba la vista, desde la plaza, de la basílica de Santa María en Aracoeli y es precisamente de la plaza de la que toma la fachada renacentista y la orientación ligeramente oblicua, de modo que constituyera un conjunto armónico.
El museo fue inaugurado en 1734, bajo el pontificado de Clemente XII, que había adquirido para las colecciones capitolinas una importantísima colección de antigüedades, constituida por 418 esculturas. Estas se añadieron a las obras donadas al Campidoglio por el papa Pio V en 1566, y también las esculturas que año por año llegaban a la colina, procedentes, en gran parte. de las colecciones privadas de prelados y nobles familias romanas y que ya no encontraban ubicación en el Palacio de los Conservadores. Convirtiéndose, de este modo, en la primera sede de los Museos Capitolinos.
Internamente, el edificio se caracterizó por una organización simétrica de los espacios. En la planta alta, la decoración de los ambientes, con gavetas de madera adornadas con dorados, ha permanecido sustancialmente inalterada a lo largo de los siglos.
El Palacio que está distribuido en dos plantas con cinco salas en la planta inferior y ocho en la superior, alberga preciosas obras clásicas, como en la sala Egipcia con hallazgos procedentes del templo de Isis y Serapis del Campo Marzio, el santuario más importante de Roma que había sido dedicado a las divinidades egipcias,  algunos de los ejemplares más interesantes de la estatuaria romana: sobre todo, la retratística imperial que constituye una de las colecciones más singulares y completas con retratos de emperadores o personajes de la edad imperial, bustos de poetas, filósofos y oratorios de la antigüedad griega y notables documentos epigráficos y sarcófagos.
En el vestíbulo, atrio,  con falsas puertas, grandes hornacinas con inscripciones romanas y columnas adosadas a las paredes nos encontramos con una serie de estatuas colosales, entre ellas la de un Marte, el “Pirro”, que con barba rizada y ropa militar parece fulminarnos con su mirada inquisitiva, la de Minerva, siguiendo el modelo de Fidias, la del emperador Adriano como Pontífice Máximo con la cabeza velada y la emperatriz Faustina Maggiore con las atribuciones de la Fortuna.
Marforio
En el escenario del patio, en el muro del fondo, en una hornacina central de grandes dimensiones con una gran fuente, se encuentra la gigantesca estatua de mármol de Marforio, escultura del siglo I d.C. y que representa quizá a Neptuno o al propio río Tíber. Su nombre deriva tradicionalmente de 
Martis Forum (Foro de Marte).
Es una de las "seis estatuas que hablan", las  de Roma, junto con la de Pasquino son las más conocidas son esculturas de época diferente sobre las que el pueblo romano publicaba carteles irónico-satíricos anónimos,  llamados “pasquinate”, para manifestar su desacuerdo con las clases dominantes, sobre todo con el gobierno pontificio (de ahí viene la palabra pasquín).
En la parte superior de la fuente se encuentra el epígrafe correspondiente a la fundación del Museo en 1734 y a la realización de la fuente, con el retrato del pontífice promotor Clemente XII.
Las columnas de este patio son de granito gris y están decoradas en relieve con escenas provenientes del gran templo de Isis en el Campo Marzio.
En esta planta baja encontramos  tres salitas, que están dispuestas en fila con un único acceso y en ellas se conservan notables documentos epigráficos, retratos y sarcófagos.
En el rellano entre los dos tramos de la escalinata que conduce a la primera planta del palacio también se disponen fragmentos de bustos y estatuas.
Ya en el piso superior encontramos diversas salas, hasta un total de ocho, donde se exponen esculturas de distintos géneros y épocas, dispuestas según criterios exclusivamente ornamentales. Muchas estatuas son copias romanas derivadas de originales de los grandes escultores griegos ya perdidos. Las restauraciones modernas han alterado mucho el esquema iconográfico. 
Leda y el cisne
Entre algunas de las esculturas de notable valor, se admiran la espléndida Leda con el Cisne, representación del tema mitológico en el que Zeus se transforma en cisne para conquistar el amor de Leda: de esta unión nació Helena de Troya y los gemelos divinos Castor y Pólux; - la Vieja ebria, representada con crueldad realista mientras estrecha el vaso de vino, probablemente copia de un original helenístico;  el refinado Eros tensando el arco, caracterizado por el equilibrio inestable de la figura, copia de una célebre obra de Lisipo o el famoso Torso de Discóbolo, restaurado como guerrero.
Vieja ebria
El guerrero Caído y creado por el escultor francés Monnot, del siglo XVII-XVIII, como pareja del Gálata Moribundo, reutilizando un torso antiguo copia del Discóbolo de Mirón. Obras todas ellas en la sala denominada “La galería” y en cuyas paredes hay colocadas  inscripciones funerarias mediante las cuales conocemos la existencia cientos de oficios que nos dan una idea de la vida en la corte imperial.
Al terminar la Galería nos encontramos con la llamada sala de las palomas que toma el nombre del magnífico mosaico que representa cuatro palomas en el borde de un vaso de bronce, en el cual una de ellas bebe, procedente de Villa de Adriano en Tívoli. En la misma pared, en el fondo de la sala, se encuentra otro panel con mosaico pequeño que representa una escena de ambiente teatral: dos máscaras teatrales apoyadas sobre un zócalo, dispuestas en ángulo y contempladas en perspectiva, pertenecientes al género de la Comedia Nueva, una joven mujer y un esclavo.
Niña con paloma
En el centro de la sala, la delicada estatua de niña con paloma, copia de un original griego del Siglo II a.C., trata defender la paloma del ataque de un perro, que tenía que estar representado en sus pies (la serpiente es fruto de una restauración moderno). Y en las ménsulas a lo largo de las paredes se encuentran unos 80 retratos de personajes públicos y privados.
Al otro lado dela Galería nos encontramos una pequeña sala octagonal, denominada  “El gabinete de Venus” donde destaca la estatua de la Venus Capitolina, excepcionalmente bien conservada e inspirada en la Afrodita Cnidia de Praxíteles. La diosa está desnuda, retratada en un gesto sensual y púdico con los brazos que ocultan a la vista del espectador las armoniosas formas del cuerpo. Los objetos que acompañan la figura, la desnudez y el peinado aluden al baño lustral de la divinidad. 
Siguiendo el pasillo nos encontramos con la llamada sala de los Emperadores donde alineados en ménsulas de mármol a lo largo de las paredes se suceden los bustos de 67 emperadores y emperatrices, así como de personajes influyentes del período imperial, no siempre de fácil atribución.
Busto "Fonseca"

Venus Capitolina
Los retratos se exponen en orden cronológico, en una doble fila de ménsulas a partir de Augusto lo que nos permite seguir el desarrollo de las diferentes corrientes estilísticas relacionadas con la retratística oficial, desde la composición clásica de los retratos de Augusto y de su esposa Livia  a los trazos más realistas e individuales de los retratos de Vespasiano y Tito, emperadores flavios, y de Trajano. A este periodo remonta también el retrato de la “Dama Flavia” (“Busto Fonseca”), extraordinaria obra maestra de la escultura antigua, tanto por la fuerza expresiva como por la pericia técnica.
En el centro de la sala se encuentra una sugestiva estatua sedente de Elena, en la que la efigie de la madre de Constantino está colocada sobre el cuerpo de un original griego del siglo V a.C.
En la siguiente sala, llamada de los filósofos, se recogen los bustos de poetas, filósofos y oradores de la antigüedad griega, cuyas imágenes, en edad romana y después en el Renacimiento, decoraban bibliotecas públicas y privadas, viviendas, villas y parques de los acomodados y sensibles cultores de las artes y de la filosofía. La disposición de la colección repite la de la Sala de los Emperadores. 
Cicerón
Sobre todo merece la pena observar los numerosos retratos de Homero, en los cuales se evidencian la legendaria ceguera del poeta; o las representaciones de Sócrates siguiendo la descripción que hizo su discípulo Platón;  o la herma bifronte con los retratos de Epicuro y Metrodoro, maestro y alumno.
Entre los varios retratos de intelectuales griegos se encuentran también la espléndida efigie de Cicerón, obra que evidencia los elementos fisonómicos del personaje pero celebra también, con gran fuerza expresiva, las virtudes del hombre político.
Estatua sentada
En el centro de la sala la estatua sentada  a la cual se sobrepuso una cabeza que no es suya.
La sala de los filósofos nos da paso al Gran salón  central que conserva la decoración original de las paredes y el artesonado del siglo XVIII de madera con doraduras y en el centro del cual se destaca el blasón de Inocencio X. Es por su amplitud y monumentalidad el espacio más representativo del Museo.
En el centro de esta sala se alinean cinco estatuas griegas de mármol negro. En el centro del grupo, la estatua colosal de basanita representa el Niño Hércules, con sus características atribuidas (las manzanas de las Hespérides y la piel de león). En los lados, las obras maestras de la serie: los dos centauros de mármol pardo rojizo, hallados en la villa de Adriano en Tívoli. 
Gran Salón
Las dos espléndidas esculturas son fruto de un extraordinario virtuosismo técnico en la elaboración del mármol. El centauro viejo, con los rasgos sufrientes por las penas de amor, y el joven del rostro sonriente, representan una alegoría del sentimiento amoroso en las diferentes edades de la vida.  Mientras que en los extremos  encontramos dos estatuas que representan Zeus y Asclepio.
Centauro joven
A lo largo de las paredes se encuentran preciosas obras que representan divinidades, personajes de la mitología y estatuas retrato.
Merece destacar:
Una Amazona, copia de la escultura realizada por Policleto en el Siglo V a.C.
La estatua monumental del “Cazador”, retrato de un personaje romano del Siglo III d.C.
La gran estatua-retrato de Adriano, representado como Marte, con yelmo y escudo.
La copia imperial de Marco Aurelio y Faustina Minore, inmortalizados como Marte y Venus.
En la parte superior, en una ménsula, se colocan bustos -retrato de emperadores y de privados.
Una espléndida estatua, situada en el centro da nombre a la siguiente sala es la estatua de Fauno de mármol rojo proveniente, también, de Villa Adriana. El personaje mitológico, caracterizado por trazos fieros, pertenece al mundo del dios Dionisio y manifiesta una relación indisoluble con el vino, don de Dionisio a la humanidad, también evidenciado por el uso del precioso mármol rojo. 
La figura descansa sobre su pierna derecha, mientras que la izquierda, en consonancia con el original, está adelantada y muestra el pie girado hacia afuera, indicando el ritmo de la danza. 
El rostro, enmarcado por patillas largas y separadas, presenta pómulos prominentes y una boca entreabierta que deja al descubierto la corona de los dientes. Las cuencas oculares vacías probablemente estaban rellenas con insertos de metal o piedras semipreciosas. 
El Gálata moribundo
Entre los textos epigráficos en las paredes se distinguen, por la extraordinaria importancia del documento histórico, la  Lex de Imperio Vespasiano, gran tabla de bronce con parte del texto de la ley con la cual el Senado confiere el poder al emperador Vespasiano.
En la sala, llamada Sala del Gladiador, se recogen algunas de las más significativas obras maestras de la escultura antigua como:
Amazona herida
En el centro se expone el conocido “Galata Morente”, Gálata Moribundo, una de las obras más significativas y célebres del museo y que da nombre a esta última sala. Es la copia de una de las esculturas que componían el monumento que Attalo I, rey de Pérgamo, había dedicado a Atenea Políade en ocasión de sus victorias  sobre los gálatas entre los siglos III y II a.C. El guerrero, desnudo, está reclinado sobre el escudo, con la bella cabeza doliente reclinada en un último momento de resistencia contra la muerte. En el pecho, la sangre brota copiosamente de la herida moral. Su pertenencia a las poblaciones célticas está evidenciada por la presencia del torques en el cuello (adorno típico galo) y por el tratamiento característico de los bigotes y de la cabellera (cabello dividido en largos mechones desgreñados). El escudo ovalado con la espina central ampliada es también un arma típica celta; la trompeta curvada, el cornu, con su hilo para colgar también está representada en la base.
Amor y Psique
La espléndida figura de Amazona herida, atribuida a Fidias (Siglo V a.C.) y creada en ocasión de un concurso artístico entre los más conocidos escultores de esos tiempos para el santuario de Artemisa en Éfeso.
El Sátiro en reposo, copia romana de un conocido original de Praxíteles.
La estatua del filósofo cínico, también ésta reconocible como obra original del Siglo III a.C.
Y contra la ventana, y en posición privilegiada, se encuentra el delicioso y famosísimo grupo de Amor y Psiquis, obra de género derivado de un original del Siglo II a.C.
Como podréis imaginar me he dejado numerosas obras en el tintero, tan dignas o más que las que yo menciono, pero éstas han sido las que más me han impresionado, tal vez porque la mayoría de ellas las conocía, pero digamos que de una forma teórica y ver el original y comprobar que es verdad todo aquello que aparece en los textos escritos,me ha parecido algo excepcional y que jamás olvidaré. De todas la formas animo a todo el mundo a que visite el Campidoglio sin prisas, deteniéndose en aquellas obras ya sean cuadros, esculturas, tapices, bustos, sarcófagos,epígrafes... que crea interesantes y que "pierda" el tiempo en su contemplación.
El Sátiro en reposo

 

sábado, 3 de enero de 2026

Una semana en Roma. Primer día. Parte IV. Campidoglio (2)

Los Museos Capitolinos albergan una de las colecciones públicas de arte más prestigiosas y antiguas del mundo, sobre todo estatuas de la época clásica, algunas de las cuales de notable importancia histórico – artística y de indiscutible fama. Las colecciones están distribuidas entre el Palacio de los Conservadores, que comprende también la Pinacoteca Capitolina, y el Palacio Nuevo.
La entrada se hace por el 
Palacio de los Conservadores.  La primera sala del Palacio acoge las Salas de Representancia de los Conservadores, denominadas Apartamento  Conservatori. Las salas que lo compone, nueve en total, solían ser usadas por los Conservadores para sus actividades. En ellas se solían hacer reuniones del Consejo Público y del Consejo Secreto. 
La justicia de Bruto
Las estancias están decoradas
con extraordinarios frescos en las paredes (frescos, estuques, techos y puertas entalladas, tapices) todo ello con un  tema dominante la antigua historia de Roma, desde su fundación hasta la edad republicana narrada por Tito Livio (la exaltación y el recuerdo de las virtudes y del valor de los antiguos).
Capitán Marco
Barberini
Como en la sala de los Capitanes cubiertas sus paredes con frescos de finales del siglo XVI, que aluden a la primera edad republicana y reproducen en forma de tapices episodios ejemplares de valentía y valor de los antiguos romanos. En la sala se loa con lápidas y estatuas-retratos a hombres ilustres y capitanes de la milicia pontificia.
El ciclo más antiguo de frescos cobra vida a comienzos del siglo XVI. Las escenas fingen una serie de tapices divididos, en los lados largos, por festones de fruta y flores, trofeos de armas y vasos rituales. Junto a la sala de los Capitanes está la llamada “Capilla” en ella hay un bonito fresco, “Madonna con el niño y ángeles”, en la pared larga enfrente de la ventana, cubriendo una reja dorada que comunicaba con la sala de los Capitanes y en la base de las paredes hay un friso de falso mármol con medallones monocromos de episodios históricos.
“Madonna con el
niño y ángeles”,

Es curioso, pero también en las puertas de madera entallada y esculpida, realizadas en el siglo XVII, se representan temas relacionados con los orígenes legendarios de Roma.
Mención especial merece el artesonado de los techos, que varían en cada una de las salas, en uno de ellos, en la Sala de Aníbal,  en el recuadro central del techo de madera, el más antiguo del Palacio, del siglo XVI, aparece por primera vez la Loba que amamanta a los gemelos, utilizada como elemento decorativo y como referencia simbólica sobre los orígenes de la ciudad.
Artesonado
Más adelante encontramos la llamada “Sala de los Tapices”, también denominada Sala del Trono porque en el Siglo XVIII se colocó el trono del pontífice como soberano de la ciudad y donde se instalaron los preciosos tapices que adornan las paredes. Los cartones de los tapices, proponen episodios históricos y legendarios de la Roma antigua y reproducen pinturas de importantes artistas, como Rubens y Poussin a la vez que se completa la estancia con bustos de emperadores y trofeos de armas.
En 1544 se realizó el friso de fresco con cuadros que representan escenas con las historias de la vida de Escipión, el Africano, que se alternan con la reproducción en monocromo de famosas esculturas antiguas, entre las cuales están: el Laocoonte, el Apolo del Belvedere y el Hércules de bronce dorado. En los mismos años se realiza el techo artesonado hexagonal con ricos entallados dorados y armas de parada, cuya preciosidad fue restituida totalmente gracias a la reciente restauración.
También encontraron ubicación en estas salas las antiguas esculturas de bronce que en 1471 fueron donadas por el Papa Sixto IV al pueblo romano por su valor simbólico, en memoria de la grandeza de Roma que el gobierno pontificio deseaba renovar.
La donación de los bronces sixtinos se considera el acto de fundación de los Museos Capitolinos y desde entonces obras de arte, esculturas antiguas y pinturas de apreciado valor, se recogieron en el Campidoglio.
UrbanoVIII de Bernini
Además, en una de las salas, la llamada de Horacios y Curiaceos, hay dos impresionantes esculturas, una en cada extremo, pertenecientes, una de mármol, a Urbano VIII y la otra, de bronce, de Inocencio X. La primera de ellas es obra de Bernini y la segunda de Algardi.  En esta sala además se firmó, el 25 de marzo de 1957, el Tratado de Roma, creando así la Comunidad  Económica Europea, precursora de la Unión Europea.
A continuación entramos en el corazón del Palacio propiamente dicho donde, hoy por hoy, se pueden observar las obras más importantes del museo, aquí se encuentra, en la exedra de Marco Aurelio, la estatua ecuestre de bronce dorado de Marco Aurelio de la que hablamos con anterioridad.
La Loba Capitolina, en la Sala della Lupa, tal vez, la escultura más célebre. Es una escultura en bronce donde la loba amamanta a Rómulo y Remo, añadidos en 1471. Se pensaba que era una obra etrusca del siglo V a.C., pero XIII. Es considerada el símbolo de la ciudad.
O el llamado Espinario, en la Sala dei Trionfi, una estatua de bronce del siglo I d.C. con un niño quitándose una espina del pie, y el Camillo, denominado también la Gitana, que representa un joven destinado al culto, ambos donados por Sixto IV en 1471. También hay que destacar el Bruto Capitolino, uno de los más antiguos retratos romanos, de extraordinaria fuerza expresiva y que se remonta al Siglo IV o III a.C. No podemos ignorar en el costado derecho del patio los fragmentos de la colosal estatua del emperador Constantino que impresionan por su tamaño (una de las manos y la cabeza).
Cabeza de Medusa de Bernini
Además de éstas no podemos obviar otras obras que también son imprescindibles y que se encuentran distribuidas por otras áreas del palacio como es el caso del Hércules luchador, copia de un original de fines del Siglo IV a.C. y caracterizado por un dinamismo sobresaliente, la  Venus Esquilina, escultura en mármol de una mujer desnuda con sandalias y tocado realizada a pequeña escala, o la espectacular Cabeza de Medusa, en la Sala  delle Oche, realizada en mármol por Bernini  y cuya mirada petrificante y la tupida cabellera de serpientes dejan de piedra al espectador o la Diana Efesina, copia de la estatua de culto del santuario de Artemisa en Éfeso, es una escultura de mármol con extremidades de bronce, caracterizada por la existencia de flores, abejas y símbolos de fertilidad. Esta adosada a la pared sobre una base antigua en la llamada Sala de las Águilas.
Cómodo como Hércules
También me encantó este grupo escultórico, yo pensaba que se trataba de una figura individual, es el Busto de Cómodo como Hércules. El busto constituye una de las obras maestras de la retratística romana y representa al emperador caracterizado como Hércules, del cual adopta sus atributos: la piel del león sobre la cabeza, la clava en la mano derecha y las manzanas de las Hespérides en la izquierda, como testimonio de algunos de los trabajos realizados por este héroe griego.
El busto, extraordinariamente bien conservado, se apoya sobre una compleja composición alegórica: dos amazonas arrodilladas (sólo se conserva una de ellas) a ambos lados de una globo decorado con los signos zodiacales, sostienen sendas cornucopias entrelazadas entorno al escudo característico escudo de las amazonas. El grupo competa su intención conmemorativa, aparte de los símbolos, con la presencia de los dos tritones marinos que flanquean la figura central como símbolos del culto divino del emperador.