viernes, 22 de mayo de 2026

Una semana en Roma. Cuarto día. Parte II

 Castillo de Sant'Angelo

Fue construido por el arquitecto Demetrio por encargo del emperador Adriano como un mausoleo en forma cilíndrica por el Emperador Adriano en el año 135, para que sus restos y los de su familia descansaran en las afueras de Roma.
El Castillo Sant'Angelo (conocido también en la Antigüedad como Mole Adrianorum y Castellum Crescentii, y aún hoy como Tumba de Adriano o Mausoleo de Adriano) era  un proyecto tan ambicioso que no lo pudo ver terminado. Fue terminado por Antonino Pío en 139 d.C. 
Las cenizas de Adriano fueron colocadas en el mausoleo un año después de su muerte en el año 138, junto con las de su esposa Sabina y su primer hijo adoptado, Lucio Aelio Vero, quien también murió en  el 138.
Durante siglos funcionó como tumba imperial y casi como una tradición creada, los restos de los siguientes emperadores eran también colocados en el lugar: Antonino Pío, Cómodo, Marco Aurelio, el emperador Septimio Severo, Geta y siendo el último emperador del que se tiene registro Caracalla en el 217.
Hasta que en el siglo V alguien tuvo la brillante idea de convertirlo en fortaleza.
Se encuentra en la orilla derecha del río Tíber, frente al Campo Marzio (Campo de Marte), al que está conectado por el puente Pons Aelio (Puente de Helio), hoy conocido como Ponte di Sant’Angelo. 
Situado entre los barrios de Borgo y Prati, el monumento tiene una historia milenaria y ha sido modificado y modernizado varias veces desde su fundación.
La inspiración está clara en el mausoleo del emperador Augusto.
Las formas son sencillas y limpias: sobre la base cúbica, revestida de mármol de Carrara, se eleva un tambor de peperino, roca magmática típica del Lacio, y opus caementicium (hormigón); encima se alza el montículo de tierra, plantado de árboles y rodeado de estatuas de mármol, que decoraban todo el perímetro del monumento, entre ellas el famoso Fauno Berberini (también conocido como el Sátiro Borracho).
En las esquinas del zócalo encontramos estatuas de bronce de hombres y caballos, y en la parte superior una cuadriga de bronce conducida según unos por el dios Helios, según otros por el propio emperador Adriano representado como el sol colocado sobre un alto basamento o, según otros, sobre un tholos circular. En los ángulos muestra una decoración de lesenas estriadas semejantes a pilastras, pero sin función sustentativa y también es característico el friso decorativo con cabezas de buey (bucráneos) en el que, en el lado que da al Tíber, figuran los nombres de los emperadores que descansan en el interior del edificio.
En el mismo lado se encuentra el arco de entrada, que lleva el nombre de Adriano, y el dromos (avenida de acceso) estaba completamente revestido de mármol amarillo.
En el interior, varios pozos de luz iluminaban la rampa helicoidal de ladrillo, revestida con mármol, que mediante una lenta subida unía la entrada o dromos a la celda funeraria, situada en el centro del túmulo. Esta última, de forma cuadrada y completamente revestida de mármoles policromos, estaba coronada por otras dos salas, quizá utilizadas también como celdas sepulcraleAlrededor del mausoleo hay un muro con una puerta de bronce decorada con pavos de bronce dorado, dos de los cuales se conservan en el Vaticano.
De esta estructura, hoy casi irreconocible, se conservan muchos restos, como los cimientos del sótano, el núcleo de mampostería del tambor, la entrada monumental y la rampa helicoidal que conduce a la cámara funeraria: la Sala de las Urnas.
La construcción era demasiado imponente como para que, antes o después, no se usara con fines militares. Y así fue, hacia el año 403 d.C., el emperador de Occidente Honorio lo hizo incluir en las Murallas Aurelianas y el lugar apartado que había elegido Adriano para su tumba, se encontraba, unos cientos de años tras su muerte, en el centro de Roma.
Bastión de S. Marcos
A partir de ese momento, el monumento funerario se convirtió en un baluarte defensivo, perdiendo su valor conmemorativo y asumiendo uno estratégico para proteger la Ciudad Eterna.
El puesto fortificado más allá del Tíber se ganó así el nombre de castellum, y reveló toda su importancia durante el saqueo de Roma, primero por los visigodos de Alarico (410 d.C.) y luego por los vándalos de Genserico (455 d.C.). Entonces, para defenderse, los romanos lanzaron sobre los asaltantes todo lo que tenían al alcance de la mano, incluidas las estatuas: una de ellas, el llamado Fauno Barberini, fue encontrada posteriormente en el foso de la fortaleza.El nombre de esta construcción proviene de una estatua del Arcángel Miguel que se encuentra en el techo.
Según la tradición, el monumento recibió su nombre actual en el 590. Como Roma estaba siendo azotada por una grave epidemia de peste, el papa Gregorio I decidió organizar una solemne procesión penitencial. 
Mientras el pontífice, que dirigía la procesión, estaba atravesando el Puente Elio, tuvo una visión del arcángel Miguel en la cima del Mausoleo de Adriano enfundando su espada. Esto fue interpretado como un signo celeste que anunciaba el inminente fin de la epidemia, cosa que efectivamente se produjo. Desde ese momento el Mausoleo de Adriano fue conocido como Castel Sant'Angelo. 
Todavía en la actualidad se conserva en los Museos Capitolinos una piedra circular con las huellas que según la tradición habría dejado el arcángel cuando se apareció en el castillo para anunciar el fin de la peste.
En la segunda mitad del siglo X, la fortaleza pasó a manos de la familia baronial Crescenzi, que se encargó de reforzarla durante un siglo y a partir de esta época y durante mucho tiempo se designó el castillo también como Castrum Crescentii.
El passetto di Borgo
Muchas familias romanas lucharon por la posesión del castillo hasta que llegó a manos de la familia Orsini, uno de cuyos miembros fue el papa Nicolás III, que trasladó su residencia, entonces ubicada en el Palacio de Letrán, y que consideraba poco seguro, al castillo –propiedad de su familia- desde el 1277. También fue él quien mandó construir un corredor elevado y fortificado, de unos 800 metros de longitud, el Passetto di Borgo, conocido como  el Passetto, un camino protegido y conectado con los edificios de la ciudad del Vaticano.
El edificio permaneció en propiedad de la familia Orsini hasta alrededor de 1365, cuando fue cedido a la Iglesia, que, en 1367, entregó las llaves al pontífice benedictino Urbano V con la intención de instar a su devolución a Roma y decretar así el fin del cautiverio aviñonés.
Rampa espiral de 6 m. de alto
por 4m. de ancho
A partir de ese momento, la suerte del Castillo de Sant'Angelo estaría unido inseparablemente a la de los pontífices,
 y la estructura serviría de refugio y escape a los papas venideros, para esos “momentos de desavenencias” y además albergaría el Archivo y el Tesoro Vaticanos, y sería tribunal y prisión. 
En 1379, una revuelta popular amenazó con destruir el castillo. En pleno Cisma de Occidente, el papa Bonifacio IX encargó en 1395 al arquitecto militar Niccolò Lamberti no sólo la reconstrucción, sino también numerosas mejoras en la disposición defensiva del castillo. Por ejemplo: la entrada sería posible solo a través de una única rampa, protegida por un puente levadizo  y en la cima del edificio se reconstruyó la capilla dedicada al arcángel Miguel.
Durante cuatro siglos se sucedieron las intervenciones, se añadieron nuevas estructuras y se renovaron las ya existentes. Hacia mediados del siglo XV y a instancias del papa Nicolás V, el castillo obtuvo su primera residencia papal y tres baluartes en las esquinas del cuadrilátero exterior. Además, procedió a la reconstrucción del Puente Sant'Angelo hundido por las procesiones.
Pasarela de Ronda
Alejandro VI Borgia, Papa desde 1492, encargó al arquitecto Antonio Giamberti da Sangallo, conocido como el Viejo, importantes obras de fortificación del castillo. Quien aplicando las técnicas de la fortificación moderna, transformó el castillo en una auténtica fortaleza militar con cuatro nuevos baluartes (dedicados a los cuatro evangelistas). También a instancias de Alejandro VI, se construye una torre del homenaje en la boca del puente y se excava un foso alrededor de las murallas para rellenarlo con agua del Tíber. Además, el castillo recibió un nuevo piso, pintado al fresco nada menos que por Pinturicchio, y nuevos jardines y fuentes.
Baluarte
Lo que fue un mausoleo y luego una fortaleza se convirtió en un lujoso palacio en el que el pontífice celebra fiestas y banquetes. 
Incluso su sucesor, Julio II, prefirió residir en el interior del castillo antes que en el Palacio Vaticano y por encargo suyo, se mejoraron las comodidades del alojamiento papal y se construyó la Loggia frente al Tíber, que aún hoy se recuerda como Julio II. 
Por el Passetto escapó  y se refugió en el castillo el Papa Clemente VII  cuando las tropas del emperador Carlos I de España y V de Alemania, con los famosos Lansquenetes asediaron durante siete meses y saquearon la ciudad de Roma, en el conocido Sacco di Roma en el año 1527.
Sala de las urnas
Se cuenta que el Papa se dejó crecer la barba para pasar desapercibido en caso de tener que huir (aunque oficialmente era por luto). Parece que funcionó, y desde entonces varios papas llevaron barba.
Pablo IV, poco después de mediados de siglo, ordenó la construcción de las murallas pentagonales que rodean el castillo.
El papa Urbano VIII ordenó la destrucción de las fortificaciones anteriores, trasladó la entrada principal al lado derecho, y ordenó la construcción de una nueva muralla frontal, nuevos puestos de guardia y “casermettes” (pequeños alojamientos para tropas).  Más tarde, Clemente IX se dedica en cambio al Ponte Elio y ordena la instalación de diez ángeles de mármol. Desde ese mismo momento, el puente pasará a llamarse Ponte Sant’Angelo.
Fue ocupado por las tropas francesas el 2 de febrero de 1808, abandonándolo el 14 de marzo de 1814.
Campana de la Misericordia
Durante casi cinco siglos, Castel Sant´Ángelo fue la residencia oficial del Papa de Roma. Y no solo los Papas ocuparon sus estancias. Castel Sant’Angelo además de fortaleza, también fue  utilizado como cárcel política, designada con el nombre de Forte Sant'Angelo.
Los procesos eran realizados en la Sala de la Justicia, y las ejecuciones capitales generalmente se realizaban fuera del castillo, en la pequeña plaza situada más allá del Puente Sant'Angelo, aunque fueron numerosas las ejecuciones sumarias en el interior del castillo o en las propias cárceles. Tras cada ejecución de una condena capital tañía la Campana de la Misericordia, situada en la terraza a los pies de la estatua del ángel.En el interior del Castillo de Sant'Angelo son numerosas las estancias que han sido usadas como cárcel, todavía visitables en la actualidad. La celda más infame era la llamada Sammaló o San Marocco, situada detrás del bastión de san Marcos. El condenado era arrojado a ella desde arriba y apenas había espacio para colocarse medio doblado, no pudiendo estar ni de pie ni acostado. Esta celda era antiguamente uno de los cuatro respiradores que daban aire a la sala central del mausoleo, donde se encontraban las urnas imperiales, y daba hacia la rampa de escaleras y en la Edad Media fue transformado en una mazmorra.
Cárcel en el patio del Teatro
Más tarde sirvió de residencia de la nobleza y hasta de localización para una ópera: fue en la terraza superior donde Puccini ambientó el suicidio de Tosca.
En 1870, tras la Unificación de Italia, el castillo de Sant’Angelo pasó a manos del Estado Italiano y se utilizó inicialmente como cuartel, en concreto como cárcel, para después ser restaurado por el Real Cuerpo de Ingenieros del Ejército y convertido en Museo de Ingeniería Militar.
Durante el periodo fascista, se restauraron las murallas y los fosos y se acondicionaron varias salas. En la actualidad, el Museo Nacional de Castel Sant’Angelo alberga numerosas colecciones de cerámica, pintura y escultura, y es el centro de cursos, iniciativas y actividades educativas. Siendo gestionado por la Dirección de Museos Estatales de Roma 
El museo castillo sant'angelo

Sala de Apolo
es la sala principal
del primer piso
Hoy en día el Castillo Sant'Angelo es un museo, el Museo Nazionale de Castel Sant'Angelo, el cual consta de cinco pisos. El primero de ellos tiene una rampa de construcción romana, el segundo destaca por albergar celdas de la prisión, el tercero es el piso militar, el cuarto piso es el de los Papas y contiene obras de arte exquisitas, y, por último, el quinto piso es una gran terraza desde la cual se tiene una fantástica vista de Roma.
La Terraza, donde se encuentra la estatua del Ángel y a su lado la campana que anunciaba las sentencias de muerte, es el lugar donde fue ambientado el suicidio de Tosca, personaje de la homónima ópera de Puccini, que desde allí se lanzó después del asesinato a traición de su amado Cavaradossi.
Los restos del mausoleo original del emperador Adriano son claramente visibles en las partes bajas del edificio, que conservan gran parte de la antigua estructura. Las antiguas murallas romanas son perfectamente visibles desde el exterior donde se encuentran los restos de algunas de las estatuas colosales que iban a adornar la tumba.
El Giretto
Desde el primer nivel, bajar los pocos escalones de la escalera de metal moderno, se introduce al “atrio romano”, que hoy alberga una reconstrucción plástica del edificio que originalmente, en el fondo del lugar, dio la bienvenida a una estatua colosal del emperador.
Grandes bloques de travertino que cubren las paredes muestran claramente los orificios de la plancha ganchos que anclaban las placas de mármol de la época romana.
Un pasaje en el lado derecho de la sala conduce a la gran rampa en espiral que hace un giro completo en el cilindro, lo que lleva a un nivel superior al Salón de las urnas, el corazón de la tumba, aunque no está el sarcófago y que ocupa exactamente el centro del edificio de Adriano. Uno de los pocos espacios originales que quedan de la Mole de Adriano, junto con la impresionante rampa helicoidal.
Sala deCupido y Psique

Ángel de  Raffaello da Montelupo
Para que te hagas una idea de todo lo que hay que ver en Castel Sant’Angelo te diré algunos de los pasajes que se pueden visitar: la sala de Apolo, de Eros y Psique y de Perseo –la parte mitológica–; los patios del ángel y de la ballesta y el de León Xl; la logia de Julio II, la de Pablo III y el giretto (corredor cubierto donde estaban las prisiones) de Pío IV; la salita de Clemente VII; la sala Paolina; la biblioteca… y eso por no hablar del camino de ronda, de los cuatro bastiones –cada uno con el nombre de un evangelista–, los fosos…En fin todo un recorrido medieval. Por cierto el ángel en lo alto del castillo no es ese el “original” –o, al menos, el más antiguo que se conserva–. El que esculpió Raffaello di Montelupo (discípulo de Miguel Ángel) a mediados del siglo XVI está en el patio del ángel –Cortile dell’Angelo–.

Qué ver en el Castillo de Sant’Angelo
  • La rampa helicoidal que sube desde la entrada es parte del mausoleo original romano.
  • Los apartamentos papales  Están decorados con frescos renacentistas increíblemente bien conservados que muestran cómo vivían los papas cuando se refugiaban aquí. Salas con techos pintados, habitaciones secretas…
  • La terraza superior  Desde aquí se tiene una de las mejores vistas de Roma: el Vaticano, el Tíber, el centro histórico… Y en el centro de la terraza está la famosa estatua del Arcángel Miguel.
  • ·        La primera estatua del arcángel, realizada para conmemorar el acontecimiento,  fue de madera.
  • ·        Le siguió una segunda de mármol, destruida durante el levantamiento de 1379.
  • ·        El tercero, también de mármol pero con alas de bronce, se desmorona cuando un rayo cae sobre el castillo y hace volar por los aires un almacén de pólvora.
  • ·        En 1497 se optó por una estatua de bronce, pero en 1527 las necesidades de la guerra obligaron a fundirla para fabricar cañones.
  • ·        En el mismo siglo se construyó otra versión en mármol con alas de bronce, realizada por Raffaello da Montelupo.
     Ángel de Peter Anton von Verschaffelt
  • ·        En 1752 fue sustituida por la actual estatua de bronce, creada por el escultor flamenco Peter Anton von Verschaffelt.
Es una escultura colosal que representa al Arcángel en el acto de envainar su arma: una instantánea de la visión que tuvo el Papa Gregorio Magno más de mil años antes. Lleva una armadura con falda barrida por el viento y apoya los pies en las nubes.
La realización de la estatua tropezó con algunas dificultades debido a la gran cantidad de metal necesaria. Originalmente, la estatua estaba recubierta de una superficie dorada, excepto la armadura, que estaba cubierta de papel de plata.
La estatua del ángel, compuesta por 35 piezas, a las que se añade la espada de hierro. Se realizó utilizando la técnica de fundición conocida como «buena forma», una variante de la técnica de la «cera perdida». Para sostener la estructura se utilizó un armazón interno, formado por dos pernos principales cruzados. Este armazón original se sustituyó en 1986 por otro de acero inoxidable y titanio y actualmente se expone en la Sala de la Rotonda.
Y esto fue todo lo que dió de sí la visita al famoso Castillo de Sant´Angelo, pero no contentos con ello nos dirgimos al Ara Pacis.

ARA PACIS

Ara Pacis Augustæ (español: Altar de la Paz Augusta) es un altar y monumento dedicado a la diosa romana Pax erigido por el senado romano para celebrar las victoriosas campañas de Augusto en Galia e Hispania y la paz impuesta luego de su retorno triunfal.  Construido entre el año 13 a. C. y el año 9 a. C. Su inauguración fue 30 de enero del año 9 a. C. (Siglo I a. C.) coincidiendo con el cumpleaños de Livia, esposa de Augusto.
Esta obra es un claro ejemplo de arquitectura religiosa. A pesar de que la principal tipología de la arquitectura romana eran edificios civiles y mayoritariamente utilitarios, podemos encontrar excepciones como por ejemplo, la arquitectura funeraria o religiosa, como en este caso.
Su ubicación original era en el lado oeste de la Vía Flaminia, actualmente vía del Corso, en el Campo de Marte, una amplia zona fuera de las murallas de la ciudad que daba entrada a Roma y donde las legiones practicaban los ritos de purificación cuando regresaban de una batalla.
El Ara Pacis era uno de los monumentos más significativos de la Antigua Roma, tenía una función litúrgica y simbólica y funcionaba como un templo para el sacrificio de animales sagrados, donde cada año se debían sacrificar un carnero y dos bueyes y donde participaban únicamente sacerdotes y vestales.
Estructura
El Ara Pacis es una construcción adintelada de planta rectangular, en forma de ‘u’, y con unas dimensiones de 11,65 x 10,62 x 4,60 metros, no techada y cerrada por un muro de unos diez metros de altura cubierto de relieves. Está realizada íntegramente en mármol blanco de Carrara aunque el conjunto estaba en origen policromado, como la casi totalidad de los monumentos antiguos de la ciudad.
Presenta dos puertas de acceso, cuadradas de 3,6 metros con orientación dirigida a oriente y poniente. Una frontal o delantera para el sacerdote oficiante, precedida de una escalinata con nueve escalones, y otra posterior para los animales a sacrificar (todos los años eran sacrificados dos bueyes y un carnero). El cierre de estas puertas simbolizaba la paz en el mundo, y según el propio Augusto fueron cerradas hasta en tres ocasiones durante su reinado, como símbolo de la estabilidad de su gobierno.
En su interior, decorado con motivos de guirnaldas de flores (símbolo de fertilidad) y bucráneos (relieves decorativos con forma de cabeza de toro), símbolo de la prosperidad, se encontraba el altar, al que se accedía a través de una escalinata central, y donde se realizaban los sacrificios.
Se desconoce quiénes fueron sus autores, pero todo apunta a que serían artistas de formación helenística, pues la obra presenta una gran influencia de dicha cultura.
Decoración
En cuanto a la parte interior, es más sobria que la exterior, aunque tiene motivos escultóricos muy interesantes. Los paneles interiores están divididos de igual manera que los exteriores, pero con algunos cambios. 
En las formas de la cenefa hay representadas plantas rodeadas de una especie de concha. El zócalo está repleto de largos rectángulos verticales de forma sucesiva tallados en profundidad. La zona del friso repetirá los mismos elementos en todos sus espacios. Se observan representadas grandes guirnaldas sostenidas por bucráneos.
Sobre el altar, las figuras están representadas en altorrelieve.
Sobre el zócalo interior, se encuentran relieves decorados con personajes femeninos, quizás representando alegorías sobre las provincias y naciones que sucumbieron ante Roma y que por tanto formaban parte de su prosperidad, y que en la actualidad se han perdido completamente.
Mientras que en el zócalo exterior está decorado con la representación del sacrificio que se celebraba anualmente, con las Vestales y el pontífice máximo, acompañados por los sacerdotes victimarios y por los animales destinados al sacrificio.
Sin embargo, lo más atractivo del interior es la decoración del altar; sobre ambos lados de la parte más alta de este, hay realizadas dos figuras vegetales de varias espirales que sobresalen. Cada extremo de dichas figuras lo sostiene una quimera formada con la combinación de un león con un ave. Las escenas que perduran representan la manera y los animales que llevaban al sacrificio.
El muro exterior frontal está recorrido verticalmente por ocho pilastras adosadas con capiteles corintios y fustes con decoración vegetal dispuestas "a candelierii", esto es, de manera simétrica en torno a un eje central. Dos de ellas flanquean cada una de las puertas de acceso y otras se sitúan en las esquinas del mismo.
El muro se encuentra a su vez dividido, por una banda de grecas o cenefa de motivos geométricos, en dos mitades, esto da lugar a la aparición de un zócalo y un friso. 
La parte inferior está decorada con motivos vegetales y animales, que actúan como símbolos de fertilidad, mientras que la parte superior tiene decoración figurativa de tamaño natural (canon proporcionado). Todo el zócalo trata un único motivo, es decir, hay tallados de forma sucesiva, mariposas y aves (en especial cisnes), pequeños reptiles (lagartijas, ranas, serpientes), dispuestos también de manera simétrica, pero lo que más destaca de esta zona es la vegetación (de unas cincuenta especies, destacando las hojas de acanto, símbolos de eternidad,  rosas, lirios y flores amarillas, mandrágora, ramas de ciprés...), la cual ocupa más espacio y termina en forma de espiral.
Mientras que los frisos exteriores tienen distinta decoración según su ubicación: flanqueando las puertas cuatro alegorías, y en los muros laterales dos procesiones y la división de los diferentes paneles escultóricos también será realizada con la representación de columnas corintias.
Significado
Como estaría pintado
Las alegorías están relacionadas con la mítica fundación de Roma.
En el panel de la parte superior de la izquierda de la fachada principal, lado oeste, observamos representado el mito de la fundación de Roma, el Lupercal; en este panel se distingue en medio de la naturaleza a Rómulo y Remo siendo amamantados por la loba Luperca. En torno a estos hay dos personajes, uno de ellos es el dios Marte, en clara alegoría a la fundación de Roma y  el otro el pastor Faustolo.
En el centro de la composición se representa la higuera ruminal, bajo la cual fueron amamantados los gemelos. En el árbol se pueden distinguir las garras de un pájaro, ¿tal vez un pájaro carpintero que, como la loba, era sagrado? El dios es representado en sus vestiduras guerreras, provisto de lanza, yelmo crestado adornado con un grifo y armadura sobre la cual se distingue la cabeza de una Gorgona.
Mientras que en el lado opuesto, por el que entraban los animales, en la parte superior derecha aparece Eneas con toga cubriendo su cabeza, representado como el pater Aeneas y rex sacrorum, a punto de realizar la ofrenda de frutos a los dioses Penates (dioses protectores del hogar). Junto a él hay dos jóvenes vestidos a la moda augusta, en uno de los cuales podemos identificar al hijo del emperador, Julo-Ascanio, fundador de la gens Iulia, que justificaría el origen divino de la dinastía imperial.
Estos dos paneles mitológicos son motivos escultóricos que vinculan al linaje de Augusto con el de Eneas y los fundadores de Roma.
En la cara este en el panel de la derecha aparece la  que se intuye que  era diosa Roma representada como una amazona con casco y sentada sobre un escudo, el pecho derecho desnudo, el balteo sobre el hombro sosteniendo una espada corta, y un asta en la mano derecha. 
Tendría enfrente (de acuerdo a las monedas del periodo) al dios Virtus del valor militar con el cetro del mando y a su espalda al dios Dionisos con una cornucopia de la abundancia.
Esta parte de la obra es la que está peor conservada debido a la escasez de restos, casi no queda nada del original.
En el otro lado, a la izquierda, el mejor conservado, nos muestra a Tellus (la diosa Tierra Mater), para unos y para otros, Venus, madre divina de Eneas y progenitora de la Gens Iulia, a la que pertenece el propio Augusto, como una mujer sentada sobre las rocas y vestida con un ligero jitón.  Sobre la cabeza velada, una corona de flores y frutos. A sus pies, un buey y una oveja. La diosa sostiene dos querubines en su regazo, uno de los cuales atrae su mirada pasándole una manzana. En su vientre, un racimo de uvas y granadas completan el retrato de la divinidad progenitora, gracias a la cual prosperan los hombres, los animales y la vegetación. A los lados del panel dos mujeres jóvenes, una sentada sobre un dragón marino, la otra sobre un cisne, símbolo respectivamente de los vientos benéficos del mar y de la tierra. Todo ello hace alusión a la prosperidad proporcionada por la Paz de Augusto.
En el ropaje de los personajes se observa un tratamiento de paños mojados, lo que confirmaría que los artistas tendrían formación helenística.
De los cuatro originales solo dos, uno en cada cara, se han conservado casi completos.
Los frisos laterales del monumento se dividen en friso norte y friso sur. En el grupo procesional del lado sur, el más famoso de los dos, y para reforzar la idea de espacio sagrado, una serie de lictores que encabezan la procesión junto a varios togados entre los que se encuentra Augusto, togado en calidad de sumo sacerdote seguidos por cuatro sacerdotes mayores. Tras estos está la familia imperial, donde destaca el general Agripa junto con otras personalidades (magistrados, senadores, flámines y augures junto a los sacerdotes), componiendo un magnífico conjunto de retratos que se dirigen hacia el templo mientras la muchedumbre los observa. Es posible que el momento representado sea el de la toma de posesión en el 12 a.C. del cargo de Pontífice Máximo por Augusto tras producirse la muerte de Lépido.
El friso norte representa a distintos magistrados, senadores y sacerdotes, con su característico tocado en punta, y demás miembros de la familia imperial. Destacan la hermana de Augusto (Octavia) y la tercera esposa del emperador (Livia).
La distribución de los personajes y la estructura del conjunto deja entrever una fuerte influencia de las Panateneas del Partenón, si bien los personajes procesionan en dos filas con más orden y disciplina que en el templo ático.
Y el delicadísimo tratamiento del relieve permite incluso identificar algunos retratos, como el de Tiberio, su esposa Livia, su hija Julia, o sus nietos, sus más cercanos colaboradores (Agripa y Mecenas)…
La figura del emperador no centra la composición ya que aparece cerca de un lateral, mezclado con los demás miembros de la procesión. Éste se diferencia por la corona de laurel, y está de perfil dando aún más la sensación de que estamos ante una obra de homenaje colectivo.  
Asimismo, observamos una gran diversidad de actitudes y gestos entre los personajes que crean ritmo y dinamismo en la escena. Se ve a figuras conversando y a otras, como la hermana de Augusto, pidiendo silencio. Los niños aparecen mostrando reacciones propias de su edad: indiferencia, diversión y aburrimiento. Por ejemplo, uno de estos niños tira de la toga de un adulto como si quisiera ser cogido en brazos por él...  
Este relieve está caracterizado por el horror vacui. Todo está lleno de figuras o elementos ornamentales. Además, contrasta el predominio de líneas verticales de los personajes -que se atenúa por la isocefalia (norma estética que consiste en situar todas las cabezas a igual altura), con el esquema compositivo curvilíneo del nivel inferior de los roleos y guirnaldas.
El efecto de profundidad se consigue con alto, medio y bajo relieve, e incluso algunos personajes en los fondos están meramente dibujados. Esto es el llamado relieve sttiaciato o aplastado que luego utilizarán Ghiberti  o Donatello. Además, con esta diversidad se marca también la jerarquía, pues sobresalen los personajes más importantes.
El monumento combina los elementos de origen griego y helenístico, la influencia de Fidias, en el tratamiento anatómico y en el de los pliegues y elementos decorativos helenísticos (grecas o cenefas, guirnaldas y roleos), con el realismo y la sobriedad característica de la tradición romana del retrato, representando por su calidad el punto más alto jamás alcanzado en el arte de los relieves conmemorativos.
Esta escena principal combina los valores de respeto a la tradición, la familia y la religión que enarboló Augusto durante mandato como Princeps.
Pero para tener una visión real del monumento tal y como fue visto por el propio Augusto, tendríamos que imaginarlo pintado de vivos colores.
A partir del siglo II d.C. este monumento cayó en el olvido. Fue cubierto por el lodo que acarreaba el Tíber cuando crecía y junto con las transformaciones urbanísticas determinaron su pérdida definitiva y que quedara olvidado en la memoria de los romanos. En
 el Renacimiento, en la zona,  comenzaron a salir algunos restos de mármol de increíble belleza, aunque nadie los relacionó con el antiguo Ara Pacis, y muchas de estas piezas terminaron diseminadas por distintos museos italianos como los Museos Vaticanos y los Uffizi en Florencia, pero también fuera de Italia, en el Louvre de París y en Viena.
Habría que esperar hasta mitad del siglo XIX para volver a oír hablar del altar imperial.

El Ara Pacis fue uno de los monumentos recuperados en el período fascista vivido en Italia con Mussolini como vehículo de reafirmación nacional. Fue rescatado de los cimientos de un edificio renacentista, el palacio de Humberto I, y fue trasladado desde el Campo Marzio hasta la ribera del Tíber y colocado frente al mausoleo de Augusto que es el lugar donde se encuentra actualmente. El nuevo altar fue inaugurado en 1938 por el Ducce.
En fecha reciente, en 1995, el monumento fue recubierto por un edificio de líneas minimalistas diseñado por el artista abstracto estadounidense Richard Meier, para protegerlo de la contaminación atmosférica. El nuevo conjunto incluye salas subterráneas para exposiciones temporales.


viernes, 8 de mayo de 2026

Una semana en Roma. Cuarto día. Parte I

Basílica de San Pedro del Vaticano
La basílica de San Pedro, cuenta con el mayor espacio interior de una iglesia cristiana en el mundo, presenta 187 m. de longitud, 44,5 m. de altura, y abarca una superficie de 2,3 hectáreas.
Es una de las iglesias que se deben visitar en el peregrinaje de las siete iglesias de Roma para alcanzar la indulgencia plenaria.
En la tradición católica, la basílica se encuentra situada sobre el lugar de entierro de san Pedro, primer obispo de Roma y, por lo tanto, el primero de los pontífices. La tradición y las evidencias históricas y científicas sostienen que la sepultura del Santo está directamente debajo del altar mayor de la basílica. También muchos de los papas han sido enterrados en San Pedro desde la época paleocristiana.
En el sitio de la basílica han existido otras iglesias desde el siglo IV. La construcción del actual edificio, sobre la antigua basílica constantiniana, comenzó el 18 de abril de 1506, por orden del papa Julio II, y finalizó el 18 de noviembre de 1626 y en ella trabajaron algunos de los arquitectos más renombrados de la historia, como: Bramante, Miguel Ángel o Bernini. 
Palacio Episcopal
La basílica de San Pedro es una de las cuatro basílicas papales o basílicas mayores de Roma; las otras son la archibasílica de San Juan de Letrán, la basílica de Santa María la Mayor y la basílica de San Pablo Extramuros.
La basílica de San Pedro no es ni la sede oficial del papa, ni es la primera basílica de Roma, pues este honor lo ostenta la archibasílica de San Juan de Letrán; tampoco es la parroquia de la Ciudad del Vaticano, ya que actualmente es la Capilla Paulina la que funciona como tal. Sin embargo, es la principal iglesia pontificia al celebrarse en ella la mayoría de las ceremonias papales debido a su tamaño, a su proximidad a la residencia papal y a su ubicación dentro de la Ciudad del Vaticano.
Cátedra de S. Pedro
La Cátedra de San Pedro es una silla antigua que se supone fue utilizada por san Pedro, pero que en realidad fue un regalo de Carlos el Calvo, y utilizada por varios papas. Ocupa una posición elevada en el ábside, en un relicario de bronce sostenido por figuras de los Doctores de la Iglesia, e iluminada por una vidriera que representa al Espíritu Santo.
Historia 
Crucifixión de S. Pedro
de Caravaggio
Simón Pedro, después de un ministerio de unos treinta años en Antioquía, viajó a Roma. En el año 64, durante el reinado del emperador Nerón y fue martirizado, al igual que otros muchos cristianos. Fue crucificado cabeza abajo, por petición propia, porque se consideraba indigno de morir de la misma manera en que lo había hecho Cristo. La crucifixión tuvo lugar cerca del obelisco egipcio que había en un extremo del Circo de Nerón. Este obelisco que había sido traído desde la ciudad de Heliópolis por Calígula en el año 37 d. C. actualmente se encuentra en la Plaza de San Pedro, y es venerado como un «testigo» de la muerte del apóstol. Es uno de los varios antiguos obeliscos de Roma. 
Según la tradición, los restos de Pedro fueron enterrados a las afueras del Circo, en la Colina Vaticana. La tumba de Pedro estaba marcada por una roca de color rojo, símbolo de su nombre, que les servía a los cristianos para identificarla y, al mismo tiempo, carecía de sentido para los no cristianos, lo que evitaba posibles represalias. Años más tarde, en este lugar se construyó un santuario o "cella memoriae", que casi 300 años después se convirtió en la antigua basílica de San Pedro.
Necrópolis
En 1939, durante el papado de Pío XII, se realizó una investigación arqueológica en la cripta de la basílica, que permanecía inaccesible desde el siglo IX. De hecho, el área cubierta por la Ciudad del Vaticano había sido un cementerio desde antes de la construcción del Circo de Nerón. Además, allí eran enterradas las víctimas de las ejecuciones del circo, así como numerosos cristianos que optaron por ser enterrados cerca del apóstol.
Tras la excavación, en 1953 se encontró un nicho en el que se podía reconocer una incompleta escritura en griego con el nombre de Pedro y en cuyo interior había algunos huesos envueltos en un paño de púrpura e hilo de oro. Este descubrimiento lo anunció Pío XII convencido de que, con toda probabilidad, los restos eran del cuerpo de san Pedro. Estos restos fueron colocados en el subsuelo, en la posición original que se corresponde exactamente con la vertical del Altar Papal, el baldaquino y la cúpula.
Antigua basílica
Reconstrucción basílica de
Constantino
La antigua basílica fue construida en el lugar donde se encontraba la tumba de Pedro, no lejos del circo de Nerón. Las obras fueron ordenadas por el emperador Constantino a expensas del papa Silvestre I; comenzaron entre el 326 y el 330, y finalizaron 30 años después. Ante el altar mayor de esta iglesia fueron coronados muchos emperadores, como Carlomagno, a quien el papa León III impuso la corona imperial el día de Navidad del año 800.
Plan de reconstrucción
A finales del siglo XV, tras el período del papado de Aviñón, la basílica paleocristiana se encontraba bastante deteriorada y amenazaba con derrumbarse. El primer papa que consideró la reconstrucción o, al menos, hacer cambios radicales, fue Nicolás V en 1452. Encargó el trabajo en el antiguo edificio a Leon Battista Alberti y Bernardo Rossellino, que fue el encargado de diseñar los cambios más importantes. En su proyecto, Rossellino mantuvo el cuerpo longitudinal de cinco naves cubiertas con techos abovedados y renovó el transepto con la construcción de un ábside más amplio al que añadió un coro; esta nueva intersección entre el crucero y el ábside se cubriría con una bóveda. Esta configuración ideada por Rossellino influyó en el posterior proyecto de Bramante. 
Las obras se interrumpieron a la muerte del papa, cuando los muros tan solo alcanzaban a levantarse un metro del suelo. Sin embargo, el papa ordenó la demolición del Coliseo de Roma y, en el momento de su muerte, 2522 carretadas de piedra habían sido transportadas para su uso en el nuevo edificio.
Tumba de Julio II en
San Pietro in Vincoli
Cincuenta años después, en 1505, bajo el pontificado de Julio II, se reiniciaron las obras, con la idea de que el nuevo edificio fuera el marco adecuado para acoger su sepultura; el papa pretendía con la obra «engrandecerse a sí mismo en la imaginación popular».​ Para ello se celebró un concurso, existiendo actualmente varios de los diseños en la Galería de los Uffizi en Florencia. El plan iniciado por Julio II continuó a través de los papados  sucesivos de veinte papas.
Construcción
El papa Julio II se propuso continuar las obras iniciadas por Nicolás V, pero en 1505 decidió la construcción de una nueva basílica ex-novo, acorde con la nueva estética renacentista.
Proyecto de Bramante
La colocación de la primera piedra tuvo lugar el 18 de abril de 1506. ​El propio Julio II eligió esta fecha como la más propicia para comenzar las obras por consejo de sus astrólogos, que previamente habían realizado los cálculos por mandato suyo. El proyecto fue encargado al arquitecto Donato d'Angelo Bramante, llegado poco antes desde Milán, y que se había ganado la confianza del papa por encima del anterior arquitecto, Giuliano da Sangallo. Incluso se encargó del diseño del Patio del Belvedere. El proyecto consistía en un edificio con planta de cruz griega inscrita en un cuadrado y cubierta por cinco cúpulas, la central de mayor tamaño y apoyada en cuatro grandes pilares, inspirándose en la basílica de San Marcos, y un claro ejemplo de planta centralizada típica del Renacimiento.
La cúpula central, inspirada en la del Panteón de Agripa, se situaba sobre el crucero, y las restantes en los ángulos.
En la construcción de la iglesia también resultó importante la aplicación de los estudios teóricos de distintos arquitectos, y sobre todo, de Leonardo da Vinci, para iglesias de planta centralizada, cuyos resultados están claramente inspirados en la planta octogonal de la catedral de Florencia.
Los trabajos se iniciaron con la demolición de la basílica paleocristiana, lo que fue muy criticado dentro y fuera de la Iglesia por personalidades como Erasmo de Róterdam o Miguel Ángel, que criticó la destrucción de las columnas de la antigua basílica. Por ello Bramante fue apodado «maestro ruinoso», y circuló una publicación satírica, donde presenta al arquitecto fallecido ante san Pedro, que le recrimina la demolición cuando le propone la reconstrucción del cielo. A estos escándalos hubo que sumarle el de la venta de indulgencias para la construcción de la basílica, lo que tuvo un papel importante en el nacimiento de la Reforma Protestante de Martín Lutero.
Con todo esto, Bramante no pudo ver avanzar demasiado la obra, pues murió en 1514, cuando solo se habían edificado poco más que los cuatro grandes pilares que debían sostener la gran cúpula central. El proyecto de Bramante estaba constituido por pilastras gigantescas y una gran cúpula semiesférica sostenida por un tambor de columnas. El espacio generado en el interior era una magnífica manifestación de la imagen renacentista. En cuanto al exterior, no poseía una auténtica fachada, ya que esta era de importancia secundaria.
Proyectos de Rafael y Sangallo
Proyecto de Rafael
Desde 1514 se hizo cargo de la dirección de la obra Rafael Sanzio, con fray Giovanni Giocondo y Antonio da Sangallo el Joven, que continuó dirigiendo las obras, tras la muerte de Rafael en 1520. Todos ellos cambiaron el plan de Bramante, optando por diseños que se inspiraban en la tradicional planta basilical de cruz latina con un cuerpo longitudinal de tres naves. Sangallo presentó en 1546 un costoso modelo de madera, en la actualidad almacenado en la basílica, en el que sintetizaba todas las ideas surgidas con anterioridad.
Proyecto de Miguel Ángel
Tras la muerte de Sangallo en 1546, el papa Paulo III encomendó la dirección de las obras a Miguel Ángel Buonarroti, quien retomó la idea de Bramante de planta en cruz griega. Bajo la dirección de Miguel Ángel se alzaron los muros del ábside, de una imponente grandiosidad. No obstante, la aportación más importante del genio fue la gran cúpula que se encuentra justo sobre el altar mayor y el sitio donde la tradición indica que se localiza la tumba del apóstol san Pedro. Es una estructura que, aunque muy pesada, parece flotar en el aire. La construcción de la cúpula se concluyó veinticuatro años después de la muerte de Miguel Ángel según el diseño definitivo de Domenico Fontana y Giacomo della Porta, que apenas modificaron los planes del maestro. Los mosaicos del interior de la cúpula son de Giuseppe Cesari, y representan las distintas jerarquías de santos en la gloria celestial, estando representado Dios Padre en la linterna central.
Proyecto de Miguel Ángel
La configuración actual de la basílica en forma de cruz latina fue obra de Carlo Maderno, quien durante el pontificado de Paulo V añadió tres crujías nuevas y proyectó la fachada, compuesta de balconadas y recorrida por columnas de orden gigante. La basílica se dio por concluida en 1626 y fue consagrada solemnemente por el papa Urbano VIII, aunque todavía quedaban muchos detalles por terminar.
Gian Lorenzo Bernini, a instancias de Alejandro VII, proyectó la inmensa plaza de San Pedro y la columnata que la rodea. Encima de ella y por todo el perímetro de la plaza se aprecian numerosas estatuas de santos y santas de todas las épocas y lugares. Encima de la fachada de la basílica se encuentran las estatuas de once de los apóstoles (excepto san Pedro), san Juan Bautista y, en el centro, Cristo. Bernini fue también el responsable de acometer los diseños y planos para las torres campanario que debían completar la fachada dejada por Maderno; la única torre completada bajo la dirección de Bernini, tuvo que ser demolida poco después de su elevación ante los evidentes signos de inestabilidad de la estructura. Los relojes que ocupan los extremos de la fachada se incluyeron a finales del siglo XVIII, y son obra de Giuseppe Valadier, quien, asimismo, situó la inmensa campana fundida previamente en uno de los cuerpos laterales, que son todo cuanto puede considerarse como campanario una vez que se determinó no volver a plantear la construcción de torres en la fachada.
Baldaquino
Bernini se ocupó también de gran parte de la decoración interior del templo. Su obra más destacada a este respecto es el espectacular baldaquino, de bronce macizo, sobre el altar mayor de la basílica. El bronce utilizado en la construcción del baldaquino fue extraído de los casetones de la cúpula del Panteón de Agripa de Roma, lo cual dio pie a la frase: «Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini», expresión latina que significa: «Lo que no hicieron los bárbaros, lo han hecho los Barberini», en referencia a Urbano VIII, en cuyo papado se completó. Formado por cuatro columnas torsas con volutas, presenta decoración vegetal, ángeles y telas simuladas; por todas partes aparecen las abejas, símbolo heráldico de los 
Barberini, a cuya familia pertenecía el pontífice Urbano VIII.
Bernini intervino, además, en la decoración del interior del ábside, que proyectó como una fulgurante gloria en torno a un óculo con la paloma del Espíritu Santo, situando debajo un relicario con la Cátedra de San Pedro sostenida por las gigantescas esculturas broncíneas de los Padres de la Iglesia.
También ideó la decoración de los pilares de la cúpula, que concibió como nichos que albergasen las reliquias más nombradas de la basílica; bajo su dirección se colocaron cuatro monumentales esculturas, representando a santa Elena (nº 59 en el plano), san Andrés (nº 55 en el plano), santa Verónica (nº 62 en el plano) y san Longinos (nº 56 en el plano), ocupándose él mismo de la realización de la última.  
El gran arquitecto fue sin duda el favorito de los papas durante el siglo XVII y su huella es omnipresente en el interior del templo. Además de las obras citadas, ideó también la decoración de la Capilla del Santísimo Sacramento (nº 17 en el plano), con un templete flanqueado por ángeles adoradores; el monumento funerario de la condesa Matilde di Canossa (nº 16 en el plano), protectora del papado en el medievo; así como los sepulcros de los papas Urbano VIII (nº 38 en el plano) y Alejandro VII (nº 47 en el plano), ambos piezas clave de la escultura barroca.
Otros muchos artistas trabajaron para la basílica a lo largo de los siglos. Entre ellos son de obligada cita el escultor Alessandro Algardi, autor del célebre relieve La expulsión de Atila (nº 44 en el plano), obra maestra del Barroco, y el maestro del neoclasicismo Antonio Canova, que esculpió la sepultura del papa Clemente XIII (nº 32 en el plano).Algunas obras anteriores a la propia construcción de la basílica sirven hoy para su ornamento. 
Navicella
Entre ellas, son destacables el mosaico representando La tempestad del lago Tiberíades, más conocido como La Navicella (nº 31 en el plano), obra de Giotto (muy retocado posteriormente), situado a los pies del templo; o el monumento funerario del papa Inocencio VIII (nº 82 en el plano), obra de Antonio Pollaiuolo. Con todo, la obra de arte más conocida de cuantas alberga la basílica en su interior es la Piedad (nº 9 en el plano), obra juvenil de Miguel Ángel, una de sus grandes realizaciones, que se venera en la primera capilla de la derecha.
La expulsión de Atila
Arquitectos de lae basílica
  • 1506: Bramante,
  • 1514: Rafael Sanzio,
  • 1520: Antonio da Sangallo el Joven,.
  • 1546: Miguel Ángel
  • 1564: Pirro Ligorio y Jacopo Barozzi da Vignola.
  • 1573: Giacomo della Porta
  • 1603: Carlo Maderno.
  • 1629: Gian Lorenzo Bernini.
Descripción
La basílica de San Pedro es uno de los edificios más grandes del mundo. Tiene 218 m. de largo y 136 m de altura hasta la cúpula; presenta una superficie total de 23 000 . El edificio está conectado con el palacio Apostólico por un corredor a lo largo del pasillo al lado de la Scala Regia, junto a la fachada de la plaza de San Pedro, y dos corredores que lo conectan con la sacristía adyacente. Estos pasos elevados fueron ideados por Miguel Ángel, de modo que su presencia no interrumpe el perímetro de la basílica y permite la existencia de ramificaciones en el templo. El exterior está construido con travertino, y se caracteriza por el uso del orden gigante a partir del cual se establece el ático. Esta configuración es idea de Miguel Ángel y se mantuvo en el cuerpo longitudinal añadido por Carlo Maderno.
El interior de la basílica aloja 45 altares y 11 capillas que guardan obras de arte muy valiosas, entre ellas algunas de la antigua basílica, como la estatua de bronce de San Pedro (nº 71 en el plano), atribuida a Arnolfo di Cambio.
Exterior
La plaza mide 340 x 240 metros, delimitada por un pórtico arquitrabado con cuádruple alineamiento de columnas toscanas (284 de 16 metros de alto), cuyo eje transversal se señala por el obelisco central y las fuentes laterales. Proyectada por Bernini por encargo del papa Alejandro VII, aunque hay que decir que el proyecto original de Bernini no era una plaza ovalada sino trapezoidal, pero la idea no fue muy bien acogida y optó por la ovalada.
Los muros exteriores de la basílica, exceptuando la fachada principal, se componen por superficies planas separadas por pilastras. El primer cuerpo presenta enormes hornacinas en las que se encuentran esculturas de santos de gran tamaño, destinadas por Juan Pablo II a conmemorar a santos y fundadores de la era cristiana; sobre estas se encuentran las grandes ventanas que iluminan el interior del templo. Sobre el entablamento se abren otras ventanas, de menor tamaño.
En la parte alta del porticado hay 140 estatuas de santos de diversas épocas y lugares.
En el interior de la plaza, en cada uno de los dos focos de la elipse, se encuentran dos fuentes, una diseñada por Carlo Maderno y la otra es una copia realizada por Bernini. Entre las dos fuentes  hay un obelisco de 25 metros de alto, la leyenda dice que, en su cúspide, una bola de bronce guardaba los restos de Julio Cesar (posteriormente fue sustituida por reliquia de la cruz de Cristo). A este obelisco se le conoce como “el testigo mudo” dado que, supuestamente, vio morir a San Pedro. A medio camino entre el obelisco y cada una de las fuentes hay un disco de piedra donde se puede leer “centro del colonnato”, si nos colocamos encima de ellos podréis ver como las cuatro filas de columnas se alinean y parece que solo haya una sola fila.
Fachada principal
La fachada principal de la basílica mide 115 m de ancho y 46 m de altura. Fue construida por el arquitecto Carlo Maderno entre 1607 y 1614. Se articula por medio de la utilización de columnas de orden gigante que enmarcan la entrada y el «Balcón de las bendiciones», lugar desde donde se anuncia a los fieles la elección del nuevo papa, y desde donde este imparte la bendición Urbi et Orbi. Tras el balcón se encuentra un gran salón, usado por el papa para audiencias y otros actos, llamado «Aula de las bendiciones». A continuación, se encuentra un altorrelieve  realizado en 1614  y titulado “La entrega de las llaves a San Pedro”. En el entablamento, situado debajo del frontón central, se encuentra grabada la inscripción:
IN HONOREM PRINCIPIS APOST PAVLVS V BVRGHESIVS ROMANVS PONT MAX AN MDCXII PONT VII
En honor del Príncipe de los Apóstoles, Paulo V Borghese, Romano Pontífice Máximo, año 1612, año séptimo de su pontificado”.
La fachada está precedida por dos estatuas de san Pedro​ y san Pablo. En la parte superior de la fachada se sitúa el ático, en el que se abren ocho ventanas decoradas con pilastras. Coronando el ático se ubica una balaustrada donde se sitúan 13 estatuas de 5,7 m.; en el centro aparece Cristo Redentor, Juan el Bautista a su derecha, y once de los doce apóstoles, excepto San Pedro. Las esculturas son, de izquierda a derecha: Judas Tadeo, Mateo, Felipe, Tomás, Santiago el Mayor, Juan el Bautista, Cristo Redentor, Andrés, Juan el Evangelista, Santiago el Menor, Bartolomé, Simón y Matías.
A cada lado hay dos relojes realizados en 1785 por Giuseppe Valadier. Bajo el reloj de la izquierda se encuentran las campanas de la basílica.
La fachada está construida en travertino blanco y ocre, aunque con algunas tonalidades verdes y rojas en la Loggia della Bendizione y fue restaurada con motivo del jubileo del año 2000.
La basílica cuenta con seis campanas, la más grande de ellas con un peso de más de 8.000 kilos y un diámetro superior a los dos metros.
Cuando suenan las seis campanas al unísono se llama “plenum”. Esto sucede en las fiestas más importantes del año litúrgico: Pascua de Resurrección, Navidad, Epifanía y Pentecostés. Además, suenan en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, el 29 de junio. Desde el cónclave de 2005, las campanas de san Pedro tienen un papel importante puesto que su sonido es diferente en función del resultado de las votaciones. Esta medida se aplicó para eliminar cualquier duda sobre el color del humo que precede al anuncio «Habemus Papam».
Pórtico
El pórtico se encuentra situado entre los cinco arcos que se abren en la fachada y las puertas del templo. La entrada está flanqueada por dos estatuas ecuestres: Carlomagno (nº 2 en el plano) y Constantino de Bernini (nº 8 en el plano) en 1670, situada a la derecha ante la entrada del palacio Apostólico por la Scala Regia. La bóveda está decorada e incluye las esculturas de treinta y dos papas, situadas a los lados de las lunetas, que contienen relieves en los que se representan episodios de la vida de San Pedro.
Estatua de Carlomagno
En la pared por encima de la entrada principal de la basílica se encuentra una parte del mosaico llamado La Navicella (nº 1 en el plano), obra de Giotto y que se encontraba en la antigua basílica de San Pedro, colocada en 1674.​
A la derecha del Pórtico hay un ascensor que sube a la base de la Cúpula.
Puertas
El acceso a la basílica desde el pórtico se realiza a través de cinco puertas, de izquierda a derecha son: «Puerta de la Muerte», «Puerta del Bien y del Mal», «Puerta de Filarete», «Puerta de los Sacramentos» y «Puerta Santa».
Puerta de la Muerte (nº 3 en el plano)
Puerta de la Muerte
La «Puerta de la Muerte»  fue encargada por Juan XXIII y realizada en 1963. Toma su nombre por ser esta la puerta de salida de los cortejos fúnebres de los papas. Se presentan cuatro paneles: en el primero hay una representación de la Deposición de Cristo y la Asunción de María. En el segundo se representan los símbolos de la Eucaristía, el pan y el vino. En el tercer cuadro aparece el tema de la muerte, representando el asesinato de Abel, la muerte de José, el martirio de san Pedro, la muerte de Juan XXIII,  la muerte en el exilio de Gregorio VII y seis animales en el acto de la muerte.
Puerta del Bien y del Mal (nº 4 en el plano) 
La «Puerta del Bien y del Mal» realizada entre 1970 y 1977.
Puerta de Filarete (nº 5 en el plano)
Puerta de Filarete
La «Puerta de Filarete» o «puerta central» fue mandada construir por el papa Eugenio IV a Antonio Averulino Filarete, que la realizó entre 1439 y 1445. Está hecha de bronce y dividida en dos hojas, cada una de las cuales presenta tres cuadros superpuestos.
 En los cuadros en la parte superior se representan a la izquierda a Cristo entronizado y a la derecha a la Virgen entronizada; en los paneles centrales están representados san Pedro entregando las llaves al papa Eugenio IV y san Pablo con una espada y un jarrón de flores. Los cuadros inferiores presentan el martirio de los dos santos: a la izquierda la decapitación de San Pablo, y a la derecha la crucifixión de San Pedro. Los paneles están enmarcados por medallones con los perfiles de los emperadores, y entre ellos frisos con episodios del pontificado de Eugenio IV. En la parte interna se encuentra la inusual firma del autor.
Puerta de los Sacramentos (nº 6 en el plano)
La «Puerta de los Sacramentos» fue construida e inaugurada por Pablo VI el 12 de septiembre de 1965. En ella aparece un ángel anunciando los siete sacramentos.
Puerta Santa (nº 7 en el plano)
Puerta Santa
La puerta de la derecha es la «Puerta Santa» ​ realizada en bronce en 1950 y donada al papa Pío XII por los católicos suizos para el jubileo de ese año. En dos placas existentes a ambos lados de la puerta se encuentran el escudo de Pío XII y la bula de Bonifacio VIII que convocó el primer jubileo en 1300. En el entablamento del arco sobre la puerta aparece la inscripción: PAVLVS V PONT MAX AÑO XIII. Justo encima de la puerta se encuentra la inscripción: GREGORIVS XIII PONT MAX. Entre estas dos inscripciones se encuentran las placas que recuerdan su reciente apertura.
Esta puerta permanece cerrada y tapada con cemento por su parte interior. Solamente el papa puede abrirla y cerrarla en los Años Santos, permaneciendo todo ese año abierta para el acceso de los fieles que pueden ganar indulgencias. En noviembre de 2015, el muro que la mantenía sellada fue derribado cuidadosamente, extrayendo de su interior un cofre con las llaves de la puerta y otros documentos, como preparativo para el inicio del Jubileo de la Misericordia.
Nave central
El espacio interior está dividido en tres naves separadas por grandes pilares. La nave central mide 187 metros de largo y 45 metros de altura; está cubierta por una gran bóveda de cañón. El suelo de mármol presenta elementos de la antigua basílica, como el disco de pórfido rojo egipcio sobre el que se arrodilló Carlomagno el día de su coronación. La nave presenta una superficie de diez mil metros cuadrados de mosaicos, fruto del trabajo de muchos artistas, principalmente de los siglos XVII y XVIII,
de artistas como  Pietro da Cortona.
En los arcos se encuentran estatuas de las virtudes. En los pilares se abren hornacinas en las que se encuentran las esculturas de 39 santos fundadores.
Entre ellos los pilares de la derecha, están las estatuas de Santa Teresa de Jesús (nº 92 en el plano) entre otras y en los pilares de la izquierda: San Ignacio de Loyola (nº 78 en el plano) o San Francisco de Paula (nº 70 en el plano), entre otras.
En el perímetro de la nave aparece, situado en el entablamento bajo la bóveda, con letras de dos metros de altura la inscripción: "Todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. • Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos".
Nave de la epístola
Es la nave situada a la derecha. La primera capilla aloja la Piedad, (nº 9 en el plano) de Miguel Ángel.  Avanzando por la nave se encuentran las capillas con monumentos funerarios de papas y personajes.
Bajo el altar de la capilla de San Sebastián (nº 13 en el plano),  se conservan, desde su beatificación en 2011, los restos de san Juan Pablo II, tras una losa de mármol.
Y cerca se encuentra el monumento a Matilde de Canossa (nº 16 en el plano), hecho por Gian Lorenzo Bernini.
Monumento de Clemente XIII
de Antonio Canova
La Capilla del Santísimo Sacramento​ (nº 17 en el plano) está protegida por una puerta diseñada por Francesco Borromini. En esta capilla se conserva el Santísimo Sacramento
y a su entrada hay dos monumentos: el de Gregorio XIII (nº 18 en el plano), y el de Gregorio XIV (nº 19 en el plano). A partir de aquí comienza la girola que rodea el espacio alrededor de la cúpula.
También hay que destacar los sepulcros de los papas Urbano VIII (nº 38 en el plano) y Alejandro VII (nº 47 en el plano), ambos piezas clave de la escultura barroca.
Junto al ciborio (baldaquino que preside un altar) de bronce y lapislázuli que preside el altar, hay dos ángeles adoradores, y unas grandes lámparas de aceite ardiendo permanentemente.
Nave del evangelio
Es la nave situada a la izquierda. La primera capilla es la «Capilla del Bautismo» (nº 93 en el plano) decorada con mosaicos. A continuación al igual que en la nave de la epístola se suceden las capillas donde se encuentran los monumentos funerarios que contienen tumbas de papas y personajes.
Monumento de Paulo III
A continuación se encuentra la «Capilla de la Presentación» (nº 87 en el plano) En sus paredes se encuentran los monumentos a Juan XXIII (nº 86 en el plano) y a Benedicto XV (nº 88 en el plano) realizados en el siglo XX.
Por último, se encuentra la Capilla del Coro (nº 81 en el plano), presidida por el Altar de la Inmaculada Concepción (nº 80 en el plano). En el altar se ubican las reliquias de San Francisco y San Antonio. La capilla es gemela a la Capilla del Santísimo Sacramento, situada en el lado de la epístola, por lo que presenta la misma configuración. En el último pilar antes de pasar a la girola se ubican los monumentos a León XI (nº 77 en el plano) y a Inocencio XI (nº 76 en el plano).
Girola
La girola o deambulatorio es el espacio que rodea los cuatro pilares que sostienen la cúpula y es el corazón de la iglesia tal y como la había diseñado Miguel Ángel.
Capilla del Coro
En el pilar que corresponde con la nave de la epístola se encuentra el Altar de san Jerónimo (nº 20 en el plano), con la tumba del papa Juan XXIII. En el espacio entre la Capilla del Sacramento y el crucero acoge la Capilla Gregoriana​ (nº 21 en el plano) cerrada por una bóveda que en el exterior conforma una de las dos cúpulas menores. ​
Una vez cruzado el transepto aparece el Altar de la Navicella (nº 31 en el plano) y, enfrente, el monumento a Clemente XIII (nº 32 en el plano), de Antonio Canova . Seguidamente se encuentran los altares del Arcángel San Miguel (nº 33 en el plano) de Santa Petronila (nº 34 en el plano) y de «San Pedro y la resurrección de Tabitha» (nº 36 en el plano).​ En el muro oeste se encuentra el monumento a Clemente X (nº 35 en el plano) obra de finales del siglo XVII.
En el lado sur de la girola se encuentra, en la columna de la cúpula, un altar presidido por un mosaico que reproduce el célebre cuadro de La Transfiguración (nº 69 en el plano) de Rafael. La capilla adyacente, similar a la Gregoriana, es la «Capilla Clementina» (nº 75 en el plano)  en ella se encuentran los monumentos funerarios de Gregorio Magno (nº 73 en el plano) y de Pío VII (nº 74 en el plano), de Bertel Thorvaldsen, el único artista no católico que trabajó en la basílica. A continuación se ubica el Altar de la Mentira (nº 68 en el plano) adornado con un mosaico del siglo XVIII; frente a este se halla el monumento a Pío VIII​ (nº 67 en el plano), con una puerta que conduce a la Sacristía Mayor de la basílica.​
Monumento de Alejandro VII
de Bernini
Al otro lado del transepto se encuentra el monumento funerario al papa Alejandro VII (nº 47 en el plano) una notable obra de  Bernini que muestra al papa absorto en oración, con la muerte, representada por un esqueleto sosteniendo un reloj de arena, por encima de una puerta que simboliza la entrada a la otra vida. Enfrente, se sitúa el «Altar del Sagrado Corazón de Jesús» (nº 48 en el plano) con mosaicos de 1930. A continuación está la «Capilla de Nuestra Señora del Pilar» (nº 46 en el plano) donde se encuentran los altares dedicados a la Virgen del Pilar (nº 45 en el plano) y a León I el Magno (nº 44 en el plano) con un magnífico retablo barroco de mármol sobre la expulsión de Atila realizado entre 1645-1653. Por último, antes del presbiterio, se encuentra el «Altar de San Pedro curando a un paralítico» (nº 43 en el plano) del siglo XVIII, y la tumba del papa Alejandro VIII (nº 42 en el plano). ​
Órgano
Consola interior
El órgano de la basílica se encuentra entre la girola y el presbiterio y fue construido en 1962. Presenta dos cuerpos que se ubican en los brazos de la girola que parten del presbiterio, respectivamente apodados «Cornu Epistulae» y «Cornu Evangelii». Estos dos cuerpos se corresponden con dos órganos construidos a principios del siglo XX. Se utilizan dos consolas de transmisión eléctrica; una se sitúa entre las butacas del coro cantor durante las celebraciones en el interior, mientras que otra se ubica en la plaza para las celebraciones del exterior.
Transepto
El transepto norte se extiende hacia el palacio Apostólico Vaticano y fue diseñado y construido por Miguel Ángel, que amplió el deambulatorio que habían diseñado sus antecesores, de modo que ganó algunos nichos para altares coronados por grandes ventanas. 
En el transepto norte, existen tres altares dedicados a san Wenceslao (nº 27 en el plano), san Erasmo (nº 29 en el plano) y, en el centro, el de los santos mártires Proceso y Martiniano (nº 28 en el plano). El transepto sur es similar al anterior, encontrándose los altares dedicados a san José​ en el centro (nº 51 en el plano), y los de la Crucifixión de San Pedro (nº 52 en el plano)​ y el de santo Tomás (nº 50 en el plano).
A lo largo del transepto, en los nichos de los pilares, se sitúan esculturas de santos y santas fundadores de congregaciones y órdenes religiosas como San José de Calasanz (nº 30 en el plano), y san Juan de Dios (nº 54 en el plano), san Pedro Nolasco (nº 53 en el plano), san Pablo de la Cruz (nº 58 en el plano)…
En el perímetro del transepto izquierdo aparece, en el entablamento bajo la bóveda con letras de dos metros de altura, una inscripción y por su parte en el transepto derecho se encuentra otra inscripción.
Presbiterio
El presbiterio presenta una estructura similar a la de los extremos del transepto. Está dominado por la Cátedra de San Pedro (nº 39 en el plano) situada en el centro. Es un monumental relicario obra de  Bernini, conteniendo una silla de época paleocristiana que según la tradición era la utilizada por San Pedro; la silla se apoya en las esculturas de los cuatro Padres de la Iglesia. El conjunto aparece iluminado por una vidriera con una paloma, simbolizando el Espíritu Santo.
A la izquierda de la cátedra se encuentra el monumento a Paulo III (nº 40 en el plano) realizado por Della Porta. Por su parte, a la derecha se encuentra la tumba de Urbano VIII (nº 38 en el plano) realizada por Bernini; el monumento está dominado por una estatua del Papa en el acto de bendecir; flanquean el sarcófago figuras alegóricas de la Caridad y la Justicia, y en el centro un esqueleto escribe el epitafio. En las columnas y en los pilares de la cúpula se sitúan esculturas de santos como:
santo Domingo de Guzmán (nº 37 en el plano)  o San Francisco de Asís (nº 41 en el plano).
En el perímetro del presbiterio aparece, también, una inscripción en latín y griego.
Altar Papal
Altar
El Altar Papal (nº 64 en el plano) se encuentra en el crucero, situado bajo la cúpula, y está enmarcado por el monumental baldaquino de San Pedro obra de Gian Lorenzo Bernini, construido entre 1624 y 1633. Realizado en bronce extraído del Panteón, presenta una altura de 30 m. Está sostenido por cuatro columnas salomónicas, a imitación del Templo de Salomón, debiendo a él su nombre. ​ De las primigenias columnas, de unos 3 m. de altura, que se encontraban frente al altar en la antigua iglesia constantiniana, ocho se reutilizaron en la decoración de los pilares de la cúpula de Miguel Ángel (dos en cada pilar, en los balcones sobre las estatuas que miran al baldaquino) y dos en la Capilla del Santísimo Sacramento. De las dos restantes una se perdió y la última se encuentra en el Tesoro de la basílica (en la llamada Sala de la Columna, junto a la Sacristía), y es conocida como colonna degli ossessi («de los poseídos»), pues, siempre según la tradición, es aquella en que Jesús se apoyó al predicar a los doce años, y se creía en la Edad Media que tenía poder para expulsar a los demonios durante los exorcismos.
En el centro, a la sombra del baldaquino, rodeado por el inmenso espacio bajo la cúpula, se encuentra el altar papal, un bloque de mármol blanco en forma de paralelepípedo, y sobre él un crucifijo de bronce y un juego de siete candeleros, en el cual solamente el papa puede celebrar la Eucaristía en ocasiones solemnes. Fue colocado verticalmente sobre la tumba de san Pedro y consagrado el 5 de junio de 1594 por el papa Clemente VIII. Este altar es conocido como «Altar de la Confesión», al estar situado sobre el lugar conocido como «Confessio», la tumba del Apóstol que con su martirio confesó su fe. ​
En los pilares que sustentan la cúpula se presentan cuatro esculturas mirando al altar, encargadas por Urbano VIII, son: San Longinos de Gian Lorenzo Bernini, Santa Elena  de Andrea Bolgi, Santa Verónica  de Francesco Mochi, y San Andrés de François Duquesnoy. 
Sobre cada una de las estatuas existe un balcón cerrado por sendas rejas tras las que se encuentran diversos relicarios: en el de San Longinos se encuentra la reliquia de la Lanza Sagrada; en el de Santa Elena se encuentra parte de la Vera Cruz; en el de Santa Verónica se conserva la tela con el rostro de Cristo impreso; y en el de San Andrés, hermano de San Pedro, se conservaba el cráneo de este apóstol, aunque luego Pablo VI lo regaló a los ortodoxos como gesto de buena voluntad En la parte alta de cada pilar hay cuatro mosaicos que representan a los evangelistas con su respectiva representación iconográfica.
En la parte superior de los pilares que sustentan la cúpula, en el entablamento, respectivamente sobre santa Verónica, santa Elena, san Longinos y san Andrés, se encuentra la inscripción:“Aquí se esparce por el mundo la única y verdadera fe, aquí nace la unidad del sacerdocio”.
Cúpula
La cúpula de la basílica de San Pedro se eleva a una altura total de 136,57 m desde el suelo hasta la parte superior de la cruz externa. Es la cúpula más alta del mundo. Su diámetro interno es de 41,47 m, ligeramente menor que dos de las tres enormes cúpulas que la precedieron: la del Panteón de Agripa, de 43,3 m; y la de la catedral de Florencia, de 44 m. Los arquitectos de San Pedro se basaron en estas dos cúpulas para buscar la manera de construir la que se concibió como la mayor cúpula de la cristiandad. Entre 1547 y 1590 su construcción estuvo a cargo de Miguel Ángel Buonarroti, quien después falleció y ocupó su lugar su discípulo Giacomo Della Porta y Carlo Maderno la remató en 1614.
El perímetro interior de la cúpula presenta la inscripción en latín con letras de 2 m. de altura: Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia. A ti te daré las llaves del reino de los cielos”. 
Y bajo la linterna se encuentra la inscripción:Para la gloria de San Pedro, Sixto V, papa, en el año 1590 y el quinto año de su pontificado”.
La cúpula de la Basílica de San Pedro ha servido de inspiración para otros proyectos posteriores, como la Catedral de San Pablo de Londres y el Capitolio de Washington.
Sacristía
La Sacristía mayor es un edificio externo a la basílica, situado en el lado sur, que se conecta con el templo a través de dos corredores sobre arcos que acceden a la basílica atravesando la tumba de Pío VIII y la Capilla del Coro (nº 81 en el plano).
En 1715 se realizó un concurso para construir una sacristía. El ganador fue un proyecto de Filippo Juvara, cuya maqueta en madera se conserva en los depósitos de la basílica, pero cuyo elevado coste impidió su ejecución.
Sacristía
En 1776, el papa Pío VI encargó a Carlo Marchionni la ejecución del actual edificio, cuya construcción se completó en 1784. La obra concluida fue duramente criticada, hasta tal punto que Marchionni se vio obligado a abandonar la ciudad.
La sacristía presenta planta octogonal y está cubierta por una cúpula. Se encuentra flanqueada por varios edificios, entre los que se encuentran la Sacristía de los canónigos y beneficiarios, la Sala Capitular y el Tesoro.
Grutas vaticanas
Confessio
Las Grutas vaticanas se formaron por la diferencia de cota entre la nueva y la antigua basílica. Tienen forma de iglesia subterránea de tres naves. Se han utilizado como lugar de enterramiento de muchos papas. El acceso se realiza por una escalera doble rodeada por una elegante balaustrada sobre la que se queman 99 lámparas votivas; esta escalera parte desde la parte frontal del Altar Papal. La escalera finaliza ante la 
confessio de San Pedro. Ante el mosaico de Cristo Pantocrátor se encuentra el cofre que guarda los palios. Tras este cofre se encuentran los restos de mármol de la tumba de San Pedro construida por el emperador Constantino. En la parte inferior se encuentra la bola de bronce, llamada «cataracta» o «billicus confessionis», que servía de acceso, desde la construcción de la primera basílica, a la tumba de Pedro.
En las grutas vaticanas también podemos encontrar las tumbas de algunos papas que lo eligieron como lugar de enterramiento, entre ellos Benedicto XVI (Joseph Alois Ratzinger, fallecido en diciembre de 2022)
Arciprestes de la basílica
El arcipreste de la basílica de San Pedro es el jefe ejecutivo del culto y el cuidado pastoral de la basílica, y siempre es un cardenal. Algunos de los arciprestes más destacados de la basílica fueron los que más tarde llegarían a ser  papas.
 
En la actualidad ocupa el cargo el cardenal Mauro Gambetti, desde el 22 de febrero de 2021.
Curiosidades
  • Está diseñada con tal grado de perspectiva que, salvo que tengamos la referencia de alguna persona que se encuentre cerca, no tendremos una idea adecuada del tamaño de alguna de las estatuas que hay en su interior. Por poner un ejemplo, en los medallones de las pilastras que sujetan la cúpula, hay unos mosaicos con los cuatro evangelistas, bien, pues la pluma de San Marcos mide 1,5 m. 
  • Tumba de María Sobieska
    Las líneas de bronce (31 placas) que se ven en el suelo de la nave central desde su comienzo  indican las longitudes de otras grandes iglesias del mundo (se puede leer el nombre y la longitud de cada una de ellas en las líneas) en comparación con la basílica vaticana y al mismo tiempo, también nos permite apreciar la inmensa escala del templo
  • La Pietá
    Justo a la derecha de la entrada (en la llamada Nave de la Epístola), en una capilla, no podemos perdernos la Pietá de Miguel Ángel. Esta escultura, realizada por el maestro florentino cuando solo tenía 24 años, es la única firmada por él (la firma se encuentra en la banda que cubre el pecho de la Virgen). Se encuentra detrás de un cristal de seguridad debido a un acto vandálico que le destrozó la nariz, parte de la cara, el brazo izquierdo y el codo.
  • Señal de S, Pablo de Londres
    Justo en la capilla del otro lado de la nave (la de la izquierda o Nave del Evangelio) contiene otra talla se trata de la tumba de María Sobieska, esposa de Jacobo Estuardo. Ella y la reina Cristina de Suecia son las dos únicas mujeres enterradas en San Pedro (la tumba de la reina Cristina está en la capilla del ala de la derecha, junto a la Pietá).
  • En la nave central cerca del Baldaquino de Bernini, nos encontraremos con una pequeña estatua en bronce de San Pedro (nº 71 en el plano) perteneciente a la primera basílica y donde se suelen formar colas para besarle el pie, que está bastante desgastado por esta costumbre.