martes, 17 de febrero de 2026

Una semana en Roma. Segundo día. Parte II. El Foro

 

A partir de aquí  os iré describiendo aquellos monumentos que más me llamaron la atención, de la mayoría de ellos, solamente se conservan pequeños restos, por lo que no es mucho lo que físicamente se puede admirar, pero, lo que significaron, en todos los sentidos, social, político, religioso…, para mí, todavía está presente en esos restos y es precisamente eso, lo que me ha llevado a intentar trasmitíos a través del blog esa admiración.
Recreación
Empezaremos por el principio, esto es, el lugar en el que se encuentran la mayoría  de ellos, es decir os hablaré la Vía Sacra. Solo decíos que caminar por la Vía Sacra es como caminar por la Quinta Avenida de Manhattan y no poder dejar de contemplar y admirar todo lo que allí existe.
Vía Sacra
La Via Sacra fué la calzada principal de la Antigua Roma que atravesaba todo el Foro Romano desde  la parte superior de la colina del Capitolio hasta El Coliseo o Anfiteatro Flavio, pasando por el Arco de Tito y es precisamente éste el que nos va a servir de referencia. Ya que una vez que nos encontramos en los alrededores del arco de Tito, podremos comprobar que estamos en un altozano, entre las colinas del Celio y el Palatino, hacia la espalda bajaríamos hacia el Anfiteatro Flavio (o Coliseo) y hacia el frente se nos abre la vía sacra y todo el foro romano antiguo que llega hasta la colina del Capitolio. Por lo tanto va a ser el Arco de Tito quien, digamos, preside la entrada de la vía sacra en el foro. 
Vía Sacra desde el
Capitoliono
Hay mucho debate sobre el verdadero trayecto de su recorrido, así como sobre el origen de su nombre. El apelativo de Vía Sacra puede referirse a varios aspectos.
Lo que es incuestionable es que la calle tuvo siempre un importante papel ceremonial para la investidura del poder de la ciudad. La calzada formaba parte de la ruta tradicional de las ceremonias sagradas, así como de la celebración de los triunfos romanos que comenzaban en las afueras de la ciudad y seguían a través del Foro Romano.
En ella también, en sus basílicas, en sus templos, se reunían multitud de personas para charlar, cerrar negocios u obtener justicia.
Esta calle proporcionó un escenario para muchos hechos importantes en la historia de Roma.
Y aquí como en todo lo que se vive alrededor de Roma la leyenda tiene su teoría y nos dice que la calzada asumió su epíteto de Sacra porque aquí Rómulo y Tito Tacio santificaron el pacto tras el rapto de las Sabinas con sacrificios a los dioses.
Todo ello, junto con el estudio de los restos arqueológicos contribuye a afirmar que su origen, muy antiguo, podría remontarse a la fundación de Roma. Y es que en su trazado parece discernirse el trazado de un decumanus (este-oeste) que junto con el cardo (norte-sur) son los ejes tradicionales de toda fundación de cualquier ciudad romana.
La calle a partir del siglo V a.C. contó con estructuras, desagües y alcantarillado que la protegían de la lluvia, incluso fue pavimentada y durante el reinado de Nerón fue alineada con columnatas.
Y a lo largo de su recorrido se encuentran algunos de los mayores y más importantes edificios y monumentos del Foro.
Arco de Tito
El primero con el que nos cruzamos fue con el Arco de Tito,
sobre la Vía Sacra, y dominando el valle del Foro se alza este arco de triunfo, simplemente impresionante. El triunfo,  para los romanos, era más que una victoria era un camino, un desfile, un pasar recibiendo el reconocimiento y la ovación de todo tu pueblo.
El arco fue construido poco después de la muerte de Tito, para homenajear su victoria en Judea, que daría a Roma el dominio de la provincia y un enorme botín. Con el cual, entre otras cosas, pudo afrontarse la construcción del Coliseo, inaugurado por el propio Tito. Su arco es uno de los monumentos más impresionantes del foro. Un testigo vivo de la gloria y poder del imperio romano.
Tras la muerte de Tito, en septiembre del año 81 d.C. su hermano Domiciano, a petición del senado y del pueblo, construyó un arco de triunfo en memoria de su predecesor y su  triunfo en Judea: el Arco de Tito.
Así lo indican sus inscripciones y su decoración, que aun casi dos milenios después puede apreciarse en gran parte. Sobre todo en el interior de la bóveda del arco, donde relieves escenifican momentos de la guerra contra los judíos, el saqueo del templo y el triunfo de Tito. Es muy llamativa una escena donde las tropas romanas cargan el Menorà, la lámpara de siete brazos. O el relieve en el lateral de una cuadriga dirigida por la misma diosa Victoria.
El Arco de Tito pasó a formar parte de la Via Sacra, y en cada victoria, los futuros emperadores lo atravesarían en su entrada triunfal a Roma.
El arco también ha proporcionado el modelo general para muchos arcos triunfales  y es el que inspiró el Arco de Triunfo en París.
El arco, recubierto por mármol de Pentélico,  está compuesto por un solo arco. Las medidas  son: 15,4 m de alto, 13,5 m de ancho y 4,75 m de profundidad. El arco interior tiene 8,3 metros de altura, y 5,36 de ancho. 
Cada fachada está ornamentada por dos pares de columnas adosadas en los dos pilares del arco. Sus fustes están estriados y sus capiteles pertenecen al orden compuesto con sus volutas y hojas de acanto. Las columnas se colocan sobre los pedestales cuadrados y enmarcan pequeños nichos rectangulares tallados en los pilares. Las columnas no acanaladas son el resultado de una restauración del siglo XIX.
La parte superior, el ático, tiene 4,40 m de alto. Sobre este ático se encuentra la inscripción grabada que se conserva solamente en el lado oriental. La cumbre del arco estaba adornada por un grupo estatuario en bronce con una cuadriga tirada por elefantes en la que se encontraba el emperador deificado. La inscripción que figura en la cara oriental está realizada en mayúsculas cuadradas y dice: “El senado y el pueblo romano [lo dedican] al divino Tito Vespasiano Augusto, hijo del divino Vespasiano”. Las  inscripciones principales solía estar adornada por letras hechas quizás de plata, oro o algún otro metal.
El lado opuesto del arco recibió nuevas inscripciones después de que fue restaurado durante el pontificado del Papa Pío VII  en 1821. La restauración se hizo intencionadamente en travertino para diferenciar la construcción original de las partes restauradas.
La inscripción pontificia dice: “(Este) monumento, emblema de la religión y del arte, se había debilitado por su antigüedad: Pío VII, sumo pontífice, ordenó que se reforzara y preservara imitando el modelo del antiguo ejemplar en el año 24 de su sagrado mandato”.
El arco se apoya en un podio sobre el que se encuentra el cuerpo formado por una bóveda de cañón.  Los relieves se concentran en las enjutas superiores de la izquierda y la derecha del arco, donde aparecen las Victorias como mujeres aladas, que se dirigen a la clave, que destaca sobre el resto del arco. Entre las enjutas está la clave, en la que se alza una mujer, Virtus, la deidad romana que personificaba la valentía, el coraje militar, la excelencia y la fuerza moral, en el lado este y una figura masculina, Honos, el dios romano que personificaba el honor, la justicia y la virtud militar, y a menudo asociado con la valentía (Virtus), en el occidental.
Los relieves del Arco  rememoran las victorias de Tito contra los judíos y las figuras que lo adornan se mueven entre lo real y lo divino.
En una de las escenas representadas aparece un personaje con yelmo (la diosa Roma); en otra escena aparece una "victoria", que es una figura femenina con alas que coloca la corona de laureles al emperador.
El entablamento está formado por un arquitrabe a tres bandas, un friso adornado por un largo altorrelieve que representa una procesión triunfal de las legiones romanas en Jerusalén, que debió rodear todo el arco pero de la que solo queda la sección del lado oriental.​ Y una cornisa sostiene el ático.
En el extremo izquierdo de la sección conservada, una figura alargada sobre una camilla llevada por tres hombres ha sido identificada como una personificación del río Jordán El resto del cortejo se compone de diversas personalidades civiles y militares y de animales que se llevan al sacrificio.
Interior del arco
El intradós está decorado con casetones y a ambos lados hay relieves que conmemoran el triunfo conjunto celebrado por Tito y su padre Vespasiano en el verano del 71. Son dos relieves grandes y rectangulares que ocupan casi toda la profundidad de los pilares. Y representan dos escenas que se desarrollaron durante el triunfo celebrado en Roma por Tito por sus victorias en Judea.
Sobre el pilar meridional, el bajorrelieve muestra los despojos tomados del Tabernáculo del Segundo templo de Jerusalén antes de su destrucción. Los soldados portan un candelabro de siete brazos, la Menorá, dorado, que se convierte en el centro de atención y está tallado en un relieve profundo. Otros objetos sagrados que se llevan en la procesión triunfal son las Trompetas de Oro, las cacerolas de fuego para la eliminación de la ceniza del altar, y la Mesa del Pan de la proposición. Esta última era una mesa de madera recubierta de oro donde se colocaban doce panes santos remplazados cada siete días y que solo los sacerdotes podían comer. Los portadores del botín pasaban bajo un arco representado en el extremo de la derecha del relieve, rematado por una doble cuadriga. Estos elementos probablemente eran originariamente coloreados en dorado, con el fondo en azul.
Relieve interior
Sobre el bajorrelieve del pilar norte figura Tito como triunfador coronado de laureles por una Victoria alada, conduciendo una cuadriga y acompañado por otra Victoria alada,
una amazona con yelmo, alegoría del Valor. Sirven a Tito varios genii y lictores, que portan fasces.
Menorá
En el centro de la bóveda se encuentra la ilustración de la apoteosis de Tito que muestra al emperador deificado sobre una enorme águila
]​ símbolo de Júpiter y Roma. La imagen ilustra el momento en el que el alma del emperador ascendía al cielo desde su pira funeraria transportado por el águila que ascendía desde las llamas, y que representaba el milagro de la apoteosis de Tito en el centro.
Las esculturas de las caras exteriores de los dos grandes pilares se perdieron cuando el Arco de Tito fue incorporado a murallas defensivas medievales.
La Menorá de siete brazos y las trompetas están representadas con gran claridad y se convirtieron en símbolo de la diáspora judía. Hasta que el moderno Estado de Israel fue fundado en 1948, los judíos rehusaron caminar bajo él debido a una prohibición rabínica y en concreto la Menorá del Arco de Tito sirvió como modelo para la Menorá usada en el emblema,  no en la bandera, del estado de Israel.
El Palatino
A la izquierda del arco de Tito iniciamos el camino que nos conduciría al monte Palatino la más céntrica de las siete colinas de Roma, y la de menor elevación: apenas 50 m2​ sobre el Foro Romano, quedando entre éste y el Circo Máximo.
El Palatino es una de las zonas más antiguas de Roma donde actualmente se encuentran las ruinas de los templos y de los palacios de los emperadores romanos que vivían ahí. A pesar que hoy en día tan solo quedan algunas partes de las antiguas estructuras, a través de ellas podemos apreciar e imaginarnos el estilo de vida que tenían en ese entonces.
Es una de las áreas más antiguas de Roma y según la leyenda, era el lugar donde estaba la cueva, conocida como el Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo y que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó, también donde Rómulo fundó Roma, y donde fijó su morada.
Los reyes de Roma tenían su residencia en el Palatino, que fue completamente rodeado por las murallas de Servio Tulio (578 a. C.-534 a. C.). Durante la República romana, el Palatino estaba habitado por todas las clases sociales. En los últimos siglos de la República, el Palatino fue progresivamente ocupado por las clases más acomodadas, y albergó las mansiones y villas de los patricios y équites más influyentes.
Plano del Estadio Platino
El emperador Augusto,  que había nacido en una villa situada en la ladera noreste, comenzó la transformación del Palatino en residencia exclusiva de los emperadores romanos en 32 a. C. con la llamada Domus Augusti  emplazada junto a la Casa Romuli, supuesta vivienda original de Rómulo, el fundador de Roma. Para afianzar esto construyó varios templos, expandió la vivienda original y adquirió  todas las residencias privadas del Palatino, convirtiendo la colina original en la residencia y sede de la familia imperial. 
Esta villa es hoy en día conocida como Casa de Livia, pues fue allí donde se retiraría a vivir su viuda Livia Drusila tras de la muerte de Augusto en 14 d. C. No se conservan restos de esta residencia inicial, puesto que fue demolida por Nerón y Domiciano para expandir la llamada Domus Augustana (no relacionada con Octavio Augusto) y la Domus Flavia.
Durante el Principado, fue la residencia oficial de los primeros emperadores de Roma por lo cual pronto se convirtió exclusivamente en la sede imperial. De hecho, el origen etimológico de la palabra ‘palacio’ en español y otros idiomas (palazzo en italiano, palace en inglés, palais en francés, "palast" en alemán) proviene a través del latín ("palatium") del nombre de esta colina.
Lo más resaltable de toda la zona son la Domus Augustana nombre que recibe la parte residencial del palacio de Domiciano. Su nombre no está directamente relacionado con el emperador Augusto sino que probablemente hace referencia al significado romano posterior de Augusto como "emperador".

Su sucesor, el emperador Tiberio, prefirió trasladar su residencia cerca de la villa que había sido de su padre e hizo construir el llamado Palacio de Tiberio, origen de la Domus Tiberiana, que miraba al Foro.  Como Tiberio pasaba largas temporadas en sus residencias fuera de Roma, el Palacio de Tiberio pronto comenzó a ser empleado principalmente como sede de la burocracia imperial y de los archivos de la administración del emperador. 
Los restos de la Domus Tiberiana ocupan un área de aproximadamente 150 metros por 120 metros, y está ocupada por la plataforma de los Jardines Farnesio, que fueron edificados en 1550 por orden del cardenal Alejandro Farnesio. Los únicos restos visibles del complejo son los de las imponentes estructuras de soporte porticadas en la ladera norte de la colina. En el nivel del foro se encuentran las ruinas de un complejo de vestíbulos, iniciado por Domiciano y completado por Adriano, detrás del Templo de Cástor y Pólux. Desde aquí había una rampa de acceso que subía por la ladera de la colina hasta la Domus Tiberiana en la cima.
Los sucesivos emperadores realizaron numerosas construcciones y reformas en la zona, añadiendo estancias y modificando otras de las que hoy en día tan solo quedan los restos de los suelos y muros.
El Palatino siguió siendo habitado por los emperadores de Roma durante el siglo III. Sin embargo, a partir del reinado de Diocleciano los emperadores de Roma empezaron a preferir establecer su corte en ciudades secundarias, y el Palatino, aunque todavía nominalmente era la residencia oficial del emperador, dejó de ser ocupado, con la excepción de la  Domus Augustana, donde los emperadores mantuvieron una residencia para sus estancias en Roma.
Con la caída del Imperio en el 476 comenzó el declive del Palatino como zona de residencia imperial   hasta su abandono completo a raíz de la interrupción del suministro de agua al Palatino tras la destrucción parcial del acueducto del Aqua Claudia (que abastecía al Palatino) durante el sitio de Roma en 537-538.
Domus de Augusto

Algunas de las estructuras imperiales fueron recicladas como lugares de culto como la basílica de San Anastasio, la iglesia de Santa Lucía in Septisolio o  la capilla de San Sebastián, incluso se construyó un monasterio llamado de Santa María in Pallara. Pero a partir del siglo X el Palatino fue abandonado por completp hasta el Renacimiento, siglo XV, cuando la colina comenzó a ser empleada por la aristocracia, las grandes familias: los Barberini, los Ronconi o los Magnani, como zona de esparcimiento. Se plantaron viñas y jardines en las ruinas. El cardenal Alejandro Farnesio hizo allanar los restos de la Domus Tiberiana, sobre los cuales ordenó plantar los grandes jardines Farnesio, aún situados en ese lugar. Tras los jardines de los Farnese, se extiende hacia el oeste la parte más antigua de la Colina que nos hará llegar hasta los mismos orígenes de la ciudad: la zona de la gruta Lupercal, el templo de la Magna Mater, Cibeles, la cabaña de Rómulo, la casa de Livia.
Domus Flavia
Además a lo largo de los años
 se produjo el desmantelamiento y el saqueo de los mármoles de la Domus Augustana y los restos de la Domus Severiana.Las excavaciones científicas comenzaron en el siglo XIX, y continúan  hasta hoy en día, con el Palatino convertido en 
un museo al aire libre.
Una vez visitada la zona, nos reincorporamos a la Vía Sacra y nos fuimos a visitar la Basílica de Majencio.

Basílica de Majencio
La Basílica de Majencio o de  Constantino y a veces también conocida como  o Basílica Nova. Fue comenzada por el emperador romano Majencio a principios del siglo IV y terminada por  Constantino I, vencedor de Majencio. Este monumento es el último y más grande edificio de la época imperial construido en esta parte de Roma. Es probablemente, en volumen, la sala más grande construida en la Antigüedad.
Esta basílica civil no forma parte del Foro Romano en sentido estricto, pese a que actualmente se encuentra en la zona arqueológica que lo incluye, esta basílica civil fue construida junto a la vía Sacra, entre el Foro Romano propiamente dicho y el templo de Venus y Roma, construido por Adriano sobre los restos del Domus Aurea de Nerón.y cerca del Coliseo.
La basílica romana deriva de las construcciones levantadas como tribunales regios por las cortes helenísticas, lo que quiere decir que originariamente no fue en modo alguno un edificio con función religiosa, como lo será a partir del periodo paleocristiano.
En la Antigua Roma, la basílica era uno de los edificios romanos más importantes. Su función era múltiple, sirviendo como bolsas de comercio, sala de reuniones, de administración, y también frecuentemente como salas de tribunales de justicia. Contribuía a ello su particular estructura espacial, caracterizada por su amplitud (que sobre todo en la nave central formaba un gran salón), y por la división en naves o pasillos, que posibilitaba la multifuncionalidad simultánea del edificio.
La función predominante de esta basílica en concreto fue albergar la actividad judicial. Bajo Constantino y sus sucesores, este tipo de edificio fue elegido como base para el diseño de grandes lugares de culto cristiano, porque su estructura no tenía connotaciones paganas y permitía reunir amplias congregaciones. Es por eso que el término basílica acabó convirtiéndose en sinónimo de una gran iglesia o catedral.
La construcción comenzó bajo el emperador Majencio, pero no fue terminada hasta después de que Constantino derrotara a Majencio en la batalla del puente Milvio. Constantino no sólo terminó la edificación, sino que también la modificó. El edificio se erigió cerca del templo de Venus y Roma, cuya reconstrucción fue una de las intervenciones urbanísticas de Majencio.
Todo lo que queda hoy de la basílica es la nave septentrional con sus tres bóvedas de cañón hechas en hormigón. El resto ha sido destruido con posteridad debido, sobre todo, a terremotos. La única columna que sobrevivió, la llevó el papa Paulo V a la plaza de Santa María la Mayor en 1613, para erigir la columna de la Paz, donde se encuentra aún hoy en día.
Su estructura ha sido admirada por grandes arquitectos y copiada para la nave de la basílica de San Pedro del Vaticano y en los siglos XIX y XX, inspiró la arquitectura de numerosas estaciones, en Europa y en los Estados Unidos.
El edificio tiene planta basilical, rectangular, elevada sobre una plataforma rectangular de hormigón, con unas dimensiones de 100 metros de largo por 65 metros de ancho. Está dividida en tres naves, siguiendo la orientación este-oeste. Su forma y su planta fueron copiadas en la era cristiana para construir las primeras iglesias, que se construyeron con planta rectangular de tres naves.
La nave central era más larga y más alta, con 80 por 25 m, que las laterales. Estaba cubierta por tres enormes bóvedas de arista en opus caementicium, o hormigón romano que es un material de construcción, compuesto por una mezcla de mortero (cal y puzolana) y piedras (caementa). Estaban suspendidas a 35-39 metros sobre el suelo y apoyadas, cada una, sobre cuatro grandes pilares de mármol blanco de 14,5 metros de alto, cada una adosada a su terminación. Se levantó un entablamento de mármol, de lo que quedan sólo restos de los bloques parcialmente insertos en los muros.
Las naves laterales medían 16 metros de ancho por 24,5 m de alto y estaban divididas a su vez, en tres secciones, comunicadas entre sí y también hacia la nave central. Sus tres secciones están separadas y articuladas por ocho columnas monolíticas de mármol, de 14,5 metros de altura y 5,4 metros de circunferencia las más grandes de la antigua Roma. Las naves estaban cubiertas por tres bóvedas de cañones semicirculares, transversales al eje axial del edificio, es decir, perpendiculares a la nave central y sirviendo,  en realidad,  de contrarresto al empuje de las bóvedas centrales.
Las bóvedas de estas naves laterales estaban aligeradas ,ediamte casetones octogonales, aún visibles en la parte que sobrevive, que es la nave lateral septentrional.
El eje longitudinal de la nave central se subrayaba por medio de un ábside que remataba el muro occidental, mientras que la entrada principal del proyecto se encontraba en el lado este de cara al Coliseo, y era un nártex columnado que estaba precedida por una escalinata.
El ingreso daba acceso a un vestíbulo de 8 metros de profundidad que bordeaba toda esta fachada oriental. En esta sala cinco entradas permitían el acceso a la basílica: tres a la nave central y una en cada una de las laterales.
Esta entrada, nártex, sobre el lado corto y el ábside en el lado opuesto, son dos elementos que cobrarán carta de naturaleza, convirtiéndose en dos partes consustanciales a la disposición que fue luego típica de las primeras basílicas cristianas.
En el ábside que estaba precedido por dos columnas se colocó una estatua colosal, acrolito construido parte en mármol, las extremidades, y parte en madera y bronce dorado de 12 m de alto, el cuerpo. La estatua representaba a Majencio y luego fue reformada con los rasgos de Constantino I. Algunas partes marmóreas que sobreviven fueron descubiertas en el año 1487 y se encuentran ahora en el patio del palacio de los Conservadores en el Campidoglio, en los Museos Capitolinos. Sólo la cabeza medía 2,60 m. y el pie 2 m.
Tras su victoria sobre Majencio, Constantino I encontró la basílica inacabada, y decidió reemprender la obra, pero modificando el proyecto inicial. Creó un nuevo eje norte-sur. Por el lado norte, construyó un segundo ábside, tan grande como el primero, con 15 metros de ancho. Estaba cubierto por una bóveda de horno y en las paredes había nichos que albergaban estatuas sobre dos órdenes. Los nichos estaban encuadrados por edículos constituidos por pequeñas columnas que se apoyaban en ménsulas que salían de la pared. Sobre el fondo del ábside estaba realizado un podio en mampostería destinado a albergar el tribunal de los jueces.
Y en el lado sur, el que daba a la vía Sacra, abrió una segunda entrada. Esta entrada meridional fue descubierta durante las excavaciones del siglo XIX. Está constituida por un porche saliente (próstilo) con cuatro columnas (tetrástilo), con fustes en pórfido. Se accedía a esta entrada por una escalinata, construida para superar el desnivel.
El color del edificio antes de quedar destruido era blanco. El edificio estaba dotado también por numerosos enlaces verticales: en el interior estaba inserta una escalera de caracol, de la que hoy quedan cinco peldaños; otra debía encontrarse en el opuesto ángulo sudoriental.
Los materiales utilizados para la edificación de esta basílica fueron el hormigón, el ladrillo y el mármol.
El gran grosor de sus muros, de hasta 6 metros, y la enorme envergadura del edificio hicieron que fuera, en aquel momento, la estructura más grande construida y uno de los monumentos más destacados de Roma.
En lugar de tener columnas que soportaran el tejado, todo el edificio fue construido usando arcos.
Las bóvedas de arista que cubrían la nave central repartían el peso puntualmente a sendos contrafuertes. El espacio entre estos contrafuertes se aprovechó cubriéndose con bóvedas de cañón y acotándose con un muro sin función portante. De esta forma las fuerzas laterales que generaban las bóvedas de arista eran soportadas por las naves laterales. Por lo que  la estructura de la basílica de Majencio es muraria es decir, los muros son los que soportan el peso de la estructura, y las grandes columnas de mármol tienen una función estrictamente decorativa, la prueba es que han caído, y aún se conservan las ménsulas, o parte de ellas.
Como los muros contrafuertes estaban sobredimensionados, se practicaron en ellos huecos y puertas que permitían el paso por las naves laterales mientras la nave central estaba ocupada en otras actividades.
Por otra parte, los contrafuertes eran tan sumamente grandes que sobresalían por encima de las naves laterales, sirviendo así de refuerzo a la parte alta de la nave central, más alta que las laterales. Para aligerar esta parte de los contrafuertes, el arquitecto perforó su grosor por medio de un arco de servicio, dando como resultado un antecedente del arbotante medieval.
Otra particularidad es el tejado de la estructura, se construyó con un techo con casetones, disminuyendo el peso general de la estructura y minimizando las fuerzas horizontales ejercidas sobre los arcos exteriores. La iluminación, generosa y rutilante, procedía de las ventanas de las naves laterales, y de las ventanas semicirculares abiertas en la nave central, de mayor altura que las laterales.
Reconstrucción ideal de la basílica
de Majencio
Al interior, la Basílica destacaba no sólo por la grandiosidad de sus dimensiones, ya comentadas, sino por su magnificencia oriental, con las bóvedas decoradas a base de casetones hexagonales y octogonales, que además de tener esa misión de reducir el peso de las bóvedas de cañón cumplían una finalidad decorativa, con revestimientos con placas de mármol y estuco.
En su interior, había estatuas. Una de ellas, ya mencionada, es la estatua colosal de Constantino en el ábside de la testera. Constantino también hizo que se pusieran inmensos mosaicos en mármoles polícromos. Finalmente, el tejado estaba cubierto con tejas de bronce doradas.
En la actualidad sólo se conserva una parte de la Basílica de Majencio, concretamente una de las naves laterales, la del ala norte, que conserva sus tres tramos cubiertos con bóvedas de cañón transversales y el ábside abierto por Constantino, sobresaliendo en lo alto restos de los grandes contrafuertes de apoyo. Proporcionalmente se trata por tanto de una pequeña porción de lo que fue el enorme edificio, pero aun así basta y sobra para asombrarse de la escala arquitectónica y la grandiosa monumentalidad de esta obra única.

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